Por Rolando Hernández
“Debemos ser socios, no rivales”, le expresó el presidente de China Xi Jinping a su homólogo de los Estados Unidos Donald Trump en la reciente cumbre que sostuvieron ambos en el país asiático. El encuentro de ambos mandatarios se realizó en el marco de una tensa situación internacional de la guerra que enfrenta Estados Unidos con Irán.
Trump no solo de hizo acompañar de ministros de su gobierno como por David Purdue, embajador de Estados Unidos en China; el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario del Tesoro, Scott Bessent; el secretario de Defensa, Pete Hegseth; y el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, sino de los más influyentes CEO (por sus siglas en inglés, Chief Executive Officer), es decir el máximo ejecutivo o director general de una empresa como fueron: de Tesla, Elon Musk; de Apple, Tim Cook; de Boeing, Kelly Ortberg; de Nvidia, Jensen Huang, y de Black Rock, Larry Fink.
La reunión de ambos jefes de Estado no solo incluyó la discusión de temas políticos y económicos, sino de plantear la apertura del mercado chino a los influyentes empresarios estadounidenses. Pero de seguro que los chinos se tomarán su tiempo para analizarla y asumir una posición al respecto.
Por Estados Unidos se planteó que China debe influir a fin de que a Irán a no continue con el proceso de enriquecer uranio y suspendiera su programa de crear la bomba atómica, apertura del estrecho de Ormuz. Mientras que China solicitó a los Estados Unidos, no continuar con la venta de armas a Taiwan, isla que reclama la nación asiática de su propiedad.
En el encuentro de tres días del 13 al 15 de mayo, ambos gobiernos establecieron vías de negociaciones a pesar de las disputas por los aranceles, tecnología, inteligencia artificial, energía, infraestructura, minería, inteligencia artificial, comercio agrícola y financiamiento internacional.
En términos geopolíticos, el encuentro tiene repercusiones de forma directa en las naciones de América Latina y El Caribe debido a que entre Washington y Beijing influyen en sectores estratégicos como energía, infraestructura, minería, inteligencia artificial, comercio agrícola y financiamiento internacional.
Xi Jinping en el banquete de bienvenida a Trump y toda su comitiva “al repasar el recorrido de las relaciones chino-estadounidenses, la clave para que la relación pueda avanzar de manera firme radica en si somos capaces o no de mantener el respeto mutuo, la competencia pacífica y la cooperación beneficiosa para ambas partes”.
Mientras que Trump se comprometió que colaborará con Xi para fortalecer la comunicación y la cooperación, gestionar adecuadamente las diferencias y lograr que las relaciones bilaterales sean mejores que nunca antes y también centró su atención en el comercio y en la consecución de acuerdos para que China incremente sus compras de productos agrícolas y aviones de pasajeros.
El encuentro de ambos mandatarios derivó en el establecimiento de un comité para abordar las diferencias bilaterales y evitar que se repita la guerra comercial que estalló el año pasado a raíz del aumento de aranceles decretado por Trump.
La realidad es que Estados Unidos y China representan más de un tercio del Producto Interno Bruto (PBI) mundial y cerca del 20% del comercio global de mercancías. China en los últimos cuarenta años se ha preparado en infraestructura y tecnología por lo que se ha convertido en el principal competidor económico de los Estados Unidos. A pesar de la guerra arancelaria implementada por la Casa Blanca, lo cierto es que los estadounidenses hoy más que nunca consumen múltiples producidos procedente de China.
“Los intereses comunes entre China y Estados Unidos superan nuestras diferencias. La estabilidad en las relaciones chino-estadounidenses es un beneficio para el mundo. Debemos ser socios, no rivales”, debido a que “hemos alcanzado importantes entendimientos comunes sobre el mantenimiento de la estabilidad de los lazos económicos y comerciales, la expansión de la cooperación práctica en distintos campos, y el manejo adecuado de las preocupaciones respectivas” aseguró el mandatario chino Xi Jinping.
Lo cierto es que la rivalidad, aunque no es perjudicial del todo, no es más importante que la de ser socios en un mundo globalizado donde las economías dependen unas de otras.
El autor es periodista, educador y escritor dominicano residente en el estado de Nueva Jersey. Puede ser contactado en rhernandez5@hotmail.com
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