Por Carlos Díaz
En el ajedrez político dominicano, las encuestas de prestigio son recibidas como oráculos. Sin embargo, para la militancia del Partido Revolucionario Moderno (PRM), es vital aprender a leer «la letra pequeña» de las fichas técnicas antes de celebrar o lamentar porcentajes.
Recientemente, hemos visto números que han levantado cejas: David Collado con un 61.3%, Carolina Mejía con un 21.7%, Guido Gómez Mazara con 1% y Wellington Arnaud con un 0.8%.
A simple vista, parece una sentencia definitiva, pero cuando desglosamos que estos datos provienen de apenas 240 perremeístas dentro de una encuesta nacional, la realidad estadística nos obliga a ser escépticos por tres razones fundamentales:
1. La explosión del Margen de Error En estadística, el tamaño sí importa. Una muestra nacional de 1,200 personas tiene un margen de error de ±2.8%. Pero al reducir el foco a solo 240 simpatizantes, el margen de error se dispara a un ±6.5%.¿Qué significa esto? Que ese 0.8% de Wellington o el 1% de Guido están estadísticamente en el «suelo» de la medición, donde el ruido desplaza a la señal.
En una muestra tan pequeña, si el encuestador simplemente no pasó por un barrio donde un candidato tiene un núcleo fuerte, ese candidato «desaparece» de la gráfica.
Un 0.8% en una base de 240 personas equivale a que solo 2 personas mencionaron a ese candidato.
¿Podemos decir que dos llamadas telefónicas representan el peso nacional de un ministro o un líder de masas? Técnicamente, no.
2. El fenómeno de la «Polarización Artificial» Cuando una muestra es reducida, tiende a inflar al puntero y hundir a los demás.
El 61% de David Collado frente al 21% de Carolina Mejía en una base de 240 personas es altamente volátil.
Si mañana se repite la encuesta y, por puro azar, el sistema llama a 20 personas más que simpatizan con la gestión municipal de la capital, los números podrían dar un vuelco drástico.
En muestras pequeñas, los resultados no son promedios sólidos, sino «fotografías movidas».
Los porcentajes de un dígito (como los de Guido o Wellington) suelen ser víctimas de un sesgo de subrepresentación: la gente tiende a responder por el nombre que más suena en el momento para no «perder su voto» en la respuesta, ocultando el voto real de estructura.
3. Simpatía de calle vs. Voto de Padrón Gallup mide la «simpatía» del ciudadano que dice ser perremeísta. Pero las convenciones se ganan con el padrón cerrado.
Esos 240 encuestados no necesariamente son militantes carnetizados ni movilizadores de bases.Muchos de los que hoy dicen preferir a un candidato por su imagen pública (voto de opinión), no son los que se levantarán a las 7:00 a.m. a buscar votos casa por casa.
Históricamente, candidatos que marcan menos de un 5% en encuestas abiertas han terminado movilizando estructuras que sorprenden el día de la votación interna.
Conclusión para la militancia Ver a David con 61% o a Wellington con menos de 1% en una submuestra de 240 personas es un ejercicio de percepción, no una auditoría de poder real.
Para el perremeísta de a pie, el mensaje es claro: no se dejen seducir por la euforia ni desanimar por el frío de los números.
En política, cuando la base es pequeña, el error es grande. La verdadera encuesta se está jugando en los frentes sectoriales y en los comités de base, donde el peso de la estructura siempre termina corrigiendo las distorsiones de los muestreos telefónicos.
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