Por Elías Wessin Chávez
Cada cierto tiempo la zurdería rancia o izquierda como bien le parezca mencionar (esa que no innova ni en consignas) desempolva su «disco favorito» y lo pone a sonar con el mismo «rayón» de siempre: «¡El Imperio Yankee quiere el petróleo de Venezuela!».
Lo gritan con tal fervor que uno pensaría que descubrieron el agua tibia. Pero no, es el mismo estribillo gastado, repetido hasta el hartazgo.
Claro, porque cuando se trata de petróleo, la indignación selectiva entra en modo avión. Si el crudo queda bajo la órbita del imperio ruso, del dragón chino o (de ñapa) de Irán, entonces no hay saqueo sino cooperación estratégica.
Cuba ni la menciono porque desde los tiempos de Chávez actúa como copropietaria silenciosa, con usufructo político incluido.
Dicen que Estados Unidos invade para quedarse. La evidencia histórica, sin embargo, suele arruinarles la consigna. Washington entra, ejecuta una operación quirúrgica (sí, quirúrgica) y se retira. Así fue en Panamá con Noriega. Llegaron, lo sacaron con todo y machete, y se fueron. Punto.
En contraste, la añorada URSS ocupó media Europa y se quedó décadas enteras. No fue hasta 1989, con la Caída del Muro de Berlín, cuando los pueblos de Europa del Este despertaron de esa larga pesadilla. Pero de eso no se habla, no combina con el relato.
Hoy, por ejemplo, Cuba envía cinco mil soldados a Ucrania y eso, mágicamente, no provoca ni un tuit indignado, ni una marcha, ni una canción de protesta.
Para la zurdería tropical eso no es intervencionismo, es “solidaridad internacionalista”. La semántica revolucionaria es flexible, se estira, se encoge y se acomoda según quién mande los tanques.
Lo mismo ocurre con China, que no invade, pero «sí invierte». No ocupa, pero sí «financia». No controla, pero sí «gestiona».
Si se queda con puertos, minas, telecomunicaciones y petróleo por los próximos cien años, «es simple cooperación Sur-Sur”.
Pero si una empresa estadounidense compra acciones en un consorcio energético, entonces sí hay saqueo imperial, colonialismo tardío y crimen contra la humanidad.
El tema no es el petróleo. El problema es quién lo toca. Si lo toca Occidente, es robo. Si lo toca el bloque autoritario euroasiático, es justicia histórica. Así funciona la doble moral, no es una ideología, es un malabarismo ético.
Y mientras gritan “¡los Yankees quieren el petróleo!”, guardan un silencio reverencial ante el hecho de que Venezuela ya no controla su propio crudo. Está hipotecado, adelantado, comprometido y administrado por potencias “amigas” que no creen en elecciones, ni en libertades, ni en sindicatos independientes. Pero como no hablan inglés, no cuentan como imperio.
Al final, el grito no es contra el saqueo, sino contra la libertad. No es antiimperialismo, es antioccidentalismo. No es defensa de los pueblos, es lealtad ideológica ciega, incluso cuando esos pueblos pasan hambre, migran en masa o son reprimidos por regímenes “revolucionarios”.
Por tanto sì, «ese disco se rayò» como cantaba el inmenso Johnny Ventura. Se rayò porque no saben tocar otra cosa.
Y mientras tanto, el disco sigue girando a la izquierda, en la vitrola del siglo XX; y se mantiene sonando igual en este siglo XXI.
Con todo y chavismo, Venezuela (con tanto petróleo, pero sin democracia y sin soberanía real) paga la cuenta del concierto.
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