Por Antonio Corcino

Desde que se publicó el libro Turismo de terror. Diez antiviajes en América, del periodista y economista británico Andy Robinson, en el 2025 ha venido generando inquietudes por sus consideraciones a partir de un marco teórico, donde describe los destinos en cuestión, desde sus observaciones directas, analiza el contexto económico-social, seguido de una crítica estructural y de una reflexión ética. Con este ensayo periodístico se consolida como uno de los más provocadores sobre la industria turística contemporánea. Lejos de ser una guía de viajes, la obra se presenta como un análisis crítico del turismo masivo en Estados Unidos y América Latina, sustentado en inspección visual, contexto económico-social y una reflexión ética de fondo.

En ese espíritu, el periodista no puedo decirse que niega el turismo como actividad humana ni su impacto económico. Lo que cuestiona es su modelo dominante: un sistema industrial globalizado que, bajo lógica corporativa, tiende a concentrar beneficios, precarizar empleo y transformar territorios en mercancía. Su tesis central es clara: el turismo masivo ha dejado de ser únicamente una experiencia cultural para convertirse en una industria extractiva.

Diez “antiviajes” como método de análisis

Esta obra está estructurada en diez crónicas o “antiviajes”, precedidas por una introducción y cerradas con una reflexión final. Cada capítulo funciona como estudio de caso: Caribe mexicano, Cartagena de Indias, Patagonia, Las Vegas, grandes aeropuertos y parques temáticos, entre otros escenarios.

Por ejemplo, en el Caribe mexicano, Robinson describe resorts todo incluido como enclaves cerrados que aíslan al visitante de la realidad local, mostrando concentración corporativa y empleo precario. En ese sentido, toma a Cartagena de Indias para analizar la gentrificación y el desplazamiento de residentes del centro histórico. En cambio, en el caso de Bariloche expone cómo el paisaje natural se convierte en marca comercial global. En Las Vegas retrata el turismo como espectáculo permanente y simulacro de experiencias.

El denominador común es la mercantilización del territorio y la homogeneización cultural.

Desmitificación del paraíso turístico

El autor desmonta la narrativa idílica del turismo de sol y playa. Documenta explotación laboral en resorts de lujo en Cancún, desplazamiento de comunidades en ciudades patrimonializadas y la lógica de hiperconsumo en mega-aeropuertos y parques temáticos. Mediante su enfoque plantea tres ejes centrales: Concentración de capital en grandes corporaciones, impacto social y ambiental sobre comunidades locales y pérdida de autenticidad y soberanía territorial.

El paraíso turístico, bajo esta mirada, se convierte en escenario de desigualdad estructural.

Turismo como neocolonialismo económico

Robinson sugiere que algunos destinos operan como economías dependientes del visitante extranjero, reproduciendo lógicas centro-periferia. El capital global organiza la experiencia turística y condiciona la gobernanza local.

Además, introduce un elemento incómodo: el turista no es inocente. Cada decisión de viaje sostiene o cuestiona el modelo dominante. El consumo se convierte en acto político.

Aportes y límites

Entre los principales aportes del libro destacan: Visibilización de impactos sociales invisibilizados por discursos oficiales, cuestionamiento de la idea del turismo como beneficio automático e invitación a repensar la ética del viaje y la gobernanza del sector.

Sin embargo, el texto privilegia la denuncia sobre la propuesta. Tiende a generalizar el fenómeno sin diferenciar con claridad modelos sostenibles o comunitarios emergentes y ofrece escasas soluciones concretas más allá del llamado a la reflexión.

Debate estructural del siglo XXI

La obra instala un debate clave: por un lado, está el modelo extractivo —concentración corporativa, consumo masivo y homogeneización cultural— y, por otro lado, el modelo sostenible basado en la participación comunitaria, experiencia responsable e identidad territorial.

De ese modo, más que un ataque al turismo, Turismo de terror funciona como advertencia sobre la pérdida de control local y como llamado a repensar la planificación estratégica del sector.

Una crítica al modelo, no al viaje

En sus palabras finales como balance, Andy Robinson deja claro que el turismo puede ser enriquecedor. Lo que pone en cuestión es su forma hegemónica de desarrollo. El crecimiento sin regulación, sostiene, puede erosionar identidad, equidad y sostenibilidad.

Así, el libro se posiciona como ensayo periodístico de crítica social, articulado desde la economía política y los estudios culturales. No es una tesis académica, pero sí un análisis estructural consistente que interpela a viajeros, planificadores y decisores públicos.

En definitiva, Turismo de terror transforma el viaje en objeto de debate ético y político. Obliga a mirar detrás de la postal y preguntarse quién gana, quién pierde y qué modelo de desarrollo se está consolidando bajo la promesa del paraíso.

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