Por Marcos José Nuñez

Mi madre tenia el carácter mas o menos parecido al de una monja y quizás por eso escogió -un poco tarde en su andadura vital- como segunda carrera, la licenciatura en Enfermeria; originalmente pensó hacer el crossover de la Psicologia a la Medicina pero con mas de cuarenta años de edad a cuestas, consideró que ya la juventud se habia esfumado y que sus ingresos estaban muy comprometidos para acometer el enorme reto de una nueva profesión médica (bastante larga y muy costosa) aun matriculándose en la única universidad pública que existe en nuestro querido pais.

Casi desde que inició el ejercicio de los servicios de enfermeria, la asignaron a la Unidad de Quemados de la emergencia del gran hospital metropolitano del Instituto Dominicano de Seguros Sociales, el hospital Dr. Salvador B. Gautier y alli conoció mucho mas de cerca que antes (habia sido secretaria y asistente administrativa de los médicos), la realidad cruda de hombres y mujeres en todas las edades que llegaban quemados, consumidos, derretidos, mutilados y chamuscados por diferentes causas; peor aun, en esa época, le tocaba el turno de amanecida, doce horas corridas y diarias desde la prima noche anterior hasta la plena mañana del dia siguiente y cuando llegaba a la casa, no solo estaba cansada y exhausta por no haber dormido en toda la noche, sino que llegaba triste, deprimida, apagada, preocupada y hasta llorosa de la impotencia de no poder curar, sanar, paliar, restablecer, mejorar y hasta salvar la vida de cientos de personas que llegaban incesantemente cada mes. Y asi estuvo sirviendo en esa área por muchos años consecutivos con gran excelencia e integridad desde el punto de vista humano. La gran satisfacción vino cuando algunos pacientes que se salvaban, aunque fuese precariamente o en su defecto sus familiares, agradecian de una forma u otra a mi madre por los cuidados, el esmero y las atenciones brindadas, pero sobretodo, por lo diligente que era aquella enfermera distinta a las otras, que ademas de hacer su trabajo como Dios manda, se involucraba emocionalmente en buscar todas las formas posibles, moviendo cielo y tierra de ser necesario, para lograr la restauración plena o parcial de los pacientes que caian en sus manos. Yo, que fui confesor, cómplice, consejero, amigo y paño de lágrimas de una madre que vivió una vida marcada por gravisimas dificultades en todos los ámbitos del ser, sé bien lo que era ella con sus virtudes y defectos. Y la verdad es que estaba mas adornada de virtudes que de alguna debilidad o error circunstancial y haciendo honor a su nombre, fue siempre una verdadera ESPERANZA para todo el que la conoció, trató y apreció. Una Esperanza en verdad, muy parecida en ese altruismo al gran padre que me tocó tener, su primer y único esposo, el gran amor de su vida. A veces pienso con seriedad que quizás no merezco los extraordinarios padres que he tenido.

El humor y el estado de ánimo de mi madre cambiaron drásticamente cuando la trasladaron de unidad y departamento dentro del mismo hospital y sin embargo, seguia dando mas del 200% del esfuerzo por ayudar a sus nuevos pacientes con otras dolencias de una manera que muchas de sus compañeras ni de lejos lo hacian, porque solo ejercian la carrera para sobrevivir, tener ingresos seguros pero no eran lo suficientemente altruistas, entregadas, empeñadas y genuinas en esa época para amar/querer/apreciar a las personas que iban buscando de distintas maneras, alcanzar la salud de la mano del personal tradicionalmente disponible para ello en los centros de salud públicos o privados.

Debo decir que a pesar de su atildada conducta profesional, a veces sentia, percibia que mi madre se comportaba con mucha sequedad afectiva hacia mi y hasta llegué a creer en algún momento que queria a los otros, los que fueran, mas de lo que me queria a mi como su hijo. Por su parte, ella interpretaba equivocadamente que yo la queria menos que a mi padre, basada al parecer, en mis muestras exteriores de afecto, no obstante, mi padre a diferencia de ella, se desbordaba en cariño y amor a sus hijos sin ningún limite, condición o prurito. Tenian estilos diferentes de demostrar lo que sentian por su familia y a cada uno les he querido de maneras diferentes, conforme a su conducta, temperamento y a su personalidad.

Las crisis, el tiempo, los problemas, las revelaciones impactantes y el camino del destino, me fueron poniendo al tanto gradualmente y de maneras por momentos inesperadas, de quien era en verdad ese ser humano y lo que le habia tocado vivir, lo que para ciertos insensibles e insensatos, algunos de los cuales son consaguineos «ella se vivia quejando y se hacia la victima», esto sin tener en cuenta con rigor, datos, evidencias y testimonios reales, el verdadero calvario y el sufrimiento que a esa gran mujer le tocó vivir, durante apenas sesenta y dos años de vida sobre este planeta.

Por eso, cuando leo, escucho, veo y observo personas hablando plumas de burros de lo que no saben, de lo que saben a medias, de lo que le contaron como chisme, acerca de pequeñeces que se pretenden potenciar, sacar de contexto y desnaturalizar por completo su causa, para establecer con ello, de manera mas cómoda, una especie de paredón moral sumario, sobre mi madre y su descendencia, me da todo el coraje, la rabia, la ira, la molestia, la indignación por la forma leve, irrespetuosa, facilonga y ligera de juzgar por completo, la vida de una mujer que ya no está entre los vivos y que según lo que pude ver, lo que pude comprobar, lo que pude percibir, parecia querer mas a los demas seres hunanos que asi misma. Para algunos eso es una gran debilidad y puede considerarse baja autoestima, pero para los que ya tenemos el cuadro completo de una existencia como la suya, queda cada vez mas claro que aunque fue un ser humano como todos los somos en carne viva, ella tenia ciertas particularidades que la circunstancias develaron en su momento, y que visto en retrospectiva, la hacian ser sustancialmente diferente en comparación con muchas de las personas que la rodeaban.

Atacar alegremente la memoria de difuntos, potenciar algún error cometido y proyectar situaciones de manera alegre, cirquera y reduccionista, ignorando las imperfecciones materiales y las injusticias de origen que arrastran, que acumulan nuestras sociedades tercermundistas y esa desdeñable práctica necrofilica de convertirse en tribunal público absoluto en única instancia para demostrar poder sobrehumano e imponerse a toda costa, con argumentos, planteamientos, reportajes y amenazas, tarde o temprano el tiempo se encargará de ponerlo en su lugar, sin mi concurso o participación. Y de mi parte, procuraré ser cada vez mas frio, trataré, intentaré, haré lo posible de que las provocaciones gratuitas y frecuentes, no me hagan entrar en la dinámica fácil del dime y direte en la que he caido, propio de la insoportable levedad del ser que acarrea todo lo relacionado con cierta investigación periodistica sabatina.

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