Por Pbro. Felipe de Jesús Colón Padilla
Parece que “la doctrina de los cínicos”, nacida en la antigua Grecia, con Antístenes a la cabeza, y su discípulo Diógenes de Sinope, ha calado en la cultura de muchos pueblos, y República Dominicana no escapa de este virus que afecta las relaciones sociales, las instituciones y la familia.
El cinismo es definido como falta de vergüenza que presenta el individuo al mentir sobre algo, o bien el descaro que dispone al asumirse como defensor a ultranza de acciones y comportamientos que son absolutamente condenables y despreciables. El cinismo es una enfermedad espiritual, y ante verdades irrefutables se defiende con descaro. Hoy por hoy el cinismo ha invadido prácticamente todos los espacios humanos.
En el mundo de la política, encontramos a muchos hombres y mujeres dedicado al quehacer político, que prometen soluciones a males sociales, y luego no le cumplen al pueblo que con su voto le permitió dirigir los destinos de la Patria.
Ser cínico es obrar con irresponsabilidad, pues no tiene escrúpulo para prometer algo que no tiene intención de cumplir; y aunque el afectado es corregido por sus superiores, actúa con desfachatez, porque ante la corrección fraterna no se siente arrepentido, incluso cuando se le increpa por quedar mal ante la responsabilidad asumida; mostrando con ello una insensibilidad espantosa. Remito en este escrito a mis amables lectores sobre la leyenda de Diógenes y Alejandro: Tras conquistar Atenas, Alejandro Magno quiso ir a visitar a Diógenes, filósofo estoico que vivía en un barril, sin más posesiones.
Diógenes con su estilo rebelde cuestionaba y dudaba abiertamente de la autoridad, ofreciendo argumentos filosóficos para cambiar la corrupta sociedad en la que vivía. Al encontrarse Alejandro con Diógenes, le preguntó qué porque le llamaban Diógenes, al perro, y respondió: Porque halago a los que dan, ladro a los que no dan y muerdo a los malos.
Ante acuciantes palabras, le ofreció toda clase de bienes materiales, desde mujeres hasta oro de alto quilates, a razón de la admiración que le procesaba, a lo cual Diógenes, tumbado desde dentro de su barril, le dijo: – “oh gran Alejandro, sólo una cosa te pido”-, a lo cual Alejandro preguntó: -” ¿Cuál? – y Diógenes le contestó: – “lo que quieres es que te apartes porque me estas tapando el Sol”. Por otro lado, el cinismo es como un humo negro que se desplaza como el viento, y penetra en nuestros hogares.
Es una actitud cínica que la esposa o el esposo tenga pruebas fehacientes e irrefutables de que su pareja le es infiel, y una de las partes se niegue con impudicia espectacular. O que no coopera para que la relación conyugal mejore, o no admita las fallas terribles del matrimonio.
Cultivemos la virtud de la sinceridad, la honestidad, fidelidad y la lealtad con todos: personas, amigos, compañeros, con tu pareja y con Dios que es amor y misericordia.
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