En la imagen, un servidor en Bosnia y Herzegovina, donde estuve a cargo de la introducción del primer “Predator General Atomics RQ-1” (Drone) fuera de los Estados Unidos en la guerra de los Balcanes, urbanista y arquitecto a cargo de la “Reconstrucción de Bosnia” por el US Army Corps of Engineers. Ex diplomático de la Embajada Dominicana en Berlín (10 años bajo el auspicio del Embajador Calventi, impulsor de DOMINICAN ART TODAY en Europa) y veterano de tres campañas militares de guerra internacionales (Tormenta del Desierto, Guerra de los Balcanes y la Guerra Fría).
Por Richard Moreta Castillo
Ver las recientes investigaciones difundidas por medios internacionales como la Deutsche Welle (DW) me remueve inevitablemente las fibras más profundas de la memoria. Como veterano de tres de los escenarios militares más complejos de la historia moderna (Tormenta del Desierto, los Balcanes y la Guerra Fría), conozco de primera mano el rostro implacable de la guerra. Sé cómo huele la pólvora, sé lo que es la estrategia de los altos mandos y, sobre todo, conozco la desesperación del soldado.
Sin embargo, hay algo infinitamente más trágico que caer en combate defendiendo una patria o un pabellón: morir como mercenario anónimo, como «carne de cañón» descartable, por un puñado de dólares prometidos a través de redes de engaño y trata de personas. Hoy, ver a jóvenes dominicanos —procedentes de sectores vulnerables de nuestras comunidades— caer atrapados en la trituradora de carne del frente ruso-ucraniano tras salir bajo la falsa promesa de un contrato como mecánicos, cocineros o soldadores, nos exige levantar la voz con urgencia, rigor y diplomacia.
Durante una década tuve el honor de representar a la República Dominicana en la Embajada en Berlín, bajo el valioso auspicio del embajador Calventi. En aquellos años, nuestra misión principal era llevar con orgullo el DOMINICAN ART TODAY a los más prestigiosos escenarios de Europa. Mostrábamos al mundo el talento, la luz, el color y la dignidad de nuestra cultura, construyendo puentes de entendimiento, cooperación y respeto mutuo entre naciones.
Ese pasado diplomático contrasta de manera desgarradora con la realidad actual. Mientras aquellos intercambios culturales sembraban prestigio para nuestra patria en el corazón de Europa, hoy vemos cómo redes internacionales de reclutamiento explotan las precariedades socioeconómicas de nuestra juventud para exportarlos hacia el este europeo, convirtiéndolos en piezas de cambio en un conflicto de proporciones globales que no nos pertenece.
El análisis técnico del derecho internacional humanitario, enmarcado en el Protocolo I de los Convenios de Ginebra, es categórico: un mercenario es un soldado a sueldo, ajeno al conflicto, motivado por una paga muy superior a la de un militar regular y destinado al frente de combate. Sin embargo, la realidad descrita por la DW revela un matiz aún más siniestro: no estamos ante una legión de mercenarios profesionales puros, sino ante ciudadanos captados bajo engaño laboral, confinados mediante la retención de documentos, la supresión de comunicaciones y, en muchos casos, la imposición exprés de ciudadanías rusas que buscan borrar su rastro jurídico y convertirlos administrativamente en combatientes de la Federación Rusa, técnica utilizada por ambos bandos en la guerra, tanto Rusia como Ucrania, donde según los casos la práctica por Ucrania está más en uso en toda Latinoamérica, especialmente en Colombia.
Bajo estas circunstancias, para el derecho internacional y las normativas de los frentes de batalla, el estatus jurídico de estos jóvenes es extremadamente frágil. En el campo de fuego no se les otorgan prerrogativas de prisioneros de guerra regulares; son tratados como material gastable, donde el desenlace más frecuente es la muerte anónima o el registro como «desaparecido en acción» (missing in action), ahorrándoles a los intermediarios y contratistas los costos de repatriación de restos.
Frente a este grito desgarrador de madres dominicanas peregrinando por instituciones y consulados en busca de respuestas, el Estado dominicano no puede adoptar una postura pasiva ni limitarse a recomendaciones morales. Se requiere una acción firme y estructurada desde la alta diplomacia y el Poder Ejecutivo, que hacer:
1. Nota Diplomática Formal y Rigurosa: A través del Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX), el gobierno dominicano debe emitir una nota diplomática enérgica pero formal al Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa (liderado por Serguéi Lavrov), exigiendo claridad sobre el paradero y estatus de los ciudadanos dominicanos reclutados, y requiriendo la rescisión unilateral de contratos viciados por el delito transnacional de trata de personas.
2. Desarticulación de Redes Locales de Reclutamiento: Es imperativo que los organismos de inteligencia y el Ministerio Público investiguen a fondo las ramificaciones locales y los intermediarios que, operando desde suelo dominicano (o utilizando rutas vía Panamá y Estambul), facilitan el tránsito y engaño de estos jóvenes.
3. Asistencia Consular y Seguimiento a Víctimas: Para aquellos que hayan sufrido lesiones permanentes o para las familias en caso de decesos en combate, la Cancillería debe activar mecanismos de asistencia para reclamar las indemnizaciones económicas derivadas de los seguros contractuales y corporativos asociados a estas empresas de seguridad privada.
Como alguien que ha pisado campos de batalla reales y que ha caminado por los pasillos de la alta diplomacia europea defendiendo el arte y el honor de nuestra nación, duele profundamente contemplar cómo la avaricia, la desesperanza y la desinformación empujan a nuestra juventud hacia una muerte segura en tierras lejanas.
La guerra es la manifestación más cruel e inmoral de los intereses de las élites globales. Ningún contrato, ninguna falsa promesa de ciudadanía exprés y ningún espejismo salarial justifican entregar la vida en una contienda ajena. A las madres dominicanas: mantengamos la fe, pero sobre todo, hagamos un llamado urgente a conciencia en nuestros barrios y campos. La patria se construye sufriendo y luchando en nuestro propio suelo, con dignidad y esperanza, jamás vendiendo nuestra sangre como carne de cañón en los tableros geopolíticos del mundo.
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