Por Manuel Castillo
En las dos entregas anteriores desglosamos las tensiones políticas y los laberintos legislativos que rodean la reforma del Código Penal en la República Dominicana.
Hoy cerramos esta serie abordando el núcleo que mantiene en vilo a las redacciones, cabinas de radio, estudios de televisión y portales digitales de todo el país: el fantasma de la «Ley Mordaza», agazapado entre los artículos 208 al 211 (y sus disposiciones colindantes) sobre los delitos contra el honor.
Para que la ciudadanía conozca la verdad sin rodeos, es imperativo analizar no solo la fría redacción de la ley, sino a quiénes asfixia y, sobre todo, a quiénes termina blindando la impunidad si este articulado se deja intacto.
La Anatomía del Perjuicio: Una Trampa para Cuatro Medios y un Solo Destinatario
La difamación (imputar un hecho preciso que dañe el honor) y la injuria (el insulto o desprecio sin hecho concreto) plantean en el nuevo texto legal una estructura de castigos que hiere de muerte la fiscalización social. El peligro no discrimina el formato; acecha a todo el ecosistema de la comunicación:
Prensa Radial y Televisiva: La naturaleza de la radio y la televisión en vivo es la inmediatez.
Una denuncia ciudadana tomada por llamada telefónica o un debate acalorado en un panel televisivo exponen al periodista a consecuencias penales inmediatas. Bajo la amenaza de penas de prisión menor, la tentación de la autocensura es total.
El micrófono se apaga antes de que hable el poder.
Prensa Escrita Tradicional: La investigación profunda toma tiempo. Al tipificar penalmente la difamación, los directores y editores de periódicos impresos se enfrentan a un campo minado. El miedo a una demanda penal frena reportajes sobre malversación de fondos públicos antes de que salgan de la rotativa.
Prensa Digital y Redes Sociales:: Aquí la trampa es técnica y devastadora. La ambigüedad sobre la «responsabilidad en cascada» deja un vacío peligroso: si un lector publica un comentario difamatorio en la web de un periódico o en sus redes, ¿el director o el gestor web se convierten en cómplices automáticos?
Además, las multas económicas indexadas en salarios mínimos actúan como una guillotina financiera. Para un medio digital nativo o un periodista independiente, una multa elevada equivale al cierre técnico absoluto de su plataforma.
¿Quiénes se benefician si la ley queda intacta?
Cuando una ley penal criminaliza la palabra y la opinión, la pregunta clave siempre es: ¿A quién beneficia el silencio?
Dejar estos artículos sin enmendar o insistir en mantener los delitos de palabra por la vía penal solo favorece a dos sectores específicos:
La clase política corrupta y los malos administradores públicos
Históricamente, el poder busca escudos contra el escrutinio. Al mantener penas de cárcel y multas asfixiantes por cuestionar las acciones de un funcionario, un tribunal o una institución del Estado, se crea un paraguas de protección para quienes gestionan los fondos públicos.
En una democracia sana, el funcionario debe tolerar un mayor nivel de crítica; con este articulado intacto, se logra lo opuesto: el administrador público se vuelve intocable.
Estructuras de poder fáctico y corporativo
Aquellos sectores con recursos suficientes para sostener litigios legales prolongados pueden utilizar la vía penal como una herramienta de hostigamiento o «fuego cruzado» contra periodistas de investigación, desgastando su patrimonio, su tiempo y su salud emocional hasta forzar el archivo de las investigaciones.
La Verdad Completa: El Verdadero Camino a la Justicia
Quienes defienden mantener la prisión en el Código Penal argumentan la necesidad legítima de proteger la dignidad familiar y la vida privada de los ciudadanos ante el auge de la desinformación en la era digital. Es verdad: el honor es un derecho fundamental.
Pero la solución no puede ser peor que la enfermedad.
El consenso de la Corte Interamericana de Derechos Humanos es inequívoco: los conflictos sobre la libertad de expresión deben resolverse estrictamente por la vía civil (mediante reparaciones económicas ante daños reales demostrados con mala fe o dolo) y nunca por la vía penal (cárcel).
Si el nuevo Código Penal no despenaliza por completo los delitos de prensa, la República Dominicana retrocederá décadas en su calidad democrática.
No se trata solo de defender a los periodistas; se trata de defender el derecho de toda una ciudadanía a estar informada de lo que pasa con sus recursos y su país. Una sociedad sin prensa libre es, en última instancia, una sociedad condenada a ciegas.
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