Por Alfredo Cruz Polanco
alfredocruzpolanco@gmail.com

Los seres humanos deben ser valorados y juzgados al final de sus vidas, no al principio, pues si bien es cierto que durante gran parte de su existencia pudieron haber realizado grandes y buenas acciones para su país, no es menos cierto que en su postrimería, pueden realizar acciones que tiren por la borda todo lo bueno que hicieron durante sus primeros años

La historia dominicana está llena de casos de personas, líderes políticos, generales, héroes y próceres, que después de haber luchado por nuestra independencia, por nuestra soberanía y por nuestra democracia; de haber librado grandes batallas, de luchar a favor de nuestra libertad y Constitución, terminaron su existencia como villanos, como lacras sociales, pues actuaron como verdaderos traidores a la Patria, entregando nuestra soberanía y vendiéndose al poder extranjero.

Un ejemplo de lo anterior, lo encontramos en el general Pedro Santana, supuestamente, héroe de las Batallas del 19 de Marzo y de Las Carreras, en las luchas por la independencia contra la República de Haití, país que invadió y esclavizó nuestro territorio por 22 años, desde el 1822 hasta el 27 de febrero de 1844, fecha en que logramos nuestra independencia; convirtiéndose en el primer Presidente constitucional de la República Dominicana, en el año 1853, pero luego se convirtió en un déspota y un sanguinario dictador, concluyendo su vida de manera miserable, en la ruina política, al anexar a nuestro país al imperio español, el 18 de marzo de 1861, causándole un gran daño y una gran crisis económica, política y social a nuestra nación.

Algunos historiadores atribuyen esa acción, supuestamente para proteger a nuestro territorio de otra posible invasión haitiana, lo que no tiene ningún sentido político, pues con ese despropósito, estaba entregando de nuevo nuestra soberanía, al convertir nuestra nación en otra provincia española; otros la atribuyen al pago de una gran suma de dinero de la época y por el título, que lo nombraba “Marqués de Las Carreras”.

Antes de esa decisión. Pedro Santana había acusado de traidores a la Patria, a sus verdaderos fundadores, a Juan Pablo Duarte y Diez, a Francisco del Rosario Sánchez y a Ramón Matías Mella, enviado al destierro a Duarte con toda su familia; había fusilado a Francisco del Rosario Sánchez junto a veinte de sus compañeros en El Cercado, San Juan de la Maguana, en 1861, por oponerse a la anexión a España; a María Trinidad Sánchez, tía de Francisco del Rosario, por negarse a delatar a los opositores a la anexión.

También fusiló por celos políticos al general Antonio Duvergé, «El Centinela de la Frontera», héroe de las batallas del 19 de Marzo y de Las Carreras, junto a sus dos hijos; a Ramón Jacinto de la Concha, Pedro Alejandrino Pina, Juan Nepomuceno Ravelo, Juan Evangelista Jiménez, Juan Isidro Perez, Jose María Sierra; en Moca, a José Contreras, Cayetano Germosen, Inocencio Reyes, a Eugenio Perdomo, entre otros tantos, por el simple hecho de oponerse a la anexión a España.

En los últimos días, algunos sectores conservadores, conformados por supuestos intelectuales, escritores, empresarios de la comunicación y «periodistas”, han salido a la palestra pública, de manera absurda, tratando de defender y supuestamente, de reivindicar, la memoria del tirano sanguinario, traidor, anexionista, el que obligó la eliminación del artículo 210 de la Constiucion de la República, para mantenerse en el poder de manera elegítima.

Dichos sectores, están tratando de borrar la verdadera historia de este villano de la patria. Considero que la historia de la República Dominicana debe ser enseñada y estudiada de nuevo profundamente en nuestras escuelas y colegios.

Nuestros verdaderos historiadores, la propia Academia Dominicana de la Historia, la Academia de Ciencias de la República Dominicana, el Archivo General de la Nación, el Instituto Duartiano y la Comisión Nacional de Efemérides Patrias, deben salirle al frente a esta antipatriótica campaña y fijar sus posiciones ante este adefesio.

Estas acciones, obedecen a un plan macabro, que procuran única y exclusivamente, de confundir a la ciudadanía, de distorsionar la verdadera historia dominicana, a un vano intento de disminuir la figura histórica del Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte y Diez; tratando de sacar del lodo putrefacto, la miserable y desprestigiada figura de Pedro Santana, en un momento estelar, en que una gran parte de la ciudadanía, está solicitando que las cenizas de este esbirro, del verdadero traidor a la Patria, que desgraciadamente descansan junto a las de los proceres, héroes y mártires y que él mismo ordenó fusilar, sean exhumadas del Panteón Nacional y trasladas al cementerio de El Seibo.

Recientemente, con motivos del mes dedicado a la Patria, llevé a tres de mis nietos a visitar dicho panteón, para que conocieran donde descansan los restos de los que ofrendaron sus vidas y derramaron su sangre, en procura de dejarnos una nación libre y soberana de toda potencia extranjera. El mayor de ellos me expresó: «abuelo, no entiendo, ¿por qué Pedro Santana, que asesinó a los héroes de la patria, hoy está en el mismo lugar destinado para ellos?

De inmediato comprendí que es una necesidad urgente, la exhumación de las cenizas de Pedro Santana, pues esta situación está generando una gran confusión a nuestros jóvenes estudiantes.

El cadáver de Pedro Santana ha sido el más rechazado, el más repudiado, pues no es aceptado en ningún lugar. Primeramente estuvo ubicado en una iglesia de su natal, El Seibo, luego fue trasladado a la Fortaleza Ozama, por el temor de su familia de que su tumba fuera profanada.

Luego, el 24 de octubre del año 1975, el expresidente Joaquín Balaguer, mediante el Decreto No.1383, después de despotricar, de condenarlo y haber pronunciado un discurso demoledor en su contra, ordenó su traslado al Panteón Nacional, el 23 de julio de 1978, dicha decisión ha sido rechazada por la mayoría del pueblo dominicano, pues la misma constituye una afrenta, una ofensa, un irrespeto, insulto y una humillación a las memorias de los héroes, próceres y mártires que murieron por órdenes expresas de Santana, para dejarnos una Patria libre de toda anexión extranjera.

Permitir que este adefesio, que esta supuesta defensa antihistórica a Pedro Santana encuentre algún eco o resonancia en el pueblo dominicano, sería desconocer el fervor patriótico, la lucha, el sacrificio, la entrega y el martirio sufridos por el fundador y Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte y Diez, junto a los demás Trinitarios y mártires, por dejarnos una nación libre y soberana, por lo que no tendría razón de que Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, continúen siendo reconocidos como los Padres de la Patria y que en su lugar se designe a Pedro Santana como el nuevo Padre de la Patria. Que Dios nos tome confesados.

El autor es Contador Público Autorizado y Máster en Relaciones Internacionales
Ex diputado al Congreso Nacional
Ex Miembro de la Cámara de Cuentas de la República 2010-2016.

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