Por Carlos Díaz
Los números no mienten, pero a veces advierten. Los resultados de la última encuesta de ACD Media han dejado sobre el tablero político dominicano una fotografía de alta volatilidad: el PRM marca un 32%, la Fuerza del Pueblo (FP) un 27% y el PLD un 20%. Esta aritmética obliga a mirar más allá de las siglas y entender las grietas que se están formando en el asfalto político nacional.
El sismo interno y el riesgo del «dedo»
El partido de gobierno navega hoy en aguas turbulentas. No solo enfrenta el desgaste natural del poder, sino una incipiente crisis de identidad democrática.
La incertidumbre sobre el método para escoger a sus autoridades y el fenómeno del «nepotismo legislativo» —donde ciertos dirigentes intentan imponer a sus hijos sobre senadores con liderazgo y estructuras probadas— amenazan la cohesión en las provincias.
Pero el dato que realmente sacude al oficialismo es interno. Aunque David Collado encabeza encuestas externas, no cuenta con la mayoría absoluta dentro de su organización. El bloque compuesto por:
• Guido Gómez Mazara (con un discurso punzante y números internos en ascenso).
• Carolina Mejía y Wellington Arnaud (quienes mantienen las estructuras más sólidas y estables).
• Tony Peña Guaba y la vicepresidenta Raquel Peña.
Juntos, este grupo aglutina más del 69% de la simpatía perremeísta. Este «muro» sugiere que el destino del PRM no lo decidirá una figura individual, sino el consenso con los liderazgos que realmente mueven la base.
Intentar una imposición frente a este bloque sería, en la práctica, apostar por la fractura.
Leonel y el «cascarón» del PLD
En la acera de enfrente, Leonel Fernández demuestra una resiliencia envidiable.
Con un 27% propio, su sombra se extiende sobre un PLD que ya no cuenta con la estructura nacional que en algún momento poseía.
El partido morado, debilitado y sin un candidato que genere ilusión, sobrevive con un 20% que es terreno fértil para Fernández.
Para ese electorado, Leonel sigue siendo el referente natural, dejando al PLD como un actor que aporta números pero ha perdido su histórica maquinaria operativa.
El camino al 2028
La vulnerabilidad del PRM radica en que, sin Luis Abinader en la boleta, el sucesor heredará las heridas de una convención interna que se percibe bajo amenaza. Mientras Guido Gómez Mazara radicaliza su defensa de la base y las estructuras de Carolina y Wellington se mantienen firmes, el oficialismo corre el riesgo de desmoronarse si ignora el peso de ese bloque mayoritario.
El 2028 no se ganará con vallas publicitarias, sino evitando que la ambición de «heredar» cargos destruya el trabajo de muchos.
Con una segunda vuelta en el horizonte, la gran pregunta es: ¿Podrá el PRM unificar sus feudos antes de que Leonel Fernández termine de absorber por completo los restos de lo que fue el PLD?
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