Por Miguel Ángel Cid Cid
cidbelie29@gmail.com

Es ventajoso asumir con tiempo la línea política a seguir. El partido oficialista lo resolvió con precisión de relojería. Decidió —desde 2019— elegir a Leonel Fernández como su adversario preferido. Si ganan en primera vuelta no hay problemas.

La cúpula del PRM pretende ser justa. A cada partido, en consecuencia, le reconoce —con sus acciones— los méritos y valores característicos.

Los del PLD son corruptos y ladrones. Los de la Fuerza del Pueblo son honestos e intocables.
Por tanto, ni Leonel Fernández, ni sus seguidores pueden ser tocados ni con el pétalo de una rosa. Todo lo contrario, la maquinaria represiva del Estado debe protegerlos a toda costa.

Y no es para menos, la Fuerza del Pueblo es el fenómeno político del país. Acumula tanto poder fáctico sobre el gobierno actual que, puede transformar en ciudadanos ejemplares a los corruptos del PLD. Incluso librarlos de la cárcel.

¿Alguien puede señalar algún leonelista salido del todo corrompido que por lo menos se mencione en algún expediente judicial?

Tan cierto es que, un líder del PLD perseguido por el Ministerio Público, sólo con anunciar su paso a la FP —sazzz— borrado el expediente. Porque el maestro, líder y guía se catapultó como el salvador de los peledeístas desertores.

Se entiende —por derivación de lo anterior— que, el peligro sigue siendo el partido morado. Indica, por demás, lo errónea que es la política del partido de gobierno frente a la oposición. Solamente por el supremo deseo de seguir subido en el palo. Están tan obnubilados que van dando palos a ciegas.

En las elecciones del 2024 no hizo falta que los líderes del PRM se descabezaran trazando pautas para ganar. La alianza Rescate que no rescató a nadie se encargó de servirle en bandeja de plata el triunfo en la primera vuelta. Será igual en la contienda del 2028.
Sobrado está que, en política nada puede predeterminase. Pero es de rigor que los candidatos recreen los escenarios probables.

Un ejemplo

En un país que utiliza el sistema de doble vuelta electoral obliga a los partidos políticos en competencia a tener pendiente siempre ese escenario.

El hecho de ver que —en apariencia— Leonel Fernández no sólo mantiene el rango del 28% de votos alcanzados en las pasadas elecciones, sino que va creciendo.

Que al observar sin ojerizas el proceso de reorganización del PLD lleva a una conclusión lógica. El partido morado no es ni sombra de lo que fue —en términos electorales— en las elecciones de 2024. Sólo llegó a un pírrico 10.13%, tuvo que conformarse con el tercer lugar.

Visto en esa dirección, los partidos políticos, pero más el partido de gobierno, deberían sopesar cuál de los dos conviene más para ir a la segunda vuelta.

Piensen ustedes —los perremeistas— que en las elecciones que vienen quedan en primer lugar, pero no superaron el 50% de los votos. Que el segundo lugar lo ocupa Leonel Fernández y le sigue el PLD.

En ese escenario el balotaje —o segunda vuelta— se discutiría con la Fuerza del Pueblo. De ser así, sería poco probable para el gobierno evitar el triunfo de Fernández. Porque los peledeístas se volcarían en tropel a votar en esa dirección.

Pero si, por el contrario, el PLD se alza con el segundo lugar los movimientos adquieren otro matiz. Sin importar que pacten alianza o no, el odio cultivado por los leonelistas contra los peledeístas podría terminar imponiéndose en las urnas.

Sobre esa base, según lo percibo, podría girar la evaluación del PRM del contexto electoral con miras al 2028. Debería, en consecuencia, cambiar —no de adversario— sino de corruptos preferidos. Cambiar de cleptómanos.

No. No hace falta que abandonen el calificativo de santo para uno y de ladrón para el otro. Como hay una gracia de cien años de perdón, qué importa con cuál de los ladrones se midan.

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