Por Rafael Brito

“No” es una de las palabras más cortas del diccionario, pero para muchos es una de las más difíciles de pronunciar. Y es que recurrir a esta palabra, en muchos casos, puede ser la mejor salida cuando enfrentas situaciones difíciles o incómodas. Sin embargo, por muchos motivos, nos cuesta decir que no.

¿Cuántas veces has estado en una situación económica poco favorable, donde no tienes suficiente dinero y alguien te invita a salir? Pero, por pura presión social, aceptas la invitación, lo que resulta en un gasto económico que no estaba previsto en tu presupuesto.

Sí, aquel sábado por la noche, cuando solo tenías dinero para los gastos de la semana siguiente, pero tu amigo José te llamó y te motivó a ir a la discoteca, donde estarían las muchachas más lindas del barrio. Es aquí cuando la palabra “no” debe emplearse sin titubear, porque si no dices que no, tu presupuesto de la semana no te alcanzará para cubrir tus gastos.

¿Te ha pasado alguna vez que has querido decir que no, pero terminaste diciendo que sí porque no querías quedar mal con tus amigos?

A muchos jóvenes les cuesta decir que no porque tienen miedo de que sus amigos se burlen de ellos, de quedar fuera del grupo o de decepcionar a alguien. En otras ocasiones, buscan la aprobación de los demás, tienen miedo de perder una oportunidad o simplemente no saben cómo establecer límites.

El problema es que, por intentar quedar bien con los demás, algunas veces terminamos tomando decisiones que no nos benefician. Lo que parecía una decisión pequeña puede convertirse en un problema mucho mayor.

Pedro, un estudiante universitario de último año, muy disciplinado y humilde, tenía una oferta de trabajo con un salario de más de cien mil dólares al año. Un día se encontraba compartiendo con unos amigos. De repente, su amigo Pirulo sacó un cigarrillo casero, lo encendió y lo compartió con dos chicas muy lindas que lo acompañaban.

Las chicas le pasaron el cigarrillo a Pedro, quien nunca había fumado en su vida. Sin saber decir que no, consumió de aquel cigarrillo. El grupo de jóvenes pasó horas compartiendo varios cigarrillos caseros, sin medir las consecuencias.

Dos semanas más tarde, Pedro recibió una llamada de la prestigiosa compañía donde iba a comenzar a trabajar con un salario superior a cien mil dólares al año. El representante de la compañía le explicó a Pedro que había sido seleccionado para participar en una prueba de drogas aleatoria que la compañía realizaba con los nuevos empleados.

Lamentablemente, Pedro dio positivo por consumo de marihuana y perdió el trabajo que tanto anhelaba.

He aquí el costo que Pedro tuvo que pagar por no decir que no.

Mi primo Alex se encontraba sin trabajo y con muchas necesidades económicas. Su amiga Magaly le ofreció cien dólares para retirar una gran cantidad de dinero de una agencia de remesas, utilizando su cédula de identidad.

Alex, agobiado por su situación económica y sin dinero para comprar ropa nueva para asistir a una fiesta el fin de semana siguiente, estuvo a punto de aceptar la propuesta de Magaly, pero decidió decir que no.

Días más tarde, Alex se enteró de que Magaly había sido apresada y señalada por la fiscalía como miembro de una red de delincuentes dedicada al lavado de dinero. Pese a no tener dinero, Alex dijo que no y se salvó de ser apresado también.

A veces, un “no” hoy puede evitar un problema mañana.

¿Cómo decir que no?

Decir que no no significa ser grosero ni tratar mal a los demás. Se puede decir “no” con respeto, seguridad y sin necesidad de dar largas explicaciones.

Si no quieres gastar dinero que necesitas para otras cosas, puedes decir:

“No puedo gastar ese dinero ahora.”
Si tus amigos te presionan para hacer algo con lo que no te sientes cómodo:
“No, gracias. Prefiero no hacerlo.”

Si alguien te propone algo que sabes que no está bien:
“Prefiero no involucrarme en eso.”
Si simplemente no quieres participar en determinada actividad:
“Gracias por invitarme, pero esta vez paso.”

Y si una situación te hace sentir incómodo:
“No me siento cómodo haciendo eso.”
No siempre necesitas justificarte. A veces, un “no” claro y respetuoso es suficiente.

Decir “no” puede parecer tan fácil como respirar. Sin embargo, hoy en día muchos jóvenes no saben decir que no.

Aprender a decir “no” es también aprender a establecer límites, tomar decisiones propias y entender que no siempre tenemos que hacer lo que los demás esperan de nosotros.
A veces, un “no” hoy puede evitar un problema mañana.

Decir “no” no significa ser débil, aburrido o antisocial. A veces significa tener suficiente carácter para protegerte de malos pasos y proteger aquello que te ha costado tanto conseguir.

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