Ausencia política y renuncia a la conducción del debate

 

Por Flavio Holguin

Alguien dijo una vez: «Cuando la flor muere deja un espacio en el aire que no lo llena nada ni nadie.»

En política ocurre exactamente lo contrario. Los vacíos no existen, porque todo espacio abandonado termina siendo ocupado por otro actor.
Esa es una de las leyes más inexorables del Poder.

Existe sin embargo, una ley todavía más determinante, que establece: quien controla la agenda pública termina controlando el Poder.

El partido oficial comprendió el enorme valor estratégico de esa realidad.
Entendió que imponer los temas políticos equivale a dirigir la conversación nacional, decidir qué se discute y sobre todo, qué permanece oculto bajo el ruido de la vorágine coyuntural.

Es de suma importancia poner en relieve que quien persigue los temas impuestos por el gobierno se somete a una lógica de subordinación y eso es justamente lo que está ocurriendo con la oposición dominicana.

Resulta inverosímil y políticamente injustificable que los principales partidos de oposición, con décadas de experiencia y amplia trayectoria de Estado, hayan renunciado a construir una narrativa propia para limitarse a reaccionar ante la temática diseñada por el gobierno.

Lo más paradójico es que muchos de los esquemas de comunicación que hoy utiliza la administración del PRM, fueron prohijados o diseñados por esa misma oposición, la cual ahora no sabe imponer su propio argumento.

Mientras el país enfrenta desafíos de enorme trascendencia, la oposición ha sido arrastrada al juego de la distracción del gobierno, soslayando de esta manera los acuciantes problemas nacionales, el primero de los cuales no sólo representa un asunto de seguridad nacional, sino que, además, pondría en peligro la existencia misma de la República Dominicana, a saber:

-La descontrolada y masiva invasión haitiana.
‐ Crecimiento acelerado de la deuda pública.
-inseguridad ciudadana.
-corrupción administrativa.
-Alto costo de la vida.
-Deterioro institucional.
-Censura de la opinión pública.

Resulta penoso observar como deambula torpemente la oposición, perdiéndose en lo claro, cuando permite que el debate nacional sea desplazado hacia controversias estériles, pasajeras y cuidadosamente administradas desde el Palacio

Muchos analistas describen ese fenómeno impuesto por la actual administración, como meras cortinas de humo.
Con ello se persigue desviar la atención pública de los asuntos verdaderamente trascendentales.

Por esa razón, el oficialismo ha invertido cuantiosos recursos en asesoría política, estrategia comunicacional y ha construido una poderosa maquinaria propagandística, cuyo propósito no es sólo galvanizar y defender su gestión ampliamente cuestionada, sino decidir cada día qué tema dominará la coyuntura nacional y cuál desaparecerá del debate.

La estrategia del PRM le ha resultado altamente eficaz. Mientras la oposición permanece reaccionando a cada nueva controversia, el gobierno administra los tiempos, distribuye las prioridades y mantiene fuera del foco los asuntos que comprometen la evaluación de su muy cuestionada gestión.

En política, obligar al adversario a discutir únicamente los temas que uno escoge constituye una de las mayores victorias estratégicas.

La discusión sobre la llamada «ley mordaza», joya de la corona del Nuevo Código Procesal Penal, constituye un ejemplo revelador.

Ese episodio desplazó a los partidos tradicionales del centro del debate y abrió un espacio que fue ocupado por comunicadores, youtubers, creadores de contenido e influencers.

Mientras ellos encabezan la conversación pública, fijan posiciones y movilizan amplios sectores de la sociedad, buena parte de la oposición ha optado por el silencio, la ambigüedad o el confort de la neutralidad.
Valga decir, escurriendo el bulto y lavándose las manos a la usanza de Poncio Pilato.

La política no admite semejantes renuncias a los espacios.
Cuando los partidos abandonan las grandes causas nacionales, otros ocupan de forma natural ese lugar.
No porque los influencers hayan conquistado el liderazgo político, sino porque quienes estaban llamados a ejercerlo decidieron dejarlo vacante.

La consecuencia es inevitable, porque la oposición dejó de conducir el debate nacional para limitarse a perseguirlo. Perdió la iniciativa, cedió el liderazgo y permitió que otros definan las prioridades del país.

Al sustraerse de su rol histórico la oposición comenzó su inexplicable desaparición: primero abandonó las ideas acelerando su decadencia.

Luego abandonó las calles, profundizando su insignificancia. Después renunció a conducir los grandes debates nacionales, para terminar extinguiéndose.
Finalmente, ocurrió lo inevitable: la ciudadanía decidió abandonar la oposición política.

Conviene recordar que el liderazgo no consiste en responder a la agenda del poder, sino en imponer la propia.
Quien no dirige el debate nacional difícilmente dirigirá algún día la nación.

…Las flores, cuando mueren dejan un vacío en el aire.
Sin embargo, los partidos cuando renuncian a su papel histórico, no dejan vacíos, simplemente se apartan del poder para dejarlo servido en bandeja de plata a otros que sí están dispuestos a ocuparlos.

Recalcamos: esa es sin dudas, la ley más inexorable de la política.

El autor es articulista político.

Loading