Por Miguel Ángel Cid Cid
cidbelie29@gmail.com
La gente parece poseída de un espíritu de inocencia asombrosa. Las candidaturas independientes fueron eliminadas por los partidos políticos sin que se genere la más mínima reacción ciudadana. No quieren entender la magnitud. Así de idiotizados están los ciudadanos.
La Sentencia TC 788-24 del Tribunal Constitucional que reconoce las candidaturas independientes parió su contrario. La Ley núm. 13-26 derogó el capítulo III de la Ley Electoral —20-23— que consagra las candidaturas independientes. Eliminó un derecho ciudadano.
El derecho de elegir y de ser elegidos desapareció. Ahora los partidos políticos impondrán a quién deben elegir los ciudadanos.
Los dominicanos parecen no darse cuenta del alcance de la decisión señalada arriba. Parecen estar idiotizados, vivir en la lógica del “to’ e to, y na’ e na”.
Acaso llegará un día en que se den cuenta que las oligarquías —con cada decisión de los partidos políticos— consolidan su control sobre los intereses de todos. Qué esos que tienen el control son los que cosechan siempre. Pero que, de esa cosecha al pueblo solo les tocan las migajas.
Sin embargo, aquí hay un Estado con un gobierno que debería encargarse de defender los intereses de las mayorías. Un gobierno negado a cumplir la responsabilidad de proteger a la gente que los llevó al gobierno.
El gobierno lo que hace, por el contrario, es proteger a los que están explotando la mina. O sea, defiende a los que se llevan siempre los huevos de oro de la gallina. Y a los de abajo les dejan caer funditas.
A los de abajo, en cambio, les dicen que las funditas dejadas caer como maná del cielo son una bendición divina. Hechizados, ignoran la gravedad de lo que hacen los del gobierno azuzados desde el exterior.
Pero ningún mal dura cien años, un día explota. Los ejemplos están ahí, explotó en abril del 1965, explotó en el otro abril, el abril de 1984. La tercera es la vencida.
Qué nadie diga que lo anterior es nostalgias de izquierdas rezagadas. No. Las condiciones se perciben en las oligarquías insaciables, obedientes a los designios de Gringolandia.
Algunos botones
Los hechos sucesivos, propiciados de manera sistemática con la intención de idiotizar a los ciudadanos son cada vez más evidentes.
Por un lado, cada vez más es mayor la presión que hacen desde el extranjero para apretar la tuerca al pueblo. Los efectos empobrecedores de estas guerras —Ucrania, Irán, Gaza— pesan como si las contiendas bélicas se libraran en “la manigua criolla”.
Los productos comestibles, por derivación, aumentaron de precio. Pero los del gobierno dicen que eso es propaganda de la oposición para hacerles daño.
Las élites oligárquicas, por su lado, se ríen. Pregonan que los productos siguen igual, que nada ha aumentado de precio. Ellos pasan cantando un canto burlón. Los banquetes se exhiben con desparpajo.
Y tienen razón, todo sigue igual: el salario de los “hijos de machepa” sigue igualito que en 1970. Un sueldo que solo alcanza para comer arroz, habichuelas y huevos, en ocasiones.
Los mecánicos, sin embargo, lo saben, la tuerca de tanto apretarla y a veces aflojar un chin termina corriéndose. Entonces los que idiotizan tendrán que coger la de villa diego.
Con Juan Bosch se les fue la mano hace décadas. La gente creyó que gozarían de un gobierno democrático. Pero, luego se dejaron confundir por la propaganda religiosa financiada por la oligarquía y la embajada.
Convencidos de que el demonio comunista debía ser exorcizado propiciaron el Golpe de Estado. La respuesta fue la revolución, pero ésta tuvo que capitular.
Consecuencia de lo anterior, llegó Joaquín Balaguer señalado por el dedo imperial. Su misión, limpiar el escenario. O sea, asesinar a los revoltosos, a los líderes de la revuelta. Los que lograron salvar el pellejo tuvieron que vender su alma al diablo. Sumarse a Balaguer.
Ahora andan historiadores y sabichosos políticos por montones predicando que “Balaguer inició la transición a la democracia”.
¿A cuál democracia se refieren? Será a la democracia de la paz de palo.
En suma, las élites políticas y oligárquicas deberían saber que, por profundo que sea el sueño un día despertaran. Entonces los idiotas avanzaran con rabia.
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