Manuel Antonio Cordones Roche, conocido como Manuel Plahue, figura destacada en el ámbito empresarial de La Romana.
Por Alex Domínguez
Hablar de hombres valiosos es hablar de historias que no se construyen de la noche a la mañana, sino a base de sacrificio, constancia, humildad y principios firmes. Ese es el caso de Manuel Antonio Cordones Roche, conocido por todos como Manuel Plahue, un verdadero orgullo de La Romana.
Nacido el 25 de abril de 1951 en La Colonia de Miches, provincia El Seibo, hijo de Félix Cordones Mercedes e Isabel Roche Ruiz, su historia es el reflejo de un dominicano que, desde abajo, con esfuerzo digno, logró construir no solo un patrimonio, sino una familia sólida y una reputación intachable.
Al llegar a La Romana, enfrentó múltiples vicisitudes. No encontró caminos fáciles, pero sí tuvo una determinación inquebrantable. Sus primeros pasos fueron humildes: en una bicicleta recorría las calles vendiendo pescado, y posteriormente vegetales como plátanos, ajíes, papas, entre otros productos. Aquella etapa no solo le permitió sobrevivir, sino también forjar el carácter que lo definiría para siempre.
De esa etapa nace el nombre con el que hoy se le conoce: Manuel Plahue, ligado a esos inicios de trabajo digno, donde la dignidad pesaba más que cualquier dificultad. Más adelante, con esfuerzo y visión, logró adquirir su primer vehículo, iniciando así un camino de crecimiento que lo llevaría a convertirse en un empresario exitoso del transporte.
Su desarrollo no fue casual. Fue el resultado de disciplina, ahorro y trabajo constante. En el ámbito sindical, tuvo una participación destacada en SICHOEM, donde desempeñó funciones como Secretario de Finanzas y luego Secretario General durante varios períodos, siendo respetado por su liderazgo y su forma correcta de manejar las responsabilidades.
También dejó huellas en el ámbito social. Ingresó al Club Rotario Romana Río Dulce, donde mantuvo una asistencia ejemplar por más de una década y llegó a ocupar la presidencia, recibiendo reconocimientos por su entrega y compromiso comunitario.
En el ámbito institucional y social, su vocación de servicio ha sido clara. Junto a su compadre Julio Gómez Camacho y otros colaboradores, ha formado parte del Patronato de Ayuda a la Policía Nacional de La Romana, así como del Patronato del Centro de Diagnóstico, Laboratorio y Hemodiálisis Dr. Francisco A. Gonzalvo, aportando al fortalecimiento de la seguridad y la salud en su comunidad.
Además, ha estado vinculado a importantes organizaciones como la Cámara de Comercio y Producción de La Romana, donde incluso ocupó la presidencia, así como a entidades como CONATRA y CASC, demostrando siempre un compromiso real con el desarrollo colectivo.
Pero si hay algo que define a Manuel Plahue más allá de sus logros, es su esencia como ser humano.
Es un esposo ejemplar, felizmente casado con Anny de los Santos de Cordones, y un padre ejemplar de siete hijos: Aidé Katherine, Ana Margarita, Luz Elenia, María Antonia, Manuel Antonio, Anny Elizabeth y Marcos Antonio, todos formados por el camino correcto, convertidos en profesionales y ciudadanos de bien.
Es un hombre de valores firmes, de palabra, amigo de los amigos, leal, de corazón noble y sincero. De esos que ayudan sin anunciarlo, sin buscar reconocimiento, sin publicar lo que hacen. De hecho, es tan discreto en su accionar que hasta encontrar una fotografía suya en redes sociales resulta difícil, porque su forma de servir no necesita vitrina.
Nunca ha aspirado a cargos políticos. Y en tiempos donde muchos ven la política como un medio para lucrarse, él ha preferido mantenerse al margen, dejando claro su pensamiento con una frase que lo define:
“Creo que personas como yo no aman la política, pero sí aman a su pueblo.”
Esa es la diferencia. Ese es el sello.
Manuel Plahue es la representación viva de que se puede crecer sin perder la humildad, avanzar sin traicionar los valores y ayudar sin esperar nada a cambio. Es un soporte silencioso del desarrollo de La Romana, un hombre que ha aportado más de lo que muchos conocen, porque su forma de dar no busca aplausos.
Su historia no es solo una biografía. Es una lección.
Una lección de que el verdadero éxito no se mide solo en lo económico, sino en la calidad humana, en la familia que se forma, en el respeto que se gana y en el bien que se hace, incluso cuando nadie está mirando.
Porque hombres como Manuel Plahue no solo construyen su vida construyen ejemplo.
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