La verdad del fraude colosal en las primarias del PLD en octubre del 2019

 

Es hora de la verdad salir a la luz.

Por Flavio Holguin,
Analista y articulista político.

En la historia política dominicana hay episodios que no pueden quedar sepultados bajo el peso de la complicidad del silencio. Hay verdades que por más que intenten sepultarlas, jugando a la desmemoria, o bajo tecnicismos legales, informes tardíos, amañados y complacientes, terminarán tarde o temprano emergiendo con la fuerza de lo inevitable.

El fraude de las primarias del 6 de octubre del 2019 es uno de esos hechos y ha llegado la hora, sin eufemismos ni cobardías, de sacar a la luz toda la verdad.

Todo comenzó con la intempestiva llamada de Mike Pompeo, Secretario de Estado de los Estados Unidos, quién estremeció los cimientos del palacio nacional, creando un enorme tsunami que dejaría estupefacto a un congreso nacional, altamente militarizado en esa coyuntura histórica y ya presto para la firma de una modificación constitucional que habilitaría a Danilo Medina para un tercer período presidencial.

Esa inoportuna llamada de Pompeo le puso freno y echó por la borda las pretensiones desmedidas y frenéticas de quien quiso pasarse de listo cruzando los linderos del autoritarismo, en pleno siglo 21.

Al cerrarle el camino con esa contundente llamada, Medina, cargado de odio y rencor descargó su frustración iracunda sobre Leonel Fernández.

Es así, como este señor digirió las impresiones de manera incorrectas, obnubilado por la tirria hacia el liderazgo luminoso de Leonel Fernández, procedió a una brutal embestida contra el objetivo eminentemente equivocado; ya que Luis Abinader era quien realmente estaba detrás de la injerencia y la dramática sentencia de dicha llamada.

Fue en ese justo momento, cuando todo el danilismo radicalizado, pasó la página al plan B.
Dicho plan consistía en bloquear a toda costa el paso de Leonel Fernández, a la vez que procuraba imponer a ultranza la candidatura presidencial por el PLD, del señor Gonzalo Castillo, conocido popularmente como el Penco.

Para hacer factible la imposición del Penco, se implementó de forma expedita el voto automatizado a través del cual se desarrolló una estructura tan bien articulada, que no dejaba intersticio a dudas de la derrota inminente que se urdía en contra de Leonel Fernández.

Para facilitar ese fraude colosal se utilizó un software artesanal construido por técnicos de la propia JCE.

Ese software se constituyó en la joya de la corona más aquilatada, porque por medio de esa valiosa prenda, era consabida la intención de escamotear los resultados de las primarias internas del PLD, realizadas con el padrón abierto de la JCE.

Aquel mecanismo del voto electrónico no fue una simple innovación tecnológica. Sería un plan piloto que posterior a las primarias se utilizaría en las elecciones municipales del 17 de febrero del 2020.

Lo cierto fue, que el plan piloto se vio severamente empañado por el concierto de denuncias que se generaron, debido a la sensible vulnerabilidad y manipulación del software o código fuente, el cual la JCE NUNCA quiso someter a una auditoría forense.
Justo ahí, fue donde ciertamente reposó y se ejecutó el pecado capital, o fraude colosal de las primarias del PLD.

Las acciones posteriores, pasado el proceso electoral de las primarias internas, evidenciaron y confirmaron, tras las desacertadas decisiones del pleno de la JCE, la evidente manipulación del sistema electoral.
Se pudo establecer que no había en esa junta imparcialidad alguna y obviamente terminó de forma suspicaz, inclinando la balanza a favor del oficialismo.

Sin embargo, no todos ignoraban lo que se avecinaba. Sectores del equipo del doctor Leonel Fernández comenzaron a sospechar y advertir sobre la vulnerabilidad crítica en el software del voto automatizado.

En el ámbito leonelista, no se incubó la paranoia de la conspiración, ya que cuatro universidades dominicanas, así como la Fundación Internacional para Sistemas Electorales (IFES) y la empresa española Alhambra EIDOS hicieron observaciones técnicas precisas, que señalaban las debilidades que debían ser corregidas, además de la auditoría al software o código fuente del sistema electoral.

Aun así, la Junta Central Electoral ignoró esas vitales recomendaciones por parte de esas prestigiosas instituciones ya citadas. Estas sugerencias crearían un marco de confianza, credibilidad y seguridad sobre la transparencia del proceso electoral.

Pero de repente, todo estaba listo para el 6 de octubre, día de las elecciones. Sí señores, todo estaba listo, para lo que ya estaba decidido a realizarse: El enorme fraude de las primarias del PLD.

Ese día de las primarias, sirvió sólo para confirmar lo que se venía denunciando:

– Un sin número de flagrantes irregularidades.
– Una boleta impresa que no se correspondia con la marcada electrónicamente en la pantalla.
– Participación Ciudadana aseveró en un sondeo realizado, que al menos, en un 30 por ciento de los recintos electorales, se comprobó, la masiva e inescrupulosa compra de cédulas.
– Un proceso electoral que se extendió de horario en gran parte de la zona sur del país, de manera inexplicable.
– Mesas, en las cuales la votación superaba el número de inscritos. Ese hecho aconteció en muchos colegios electorales, como fue el caso de Barahona, Azua, Pedernales, Jimaní y San Juan de la Maguana; lugares estos, donde se permitió votar hasta pasada la medianoche, aun cuando el proceso debía concluir a las 4:00 pm y sin embargo, terminó extendiéndose hasta las 2:00 de la madrugada.
– La JCE también ejecutó una cadena de decisiones administrativas que lejos de corregir las anomalías, las legitimaban, tal fue el caso de Roberto Saladin, juez encargado de la Junta Central Electoral de la región sur, quien permitió la incursión y votación de centenares de votantes en los recintos electorales, aun pasada la media noche.

Por otro lado, el entonces presidente de la JCE, no sólo falló en su rol de árbitro, sino que adoptó una actitud pusilánime y permisiva que rayó peligrosamente en la complicidad de ese grosero fraude.

Estos hechos conducían a una inevitable nulidad del proceso electoral, pero descaradamente prefirieron soportar todos los cuestionamientos y los embates por parte de la población y cuando el escándalo ya era inocultable, llegó la maniobra clásica: la auditoría forense tardía.

Esa auditoría se realizó de manera extemporánea, pues ya habían transcurrido más de 30 días del proceso electoral, con lo cual quedaba cuestionada, viciada y violada, la cadena de custodia del software.

La IFES y la OEA terminaron jugando al papel de bomberos institucionales, sofocando un incendio que amenazaba con devorar la legitimidad completa del sistema electoral dominicano.

Estas instituciones foráneas les sacaron las castañas del fuego a un gobierno que ya había cruzado la línea roja de la perversidad y la inmoralidad.

En las semanas previas al proceso, el rumor del fraude era ya un secreto a voces. Quince días antes, el país político lo comentaba en voz baja: «algo grande se está cociendo«.

Es importante poner en relieve que la realidad en las calles contó otra historia, diametralmente diferente a los resultados electorales.

Las movilizaciones y actividades realizadas por el doctor Leonel Fernández eran multitudinarias, contundentes, masivas y no dejaban resquicio a dudas para rebatir algo tangible a los ojos de todos, de que incontrovertiblemente no había forma de perder ese proceso electoral.

En contraste, con las actividades del Penco, el candidato impuesto a sangre y fuego por Danilo Medina, se evidenciaba una debilidad y apatía inocultable en todas sus actividades.

La asimetría era tan evidente que sólo un artificio podía revertirla y ese artificio se ejecutó de forma grosera y canalla.

Ya han pasado casi siete años de aquel impúdico y criminal acto y algunos desvergonzados pudieran estar a la fecha atormentados porque dentro de su Ser saben perfectamente que la verdad no puede seguir ocultándose, ni maquillándose eternamente, ya que en algún momento de su vida miserable, tendrán que purgar y desembuchar, en una de esas ominosas crisis existenciales, toda su traición e infamia.

El país merece saber la verdad completa.
No versiones edulcoradas, no informes mutilados y amañados, sino toda la verdad íntegra.

Deben dar cuenta, de quién diseñó la operación, quién la ejecutó y quiénes guardaron un silencio cómplice. Porque la historia tiene memoria y también cuentas pendientes.

Si algo debe quedar claro en todo esto, es que el mismo actor que torció la historia del Boschismo y asaltó la voluntad popular expresada en las urnas en el año 2019, aún gravita en el escenario político y lo peor aún, no ha abandonado sus métodos y ni por asomo ha hecho un ejercicio de contrición.

Ahora, en el actual escenario político acaricia la idea de repetir la misma historia, imponiendo nuevamente candidaturas a contrapelo de la realidad interna existente.

Es importante saber que cuando la política se convierte en un ejercicio de manipulación sistemática, el desenlace siempre es el mismo: o la historia se repite como comedia o se repite como grotesca tragedia.

Por ello, este artículo no sólo es un mero llamado a la memoria colectiva, sino también un llamado al coraje.

Alguien dentro de ese entramado sabe la verdad completa. Alguien dentro de ese complot tiene las piezas que faltan.

Alguien puede, si decide casarse con la gloria, ponerle el cascabel al gato. Alguien con grandeza, decoro y dignidad, debe abrazar la decencia y colocarse del lado correcto de la historia, desmontando esa farsa de una vez y para siempre.

NADIE podrá estar por encima del juicio implacable del tiempo. Ningún hombre, por más intocable que se crea, puede escapar al veredicto final de la historia.

Ha llegado la hora

La hora de ajustar cuentas con la verdad.
La hora de señalar al auténtico responsable de aquel monstruoso fraude.

La hora de que el boschismo deje de ser rehén de la sombra abyecta que emerge del alma dañada de un adefesio de la naturaleza.

Cuando salga a la luz toda la verdad no habrá algoritmo, ni poder, ni silencio que evite la defenestración del Gran Infame Traidor.

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