Por Elías Wessin Chávez
Un discurso diseñado para recuperar terreno
El presidente Luis Abinader construyó una pieza discursiva marcada por el optimismo, el manejo cuidadoso de cifras y un uso estratégico de logros parciales.
Fue, ante todo, un discurso de reposición comunicacional.
En términos políticos, la alocución cumple un objetivo claro,
recolocar su gestión en la franja promedio de aceptación, luego del deterioro producido por el escándalo de SENASA y el reciente apagón eléctrico de alcance masivo.
El presidente intentó diluir la coyuntura adversa en un relato macroeconómico de estabilidad.
Ampliò el foco para que los problemas inmediatos pierdan densidad emocional.
Sin embargo, el contraste entre relato y realidad cotidiana sigue siendo el punto vulnerable.
_El gran ausente fue el costo de la canasta familiar_
El discurso evitó uno de los temas más sensibles para el dominicano promedio,
el encarecimiento sostenido de la canasta básica el cual tiene causas estructurales como son: aumento del gasto corriente del Estado; expansión del aparato burocrático; mayor presión tributaria indirecta y distorsiones regulatorias.
El presidente describió un modelo económico con fuerte impronta estatista.
Desde una perspectiva de orden y libertad (ordoliberal), el problema no es simplemente inflacionario, sino estructural: «Cuando el Estado crece más rápido que la economía productiva, termina trasladando el costo al ciudadano.»
El dominicano siente que produce más y le rinde menos. Esa brecha entre narrativa oficial y economía doméstica es políticamente explosiva.
La permisología en construcción: y ottas actividades de la economìa: un logro inflado
El presidente presentó como logro la reducción a 68 permisos para la construcción.
Pero el problema no es si eran 130 o màs, y que ahora son 68. El problema es que 68 siguen siendo una barrera desproporcionada.
En términos económicos, la permisología excesiva encarece la inversión, retrasa proyectos, incentiva la informalidad y reduce competitividad.
Un verdadero enfoque pro-crecimiento sostenido implicaría ventanilla única real, plazos perentorios automáticos, silencio administrativo positivo y digitalización integral con trazabilidad.
En otras palabras, reducir la traba no es suficiente cuando el sistema sigue siendo estructuralmente burocrático.
Instituto Magaly Pineda y formación en “género”
El presidente destacó la graduación de más de 7,000 mujeres en políticas de derechos humanos y género.
Desde la perspectiva gubernamental, esto se enmarca en políticas de inclusión.
Sin embargo, desde una visión demócrata cristiana y culturalmente conservadora (como lo es la mayorìa del pueblo dominicano), surgen cuestionamientos de fondo.
¿Se está formando liderazgo femenino en emprendimiento y productividad o en activismo ideológico?
¿Qué impacto real tiene esto en el desarrollo económico?
¿Responde a prioridades nacionales o a agendas internacionales?
La crítica no es contra la mujer (todo lo contrario) sino contra la instrumentalización ideológica bajo paradigmas importados (muchos vinculados a la agenda cultural impulsada por USAID en años anteriores).
Desde una óptica de valores, la promoción de la dignidad femenina no debe confundirse con la adopción acrítica de ideologías que fragmentan la concepción antropológica y familiar tradicional.
Política migratoria y Haití: la percepción de descontrol
En materia migratoria, el presidente intentó proyectar firmeza. No obstante, la percepción social dominante es otra.
El flujo de inmigración irregular desde Haití no se ha detenido. Los operativos parecen intermitentes. Las repatriaciones no generan efecto disuasivo permanente.
Aquí el problema no es solo operativo, sino estratégico. Falta una política de Estado integral. Falta articulación interinstitucional sostenida. Falta coherencia entre discurso internacional y acción interna.
Para un electorado patriota y sobetanista, este sigue siendo un flanco abierto.
Balance general
El discurso fue eficaz en forma, pero limitado en sustancia estructural.
Fue una pieza comunicacionalmente sólida; estratégicamente defensiva e ideológicamente continuista del modelo actual.
No hubo anuncio de reformas profundas.
No hubo reducción sustancial del gasto corriente.
No hubo reforma estructural del aparato burocrático.
No hubo rediseño del modelo eléctrico.
No hubo replanteamiento migratorio integral.
En definitiva, el presidente logró estabilizar momentáneamente la narrativa pública.
Pero los problemas estructurales permanecen: alto costo de vida; Estado sobredimensionado; permisología asfixiante; agenda cultural desconectada de valores tradicionales y política migratoria insuficiente.
En términos estratégicos, desde el PQDC-PAX, los planteamientos del presidente Abinader abren espacio para propuestas alternativas:
Estado eficiente, no hipertrofiado.
Economía social de mercado con disciplina fiscal.
Reducción real de burocracia.
Defensa de valores éticos y antropológicos coherentes con la tradición dominicana.
Política migratoria firme, permanente y soberana.
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