RD-Haití: un partido que terminó dejando preguntas mucho más allá del fútbol

 

Más de 20 mil entradas vendidas, un operativo de seguridad puesto a prueba, accesos desbordados y una declaración sobre La Española colocan nuevamente sobre la mesa la necesidad de transparencia, prevención y respeto a la soberanía nacional.

Por Marcos Sánchez

Lo que debía ser un partido de fútbol terminó convirtiéndose en un episodio que, más allá del resultado deportivo, ha abierto una discusión de mayor profundidad sobre seguridad, prevención, responsabilidad institucional, migración, soberanía y, sobre todo, transparencia.

República Dominicana y Haití se enfrentaron la noche del jueves 1 de octubre en el Estadio Olímpico Félix Sánchez, en un encuentro correspondiente a la Liga de Naciones de la Concacaf. Haití se impuso 4-1, con dos goles de Wilson Isidor.

Pero antes, durante y después del partido ocurrieron situaciones que ameritan preguntas que no deberían quedar confinadas al ruido de las redes sociales.

Porque una cosa es el debate espontáneo que se genera en Internet y otra, muy distinta, es la obligación de las instituciones públicas de explicar qué previsiones fueron adoptadas cuando se sabía con suficiente anticipación que el evento tendría una asistencia extraordinaria.

La multitud no llegó por sorpresa

El miércoles 30 de septiembre —un día antes del encuentro— ya se reportaban 21,001 entradas vendidas para el partido, según estimaciones realizadas a partir de la plataforma UEPA Tickets. El Estadio Olímpico Félix Sánchez tiene un aforo deportivo reportado de aproximadamente 24,500 personas.

Es decir, la magnitud de la convocatoria era conocida antes de que se abrieran las puertas.

Las autoridades y organizadores habían anunciado medidas especiales para facilitar el acceso al Centro Olímpico: ingreso exclusivamente peatonal por cuatro puntos —27 de Febrero, Máximo Gómez, John F. Kennedy y Ortega y Gasset— y apertura de las puertas del estadio desde las 5:00 de la tarde, tres horas antes del inicio del encuentro.

Por tanto, no sería correcto afirmar que no hubo planificación.

Sí es legítimo preguntar si aquella planificación fue suficiente para las circunstancias que finalmente se presentaron y esa diferencia es fundamental.

Cuando el control de los accesos se convierte en una cuestión de seguridad

Durante el ingreso se registraron momentos de tensión, empujones y aglomeraciones.

Videos difundidos posteriormente muestran concentraciones importantes de personas en los accesos y grupos avanzando de manera desordenada hacia el interior del recinto. Algunas informaciones reportaron que personas forzaron accesos ante la presión de la multitud.

Otros reportes señalaron la intervención de agentes de seguridad y la afectación de una de las puertas del estadio durante los incidentes.

Es aquí donde una discusión que inicialmente pertenece al ámbito deportivo comienza a adquirir otra dimensión.

No porque el desorden constituya, por sí mismo, evidencia de una intención política o territorial. Tampoco porque pueda atribuirse colectivamente a una nacionalidad y mucho menos porque una multitud que pierde el control de un acceso pueda ser presentada automáticamente como una amenaza de invasión. Nada de eso está demostrado.

Pero sí porque un incidente de estas características plantea una pregunta elemental de seguridad:

¿Qué habría ocurrido si el episodio hubiese escalado?

Esa pregunta no acusa a nadie. Exige prevención.

La presencia haitiana y el deber de no confundir nacionalidad con irregularidad

Las imágenes del encuentro muestran una presencia muy numerosa de aficionados haitianos, muchos de ellos identificados por camisetas, banderas y otros elementos de apoyo a su selección.

Eso forma parte de la realidad observable del evento. Pero existe una línea que un medio responsable no debe cruzar: no es posible determinar la situación migratoria de una persona simplemente por su nacionalidad, su apariencia, la bandera que porta o el equipo al que apoya.

Un ciudadano haitiano puede encontrarse legalmente en territorio dominicano, residir en el país, haber ingresado como visitante o encontrarse en una situación migratoria distinta. Cada caso requiere su propia determinación.

Por eso, la discusión seria no consiste en preguntar cuántos haitianos había para convertirlos colectivamente en sospechosos.

La pregunta correcta es otra: Si las autoridades conocían desde días antes la magnitud prevista del encuentro y la concentración extraordinaria de aficionados, ¿cuál fue el protocolo integral diseñado para garantizar el control, la seguridad y la coordinación institucional durante el evento?

La ciudadanía tiene derecho a conocer esa respuesta.

¿Qué papel tuvo Migración?

Esta es una de las cuestiones que mayor debate ha provocado en las redes sociales.

Hasta el momento, no se ha encontrado una explicación pública suficientemente detallada de la Dirección General de Migración que permita establecer cuál fue exactamente su participación —si la hubo— dentro del dispositivo específico del partido.

Eso no permite afirmar que Migración haya sido excluida deliberadamente, que se haya ordenado su ausencia o que existiera una decisión de permitir el ingreso de personas en condición irregular. Tampoco permite afirmar lo contrario.

Precisamente por eso corresponde preguntar.

• ¿Existió coordinación entre los responsables de seguridad del evento y las autoridades migratorias?

• ¿Se estableció algún protocolo especial?

• ¿Quién determinó las instituciones que participarían?

• ¿Qué mecanismos de identificación fueron previstos?

• ¿Existía un procedimiento para actuar ante cualquier situación irregular detectada?

Son preguntas institucionales, no acusaciones y las respuestas deberían provenir de las autoridades competentes, no de rumores publicados en redes sociales.

Después llegó una declaración que cambió todavía más el tono de la controversia

Concluido el encuentro, comenzó a circular un video en el que el delantero haitiano Wilson Isidor aparece realizando expresiones atribuidas a él como “L’Hispaniola est Haïti” y “Haïti est ici”, traducidas como “La Hispaniola es Haití” y “Haití está aquí”.

Las imágenes muestran al jugador señalando primero hacia el terreno y posteriormente hacia su camiseta. El contenido provocó una reacción inmediata.

El presidente de la Federación Dominicana de Fútbol, José Deschamps, calificó las expresiones como una “falta de respeto q la soberanía nacional » y anunció que elevarían una instancia ante FIFA y Concacaf.

También se produjeron reacciones de figuras públicas dominicanas, entre ellas el senador del Distrito Nacional Omar Fernández, quien respondió públicamente que La Española no es Haití. Aquí también corresponde actuar con precisión.

Una expresión de contenido territorial pronunciada durante un partido entre dos selecciones nacionales puede ser interpretada como una provocación o una afrenta política por parte del público dominicano. Esa interpretación explica la reacción generada.

Pero corresponde igualmente esperar cualquier evaluación oficial de los organismos deportivos competentes antes de afirmar que el jugador incurrió definitivamente en una infracción disciplinaria.

Diario Libre reportó que los reglamentos de Concacaf y FIFA contemplan disposiciones relativas a mensajes políticos, conducta antideportiva y provocaciones al público, y que hasta el momento de su publicación no se había anunciado un procedimiento disciplinario contra Isidor.

La historia no puede utilizarse como combustible para la confrontación

La controversia también ha vuelto a poner en circulación interpretaciones históricas sobre el nombre de la isla y las relaciones entre las dos naciones. Aquí conviene hacer una precisión.

Haití es un nombre de raíz indígena adoptado por el Estado haitiano tras su independencia en 1804. El nombre La Española/Hispaniola tiene una historia distinta y está vinculado a la denominación europea de la isla durante el período colonial. No es correcto afirmar que “La Española” sea originalmente una expresión taína que significa “altas montañas”.

El Archivo General de la Nación conserva documentación de la época de la independencia dominicana y registra, entre otros documentos, la Manifestación de los pueblos de la parte este de la isla antes Española o Santo Domingo, sobre las causas de la separación de la República Haitiana, publicada en 1844.

También conserva documentación relacionada con el establecimiento de la República Dominicana y las relaciones políticas dominico-haitianas inmediatamente después de la proclamación independentista.

La historia de la isla es compleja y está atravesada por procesos coloniales, conflictos políticos, ocupaciones, independencias y la posterior consolidación de dos Estados soberanos.

Precisamente por eso no debería ser manipulada como combustible para el enfrentamiento contemporáneo. Debe ser estudiada. Debe ser enseñada y debe ser conocida.

Soberanía no significa linchamiento digital

En este punto, Exposición Mediática considera necesario fijar una posición editorial.

Defender la soberanía de la República Dominicana no significa promover hostilidad contra ciudadanos de otra nacionalidad.

Defender el cumplimiento de las leyes migratorias no significa atribuir una condición irregular a todo extranjero.

Exigir seguridad no significa justificar abusos y exigir respuestas a las autoridades tampoco significa condenar a nadie sin pruebas.

La soberanía de un Estado se ejerce mediante sus instituciones, sus leyes, sus fronteras, sus autoridades y la capacidad efectiva de hacer cumplir el ordenamiento jurídico.

Por eso resulta igualmente peligroso que las redes sociales se conviertan en tribunales improvisados donde una imagen, un video o un comentario terminan funcionando como sentencia. Pero existe otra cara del problema.

La prudencia tampoco puede convertirse en silencio institucional.

Cuando una sociedad observa imágenes que generan preocupación, el Estado debe explicar qué ocurrió.

Cuando existe un operativo de seguridad, debe poder explicarse quién lo diseñó y bajo qué criterios.

Cuando un evento multitudinario presenta incidentes, deben conocerse las causas.

Cuando una declaración de contenido territorial genera controversia, corresponde establecer su contexto y determinar si produjo consecuencias dentro de las normas aplicables y cuando existen preguntas legítimas sobre migración, deben responderse con datos y procedimientos, no con evasivas.

El silencio deja espacio a la especulación

Las redes sociales tienen una característica que ningún Estado debería ignorar: cuando las instituciones no explican suficientemente un hecho, otros llenan el vacío.

Entonces aparecen las versiones. Unos hablan de permisividad. Otros de negligencia. Otros de provocación. Otros llegan todavía más lejos y atribuyen intenciones que no han sido demostradas.

El problema es que una vez instalada una narrativa en la opinión pública, desmontarla posteriormente resulta mucho más difícil.

Por eso la transparencia no es una concesión del Estado. Es una herramienta de prevención.

Una explicación oficial, documentada y verificable puede cortar de raíz muchas especulaciones.

La ausencia de explicación produce exactamente lo contrario.

Las preguntas que no deberían quedar sin respuesta

Después del encuentro del 1 de octubre, hay una serie de interrogantes que las autoridades y los responsables del evento deberían estar en capacidad de responder:

• ¿Quién diseñó el operativo integral de seguridad?

• ¿Qué instituciones participaron en su planificación?

• ¿Cuántos agentes fueron asignados al evento?

• ¿Cuál era el protocolo establecido para los cuatro accesos anunciados?

• ¿Qué procedimiento estaba previsto ante una concentración superior a la capacidad operativa de determinada entrada?

• ¿Qué ocurrió exactamente cuando una de las puertas fue afectada?

• ¿Cuántas personas ingresaron sin boleto, si efectivamente ocurrió?

• ¿Se produjeron detenciones o identificaciones?

• ¿Qué participación tuvo la Dirección General de Migración en el operativo, si alguna?

• ¿Existió coordinación previa entre Migración, Policía Nacional, Fuerzas Armadas, organizadores y autoridades deportivas?

• ¿Se elaboró un informe posterior sobre los incidentes?

* ¿Qué medidas se adoptarían para evitar que una situación similar vuelva a producirse?

Son preguntas que no buscan culpables anticipadamente. Buscan información.

No estamos para incitar. Estamos para informar

Exposición Mediática no es un medio dedicado a provocar enfrentamientos entre dominicanos y haitianos. No somos incitadores provocadores  promotores de conflictos. Tampoco creemos que una sociedad deba vivir permanentemente alimentada por el miedo.

Sin embargo, no consideramos aceptable que asuntos relacionados con la soberanía nacional, la seguridad pública, el control migratorio o la integridad territorial sean tratados como asuntos menores.

Mucho menos cuando existen hechos concretos que requieren explicación.

Nuestra responsabilidad como medio es precisamente otra: observar, verificar, contrastar, preguntar y publicar aquello que pueda ser sustentado.

•Si una persona incurrió en una infracción, que se determine mediante el debido proceso.

•Si un funcionario actuó correctamente, que pueda demostrarlo.

•Si un protocolo existía, que sea explicado.

•Si hubo fallas, que sean identificadas.

•Si no hubo ninguna irregularidad, que los datos permitan demostrarlo y si existen responsabilidades, que sean determinadas por las instituciones competentes.

La República Dominicana merece respuestas, no rumores

Hay una diferencia fundamental entre el patriotismo responsable y la exaltación irracional.

El primero conoce su historia, respeta sus instituciones y exige que las leyes se cumplan.

La segunda necesita enemigos permanentes.

República Dominicana es un Estado soberano constituido históricamente como nación independiente. El Archivo General de la Nación conserva documentación directamente relacionada con la proclamación de la República y el proceso de separación de la República Haitiana en 1844.

Conocer ese proceso no significa cultivar hostilidad hacia Haití.

Significa comprender cómo se construyó el Estado dominicano y una sociedad que desconoce su propia historia queda mucho más expuesta a que otros le expliquen su presente mediante consignas, rumores o manipulaciones.

Las generaciones actuales y futuras merecen algo mejor. Merecen conocer la historia, conocer sus derechos y conocer sus obligaciones y merecen saber qué hacen las instituciones encargadas de proteger el territorio, mantener el orden y hacer cumplir las leyes.

El partido entre República Dominicana y Haití terminó con un marcador de 4-1.

Pero las preguntas que dejó el partido todavía no tienen marcador. Y esas preguntas no deberían responderse en las redes sociales. Deberían responderse institucionalmente, con transparencia, datos y responsabilidad.

 

El autor es Fundador y Director Editorial de Exposición Mediática. Con tres décadas en medios y veinte años como articulista, ejerce un periodismo de interpretación pública que articula análisis riguroso y reflexión cultural. Su trabajo se centra en la legalidad, la interpretación de procesos complejos y el interés ciudadano. Es además locutor, escritor, profesor bilingüe, creativo y actor. Su propuesta editorial integra un enfoque cultural y didáctico permanente, orientado a la formación de criterio ante debates nacionales e internacionales.

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