Redacción Exposición Mediática.- Con “Notre-Dame”, Morrissey no introduce un sencillo en el circuito digital: introduce una pregunta. El tema, publicado este 6 de febrero como adelanto de Make-Up Is A Lie (previsto para marzo), se inscribe en una línea creativa donde la canción funciona menos como objeto de consumo inmediato y más como artefacto discursivo.
Desde lo musical, “Notre-Dame” se apoya en una estructura synth-pop contenida, de tempo medio, casi ceremoniosa. No hay estridencia ni gestos grandilocuentes. La producción —cofirmada creativamente con Alain Whyte— privilegia la atmósfera sobre el impacto, permitiendo que la voz y el texto operen como eje narrativo. Es un sonido deliberadamente sobrio, coherente con un artista que parece cada vez menos interesado en seducir y más en insistir.
La referencia a la catedral parisina no actúa como metáfora ornamental. El incendio de 2019 aparece aquí como símbolo de una fractura mayor: la tensión entre relato oficial, memoria pública y desconfianza contemporánea. En versiones previas interpretadas en vivo, Morrissey había incluido una línea que aludía explícitamente al “terrorismo”; en la grabación definitiva, esa palabra desaparece. El gesto no suaviza el mensaje: lo vuelve más ambiguo, más incómodo y, por ello mismo, más eficaz.
Como ocurre en buena parte de su obra solista, Morrissey no formula una denuncia directa ni articula una tesis cerrada. Prefiere la insinuación, el escepticismo, la incompletud. “Notre-Dame” no acusa: cuestiona. No explica: deja un vacío. Esa operación —frecuentemente malinterpretada como provocación gratuita— responde en realidad a una poética sostenida durante décadas.
El tema formará parte de Make-Up Is A Lie, álbum producido por Joe Chiccarelli y concebido como el primer trabajo de estudio del artista en varios años. Más allá del calendario discográfico, el lanzamiento confirma algo ya evidente: Morrissey continúa escribiendo desde un lugar incómodo para la industria, para el consenso cultural y, en ocasiones, incluso para su propio público.
En un ecosistema musical cada vez más orientado a la neutralidad algorítmica, “Notre-Dame” insiste en otra lógica: la de la fricción. Y esa insistencia —más que la canción en sí— es lo que mantiene a Morrissey como una figura relevante, discutida y persistentemente problemática.
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