Por Otto De La Torre

La extraña y universal experiencia de olvidar por qué uno entró a una habitación.

Le ocurre a todo el mundo, y con una frecuencia tan cotidiana que casi hemos dejado de percibir lo singular del fenómeno.

Uno se levanta del sofá con una intención perfectamente clara: buscar los lentes olvidados sobre la encimera de la cocina, recoger un libro en el estudio o apagar una luz encendida desde hace demasiado tiempo en la habitación contigua.

Se recorre el trayecto habitual, se cruza el umbral… y entonces sucede.

La intención desaparece.

Uno queda allí, inmóvil por unos segundos, observando el entorno con una leve confusión silenciosa. La mente, que apenas instantes antes parecía completamente decidida, queda súbitamente en blanco.

Y aunque solemos tratarlo como una simple distracción, el fenómeno resulta mucho más interesante de lo que aparenta.

La psicología cognitiva ha estudiado esta experiencia bajo lo que suele conocerse como el Efecto de la Puerta: una peculiar interrupción de la continuidad mental provocada, literalmente, por atravesar de un espacio a otro.

El fenómeno fue estudiado experimentalmente por el psicólogo Gabriel Radvansky y sus colegas de la Universidad de Notre Dame, quienes observaron que las personas recordaban peor una tarea inmediata después de cruzar una puerta, incluso cuando la distancia recorrida era exactamente la misma.

La explicación resulta fascinante.

El cerebro no organiza la experiencia humana como una narrativa continua e ininterrumpida. Lo hace por escenas. Por episodios. Por contextos.

Cada pensamiento nace acompañado de una atmósfera específica: cierta iluminación, determinados sonidos, una postura corporal concreta e incluso detalles tan sutiles que apenas alcanzan la conciencia.

Todo eso forma parte del recuerdo.

Al cruzar un umbral, el cerebro interpreta que una escena ha terminado y otra comienza. Cambia la acústica, cambia la distribución del espacio, cambian los objetos que reclaman nuestra atención. Y entonces ocurre algo casi literario: la mente archiva discretamente el capítulo anterior.

Aquello que uno iba a hacer queda ligado al espacio que acaba de abandonar.

Por eso, durante unos segundos, la sensación resulta tan desconcertante. No es solamente que olvidamos algo; es que pareciera que la intención pertenecía a una versión inmediatamente anterior de nosotros mismos.

Y quizá ahí reside lo más interesante del fenómeno.

Ese instante incómodo frente a una habitación cualquiera nos recuerda algo profundamente humano: la conciencia no es tan continua como imaginamos. Está compuesta por pequeños mundos mentales unidos entre sí con extrema delicadeza, y a veces basta una simple puerta para separarlos.

 

Fuentes consultadas

Radvansky, G. A., & Copeland, D. E. (2006). Walking through doorways causes forgetting: Situation models and the location updating effect. Memory & Cognition.
• Radvansky, G. A., Krawietz, S. A., & Tamplin, A. K. (2011). Walking through doorways causes forgetting: Further explorations. Quarterly Journal of Experimental Psychology.
• Universidad de Notre Dame
— “Walking through doorways causes forgetting, new research shows” (2011).
Scientific American
— “Why Walking Through a Doorway Makes You Forget” (2011).

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