Por Pbro. Felipe de Jesús Colón Padilla
Los cristianos hemos celebrado el pasado sábado cuatro de abril la solemne Vigilia Pascual y el domingo entramos a la celebración de la octava de Pascua. Cuando las nubes grises cubrieron con su manto oscuro el camino que lleva a Dios, una luz refulgente apareció en medio de la oscuridad, Jesucristo con su triunfante resurrección disipó las tinieblas.
El papa León XIV, nos decía en su homilía durante la celebración de la solemnidad de la Vigilia Pascual: Hoy toda la creación resplandece con una luz nueva, desde la tierra se eleva un canto de alabanza y nuestro corazón exulta de alegría: ¡Cristo ha resucitado de entre los muertos y, con Él, también nosotros resucitamos a una vida nueva!
El filósofo Aristóteles decía: “la esperanza es el sueño del hombre despierto”. Y precisamente, eso hemos experimentado al salir del Tiempo de Cuaresma, la luz del Resucitado ha iluminado nuestros problemas, ahora con la fuerza que nos da esta experiencia, podremos vencer la tristeza que pretende apagar la llama de la fe.
El papa Francisco expresaba en su homilía de la Vigilia Pascual:” la primera piedra que debemos remover esta noche es, la falta de esperanza que nos encierra en nosotros mismos. Que el Señor nos libre de esta terrible trampa de ser cristianos sin esperanza, que viven como si el Señor no hubiera resucitado, y nuestros problemas fueran el centro de la vida”.
Lo de remover las piedras lo decía a propósito de aquellos que prefieren seguir encerrados en su egoísmo y ambición, son sepulcros sellados. Jesús quiere entrar y llenarlos de vida, de vida nueva, una vida en el espíritu.
Pero me pregunto, ¿cómo se sentirá a aquel ciudadano, que por no tener “seguro de salud”, ve morir su cuerpo, o el de du prójimo? Cómo le decimos hay esperanza para tu curación, no te preocupes. Esa es la tarea de nosotros los cristianos que estamos conscientes de que la esperanza cristina es un don de Dios. Si aquel está abrumado de tristeza es porque se le negado cosas legítimas, como acceso a una educación cercana y de calidad, empleo digno, vivienda, salud. Todo esto afecta, y produce hombres y mujeres con rostros de amargura.
Ahora estamos saturados de anuncios virtuales sin contenido, la ciudad está contaminada de ofertes estériles. No obstante, estamos llamados a anunciar al Resucitado con la vida y mediante el amor. Decirles a nuestros políticos candidatos que toda oferta electoral debe cumplirse, que el ciudadano merece vivir con dignidad. Una cosa es vivir, y otra muy distinta sobrevivir.
Quien vive desde la esperanza sabrá que no quedará defraudado. Cristo venció el pecado y la muerte. La desesperanza, puede ser un reto para enderezar lo que está torcido, iluminar la oscuridad de la noche con la palabra viva de Dios. Recobrar la esperanza implica apagar la sed de los desesperanzados. Es poner a Dios en todo lo que hacemos, y dejar que obre en el aquel que lo necesita.
Y concluía el Romano Pontífice León XIV: Hoy necesitamos este canto de esperanza. Y somos nosotros, resucitados con Cristo, quienes debemos llevarlo por las calles del mundo.
Corramos, pues, como María Magdalena, anunciémoslo a todos; llevemos con nuestra vida la alegría de la resurrección, para que allí donde aún se cierne el espectro de la muerte, pueda resplandecer la luz de la vida. ¡Felices pascuas de Resurrección!
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