Wellington Arnaud acelera, Carolina suma y David enfrenta el desafío de una competencia cada vez más reñida en el PRM

 

Por Carlos Díaz

La carrera por la candidatura presidencial del Partido Revolucionario Moderno (PRM) rumbo a 2028 comienza a experimentar una dinámica que hace cada vez más difícil anticipar cómo terminará la competencia interna.

Wellington Arnaud gana terreno, Carolina Mejía amplía sus estructuras y David Collado enfrenta el desafío de sostener su posicionamiento en medio de una creciente disputa por los dirigentes y las bases del partido.

Mientras tanto, Guido Gómez Mazara mantiene presencia en la conversación política y coloca sobre la mesa el debate acerca de la formación, la capacidad de comunicación y las condiciones que debe reunir un aspirante presidencial.

Lo que está ocurriendo dentro del PRM no es un simple intercambio de declaraciones.
Es una disputa por la organización, el liderazgo y la capacidad de construir una mayoría interna.

Y en esa disputa, Wellington Arnaud comienza a ocupar un espacio cada vez más relevante.

Wellington Arnaud: del posicionamiento al crecimiento político

Uno de los datos más significativos de la actual competencia es el respaldo que Wellington Arnaud registra en las mediciones como Marketing Colográfic SRL que le otorga un 20% de preferencia interna y Red Estelar quien le da un 28%.

Estas cifras sitúan a Wellington como un actor de peso en la competencia interna y refuerzan la importancia de observar su crecimiento en un escenario donde ningún aspirante concentra por sí solo la totalidad del respaldo partidario.

El avance de Wellington coincide con una dinámica de incorporación de dirigentes que le permite ampliar su presencia en distintos territorios. Su proyecto no se limita a la exposición pública, sino que procura construir una estructura política con referentes municipales, legisladores y representantes de sectores sociales.

Uno de los momentos destacados fue el acto celebrado en el club Mauricio Báez, donde recibió el respaldo del diputado Carlos Sánchez en una actividad multitudinaria.
A esto se suma la incorporación del exdiputado Ceballos como vocero de su proyecto y del oftalmólogo Moringlaine como coordinador del sector salud.

La lista de respaldos incluye también al exalcalde José Montás, en San Cristóbal; a la diputada Maritza de Ogando; al alcalde de Las Gordas, en María Trinidad Sánchez, y al diputado Orlando Martínez, de Bonao.

La importancia de estos movimientos radica en la posibilidad de extender su estructura y fortalecer sus conexiones territoriales. En una organización política como el PRM, donde los liderazgos locales desempeñan un papel importante, sumar dirigentes significa incorporar experiencia, relaciones políticas y capacidad de articulación.

El reto de Wellington es convertir esa expansión en una organización cohesionada, con presencia permanente y capacidad para sostener el respaldo que reflejan las cifras señaladas.

Carolina Mejía: una estructura que continúa ampliándose

Carolina Mejía tampoco se encuentra inmóvil. Su proyecto presidencial mantiene una dinámica de incorporación de dirigentes y figuras con trayectoria dentro del partido, ampliando su alcance en Santo Domingo y otros espacios de influencia política.

Entre los nombres vinculados a su proyecto figuran Manuel Jiménez, exalcalde de Santo Domingo Este; Adán Peguero, dirigente municipal del PRM; Eligio Jáquez; Geanilda Vásquez; Jesús “Chú” Vásquez; la exprecandidata presidencial Delia Ortiz y la diputada Anny Mambrú, de Santo Domingo Este.

La incorporación de estas figuras constituye un elemento importante en la construcción de una candidatura que busca combinar reconocimiento público, experiencia política y organización partidaria.

Carolina parece comprender que una aspiración presidencial requiere algo más que una imagen reconocible. Necesita dirigentes con capacidad de convocatoria, presencia territorial y vínculos con la militancia.

Su desafío consiste en integrar esos respaldos dentro de una estrategia común, evitando que la suma de figuras se quede únicamente en anuncios y convirtiendo las adhesiones en una estructura organizada.

En ese contexto, la competencia por los dirigentes adquiere un valor particular. Cada incorporación modifica las relaciones internas, obliga a los demás aspirantes a revisar sus estrategias y aumenta la importancia del trabajo político fuera de los escenarios mediáticos.

David Collado y el reto de sostener una estrategia mediática

David Collado ha construido una parte importante de su posicionamiento sobre la exposición pública, su imagen de gestor y la comunicación de los resultados de su trabajo al frente del Ministerio de Turismo.

Esa estrategia le ha permitido mantener notoriedad. Sin embargo, el escenario interno del PRM demuestra que la visibilidad mediática no sustituye necesariamente el contacto directo con las bases ni garantiza que los dirigentes permanezcan indefinidamente en una misma estructura.

El proyecto de Collado enfrenta el desafío de fortalecer la comunicación con sus equipos y mantener una relación constante con los dirigentes que sostienen cualquier aspiración presidencial desde los municipios y las provincias.

La salida de figuras de su entorno hacia los proyectos de Carolina y Wellington se convierte en un factor que merece especial atención. El movimiento de dirigentes no solo representa cambios individuales: también puede modificar la distribución de relaciones, equipos y capacidad de organización dentro del partido.

En política, una candidatura puede tener una elevada exposición pública y, al mismo tiempo, necesitar fortalecer su estructura orgánica. La cuestión central es cómo equilibrar ambos componentes.

Por eso, el desafío de Collado consiste en demostrar que su posicionamiento puede sostenerse más allá de los medios, mediante una organización capaz de mantener el contacto con las bases y de articular un proyecto presidencial que abarque los distintos problemas nacionales.

Guido Gómez Mazara enciende el debate sobre la preparación presidencial

La participación de Guido Gómez Mazara agrega otra dimensión a la competencia. Su planteamiento sobre la formación, las condiciones de liderazgo y la capacidad de comunicación de los aspirantes ha contribuido a colocar el debate programático en el centro de la conversación.

Wellington Arnaud ha reclamado un debate interno entre los aspirantes, una propuesta que permitiría contrastar sus planteamientos y examinar cómo responderían a los principales desafíos del país.

La respuesta de Collado, al definirse como ejecutor y no como filósofo, refleja una diferencia de enfoques acerca de las cualidades que debe reunir un presidente. Sin embargo, la experiencia de gestión y la capacidad de formular, explicar y defender una visión nacional no tienen por qué ser incompatibles.

La presidencia de la República exige tomar decisiones, pero también explicar prioridades, defender políticas públicas y responder por sus resultados.

Un debate permitiría examinar las propuestas de los aspirantes en materia de seguridad ciudadana, empleo, educación, salud, economía, costo de la vida y modernización del Estado. También serviría para que la militancia conozca sus diferencias más allá de los mensajes de campaña.

Guido, por su parte, conserva presencia en la discusión interna aun sin desplegar una actividad pública comparable con la de los principales proyectos. Su participación recuerda que la competencia no se limita a quién tiene mayor exposición, sino que también involucra las ideas, la preparación y la capacidad de articular un discurso político.

El 40 % que ninguno concentra y el peso de las alianzas

Otro elemento relevante del escenario es la distribución del respaldo entre los aspirantes.

De acuerdo con las cifras que hemos observado en todas las mediciones nacionales, ninguno alcanza por sí solo el 40 %, mientras que Guido Gómez Mazara, Wellington Arnaud y Carolina Mejía reúnen conjuntamente el 64 %.

Esa distribución pone de relieve la importancia de una competencia fragmentada, en la que el respaldo se reparte entre varios proyectos y donde las estructuras partidarias, los movimientos de dirigentes y la evolución de las preferencias adquieren especial relevancia.

El dato también ayuda a comprender por qué las incorporaciones políticas son tan importantes en esta etapa. Cuando ningún aspirante concentra una mayoría amplia, cada proyecto tiene incentivos para fortalecer sus equipos, ampliar su presencia territorial y mantener el contacto con la militancia.

La competencia no se decide exclusivamente por la exposición pública. También depende de la capacidad de construir una organización, conservar los apoyos existentes y ampliar las relaciones políticas en los territorios donde se desarrolla la actividad partidaria.

La verdadera disputa está en la organización y el liderazgo

La competencia presidencial del PRM rumbo a 2028 comienza a mostrar una dinámica en la que cada aspirante debe responder a desafíos diferentes.

Wellington Arnaud busca consolidar su crecimiento, respaldado por las cifras señaladas y por la incorporación de dirigentes con presencia política y territorial. Carolina Mejía amplía sus estructuras mediante la suma de figuras con experiencia partidaria, legislativa y municipal. David Collado enfrenta el reto de mantener su posicionamiento público y reforzar el vínculo con sus equipos. Guido Gómez Mazara, entretanto, mantiene vigente la discusión sobre la formación y la capacidad de debatir.

El desenlace dependerá de múltiples factores: la evolución del respaldo interno, la cohesión de las estructuras, la calidad de las propuestas y la capacidad de los aspirantes para mantener relaciones políticas duraderas.

Lo que está claro es que el PRM se encamina hacia una competencia en la que los movimientos de dirigentes y el trabajo organizativo tendrán un peso considerable. La visibilidad mediática seguirá siendo importante, pero deberá convivir con las exigencias de la militancia, que demanda contacto, organización y respuestas concretas.

En el PRM, la batalla por 2028 ya no se limita a quién aparece más: también se libra en quién logra organizar, sumar y mantener unidos a sus dirigentes.

Y en esa disputa, Wellington Arnaud, Carolina Mejía y David Collado continúan ocupando el centro de una competencia que Guido Gómez Mazara contribuye a ampliar con el debate sobre el liderazgo presidencial.

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