Por Elías Wessin Chávez

Para entender la Historia según sus “Comandantes”.

En República Dominicana tenemos historia, y luego tenemos la Historia Patria, esa primera versión corregida, aumentada y fabulosa que desde 1961 hacia acá compite sin pudor con Las Mil y Una Noches.

Aquí no hay mitos griegos, los nuestros son más creativos. Son mitología política criolla, hecha con la mano derecha sobre el corazón y la mano izquierda buscando la subvención.

Uno de los capítulos más entretenidos es el de los “comandantes constitucionalistas”, un gremio tan prolífico que si todos sus miembros hubieran sido realmente militares, hoy tendríamos más comandantes que soldados, más grados que cuarteles y más medallas que balas.

Porque, seamos honestos:
ninguno era soldado, pero todos se “ascendían y todavía aparecen los que se ascienden” a sí mismos. En la «meritocracia histórica dominicana», usted no sube de rango, usted se lo pone.

La izquierda dominicana (esa que aún vive nostálgica de un Caribe que nunca fue) ha perfeccionado un modelo de negocio excepcional, la narrativa épica de sí mismos.

Narrativa que, dicho sea, ha financiado buenas vidas, viajes a seminarios europeos, universidades boutique y un reconocimiento público cuidadosamente empaquetado para parecer heroico, aunque huela a propaganda.

Y atención, porque para entrar en algunas de estas “fundaciones patrióticas” no basta con tener opinión política, hay que llevar certificado de «pureza hemática».

Sí, auscultan la sangre como si fueran un club de élite: _¿Usted desciende de «mártires»?_ Bueno, mi tío una vez protestó en la Duarte con París, _Lo sentimos, aquí solo aceptamos linaje de «héroes oficiales»._

Y si usted rechista, lo miran como si fuera hereje ante el Santo Oficio de la Revolución.

Porque así son, petulantes por vocación, dogmáticos por convicción.
Y lo más pintoresco, la épica que cuentan olvida convenientemente que muchos de esos “héroes constitucionales” tenían como proyecto estrella invitar a Fidel Castro al patio dominicano.

Un pequeño detalle que rara vez aparece en los paneles académicos ni en los documentales financiados por sus ONGs.

Pero claro, llegó la Realpolitik y les dio en la cara. Porque en plena Guerra Fría (cuando Washington estaba con los nervios de punta y Moscú jugaba ajedrez con la mitad del planeta), pretender otro bastión socialista en el Caribe era como pedirle a un incendio que se apague con gasolina.

La geopolítica no es romántica, y mucho menos poética,
simplemente no iban a dejar que Fidel montara sucursales.

Así que ahí quedaron, la mitad soñando utopías, la otra mitad escribiendo memorias que venden a los incautos más que sus propias revoluciones.

Y así seguimos, 60 años después, atrapados entre la historia real y esa historia mitológica que se cuenta en voz solemne, con aire de ópera, versión “Haciendo patria”, aunque la verdadera Patria a veces no recuerde nada de eso.

El autor es abogado, político y teólogo dominicano. Es presidente del Partido Quisqueyano Demócrata Cristiano y diputado al Congreso Nacional actualmente, posición que además ostentó previamente en los periodos 1986-1990 y 1998-2002. 

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