Por Miguel Ángel Cid Cid
cidbelie29@gmail.com
Acecha el peligro de que los intrusos, los sin partidos dejen en la fea a los usurpadores del poder. El partido oficialista apuró el paso, los opositores se espantaron rápido. Todos a una practicaron el aborto. Sin terapia.
A raíz de la Sentencia TC 788-24 del Tribunal Constitucional esta columna abordó el tema de las candidaturas independientes. Los criterios están contenidos en el artículo Partidos Políticos, los desnudó la sentencia, de enero 2025.
La sentencia citada declaró contrarios a la Carta Magna los artículos 156 y 157 de la Ley 20-23 Orgánica del Régimen Electoral. Establece que, cualquier ciudadano puede ser candidato a la presidencia de la República u otras candidaturas de elección popular.
Que el Tribunal Constitucional declarará los artículos 156 y 157 contrarios a la Constitución es de poca importancia. Lo transcendental para los partidos políticos es haber declarado legítimas y legales las candidaturas independientes. Les quitó el monopolio de las candidaturas.
En lo inmediato, el Tribunal Constitucional —por derivación— fue víctima de una campaña de descrédito feroz. Qué el TC actúa usurpando la labor del Congreso Nacional. Qué sus dictámenes, en vez de enfocarse en lo inconstitucional, pretende ser quien dicte las leyes.
Pero las artimañas partidarias no solo se desvanecieron solitas, sino que se convirtieron en contrarias al Congreso y a los partidos políticos. El descrédito de estos se profundiza. El karma les llegó antes de tiempo.
Sin embargo, como desacreditar el TC se hizo cada vez más imposible. Fracasados los partidos políticos y el Congreso Nacional. Estos decidieron —de manera natural— propinarle una puñalada al tribunal que ellos mismos crearon.
Urge luego de lo anterior, presentar el proyecto de Ley que elimine de raíz las candidaturas independientes tiene un propósito. Excluir toda candidatura que esté al margen de los partidos políticos. La pasión del debate fue vengativa. Se concentró en dos objetivos.
Por un lado, eliminar derechos a ciudadanos plebeyos —del populacho— por el otro, poner a los magistrados del TC en su lugar. Que entiendan de una vez quien manda aquí. Que sepan que con los legisladores y los partidos políticos no se juega.
La puñalada, por tanto, no es solo al TC, sino también a la democracia que ya viene bastante maltrecha.
El proyecto de Ley se aprobó con premura en la Cámara de Diputados y en el Senado también. Es decir, todo fue como quien sale corriendo de un reperpero en un barrio caliente.
La calentura aumentó al cruzar la puerta del despacho presidencial. El mandatario Luis Rodolfo Abinader Corona promulgó —cual flash— la Ley núm. 13-26, que elimina las candidaturas independientes del sistema electoral dominicano. El aborto se consumó.
La normativa aprobada deroga el “capítulo III, sobre las candidaturas independientes”. Es decir, elimina los artículos 156, 157 y 158 de la Ley 20-23, con sus respectivos párrafos.
Pero la acción antidemocrática no proviene —como muchos podrían pensar— de los congresistas del partido oficialista. No. Las bancadas parlamentarias de los partidos de oposición aprobaron con igual pasión.
Queda clarito que, en 2024, la Sentencia TC 788-24 desnudó a los partidos políticos. Pero también de ello se deriva que, la aprobación y posterior promulgación de la Ley núm. 13-26 los deja buscando un rincón donde refugiarse.
¿Será que las tres causales sobre el aborto terapéutico en el Código Penal se aprobaron sin que nadie se enterara?
En suma, los partidos políticos solo cumplen con su tarea patriótica. Evitar —según ellos— que, ciudadanos sin méritos divisen el camino para llegar al gobierno. Por eso, se juntaron todos en la sala de partos para practicar el aborto.
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