Por Carlos Díaz
El escenario político dominicano ha estado históricamente marcado por una intensa «guerra de encuestas», una batalla mediática donde los números de intención de voto mutan con sospechosa frecuencia según la corriente que financie el estudio. Lo que teóricamente nació como una herramienta científica para diagnosticar la percepción pública se ha transformado, en no pocas ocasiones, en un instrumento de propaganda destinado a construir «percepciones de victoria» o inducir el voto de arrastre.
A lo largo de los últimos procesos electorales, prestigiosas firmas locales e internacionales han visto tambalear su credibilidad al arrojar resultados que distan estrepitosamente de la realidad expresada en las urnas. Firmas como el Centro Económico del Cibao (CEC), CID Gallup, Sigma Dos y más recientemente ACD Media, forman parte de una cronología de desaciertos que evidencia un mal estructural en el diseño metodológico de la demoscopia electoral del país.
Cronología de Desaciertos: Cuando las Urnas Sepultaron los Números
Las incongruencias entre los vaticinios y los votos reales no son un fenómeno exclusivo del presente. Si pasamos balance al historial electoral de la República Dominicana, encontramos notables fallas en años clave:
El Pecado Original del Siglo XXI: El Caso 2000
La distorsión de la demoscopia moderna en el país tuvo un hito fundamental en el año 2000. Para las elecciones presidenciales de mayo de ese año, la reconocida firma Sigma Dos (en sus publicaciones de marzo y abril para medios nacionales) le otorgaba a Hipólito Mejía apenas entre un 38.8% y un 39.5% de la intención de voto. Proyectaban un escenario sumamente reñido donde Danilo Medina y Joaquín Balaguer le pisaban los talones, forzando de forma inevitable un balotaje.
El resultado real: Hipólito Mejía (PRD) obtuvo un contundente 49.87% de los votos válidos en primera vuelta. Quedó a solo milésimas del 50% reglamentario y asumió la presidencia tras declinar sus contendientes a una segunda ronda. El margen de error de la firma rozó los 11 puntos porcentuales.
Campañas Presidenciales y Congresuales (2008–2016)
Año 2008: En esta contienda presidencial, el Centro Económico del Cibao (CEC), históricamente vinculada a proyectos de la corriente blanca y posteriormente del PRM, proyectaba una brecha sumamente estrecha o escenarios de segunda vuelta. Finalmente, Leonel Fernández se impuso cómodamente en primera vuelta con más del 53% de los sufragios.
Año 2010: Durante los comicios congresuales y municipales, múltiples firmas daban al PRD una sólida ventaja en provincias clave como el Distrito Nacional y Santiago. La realidad final fue un avasallante «paquetazo electoral» a favor del partido oficialista de turno (PLD), dejando los pronósticos opositores sin piso.
Año 2012: El CEC y otras firmas aliadas al proyecto de Hipólito Mejía mantuvieron durante meses la narrativa de que el candidato opositor superaba el 50% de la intención de voto de cara a las presidenciales. Al abrirse las urnas, Danilo Medina obtuvo el triunfo con un 51.2%.
Año 2016: La firma internacional CID Gallup publicó mediciones semanas antes del torneo electoral que vaticinaban un margen significativamente más estrecho e insinuaban la posibilidad de una segunda vuelta frente a la candidatura de Luis Abinader. El resultado oficial fue un aplastante 61.7% para Danilo Medina en primera vuelta. En este mismo proceso, Sigma Dos pecó en el extremo opuesto, inflando al candidato oficialista por encima del 64%.
El Quiebre de 2020: Las Presidenciales Extraordinarias
El proceso electoral de 2020 fue el punto álgido de la manipulación estadística:
Firmas de larga trayectoria, entre ellas Sigma Dos, insistían a pocas semanas del proceso en proyecciones que colocaban a Gonzalo Castillo (PLD) liderando con un 42.9% o forzando de forma holgada una segunda vuelta.
Paralelamente, encuestadoras como el CEC estiraban la brecha a favor de Luis Abinader a niveles que excedían el resultado que finalmente emitió la Junta Central Electoral (JCE), el cual se saldó con un 52.52%.
El Caso 2022: ACD Media y la Consulta Interna del PLD
El error demoscópico más evidente a nivel de procesos partidarios internos ocurrió en octubre de 2022, durante la Consulta de Aspirantes Presidenciales del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Meses previos a la votación, firmas como ACD Media y otros estudios de cobertura universal otorgaban sistemáticamente una amplia ventaja a la ex vicepresidenta Margarita Cedeño como la figura «más popular» y con mayor intención de voto en la población general y simpatizante.
El resultado real: El alcalde de Santiago, Abel Martínez, arrasó internamente con un contundente 62.88% de los votos computados, relegando a Margarita Cedeño a un lejano tercer lugar. El fallo de las encuestas en este escenario fue absoluto y desnudó las carencias del muestreo en primarias.
Anatomía del Sesgo: ¿Por qué Fallan y Parecen «Trajes a la Medida»?
El cuestionamiento popular de que las encuestas se comportan como herramientas de defensa de intereses particulares no es infundado. Existen dos grandes vertientes que explican estas desviaciones: la conveniencia corporativo-política y graves deficiencias metodológicas en el muestreo de partidos.
El Conflicto de Intereses y la Financiación de Proyectos
Las encuestas políticas operan dentro de un mercado económico. En República Dominicana, publicar una encuesta con números desfavorables para el cliente que la sufraga simplemente no ocurre.Las firmas a menudo caen bajo la dinámica de «defender intereses de proyectos» debido a que actúan bajo la estrategia del voto estratégico u opinión inducida. Al inflar a un candidato, buscan desincentivar el voto de las facciones contrarias (haciéndoles creer que «ya perdieron») y atraer a los electores indecisos que prefieren apostar «al caballo ganador». Los números dejan de ser un reflejo de la realidad y pasan a ser una pauta publicitaria.
El Gran Error Técnico: Padrón Universal vs. Padrón Puro
El talón de Aquiles de encuestas como las de ACD Media en la consulta del PLD de 2022, o las del CEC, Sigma Dos y CID en primarias tradicionales, radica en una premisa metodológica falsa: evaluar un evento de militancia cerrada usando un universo de votantes abierto (Padrón Universal).
Para estimar un proceso interno o la fuerza real de una militancia, las encuestadoras suelen recurrir a encuestas telefónicas o de hogares sobre un universo general de ciudadanos. El error estructural opera de la siguiente manera:
Padrón Universal / Ciudadanía en General.
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▼ Pregunta Filtro: «¿A qué partido pertenece usted?»
Respuesta Simple / Autodeclaración No Verificada ──► Genera falsos militantes.
│
▼
Muestra Contaminada para el Análisis.
La falacia de la autodeclaración: El encuestador le pregunta a un ciudadano común en la calle: «¿Es usted miembro o simpatizante del Partido X?». Si la persona responde con una simple respuesta afirmativa —ya sea por simpatía momentánea, por complacer al encuestador o por temor—, la firma lo cataloga automáticamente como un voto activo de ese partido.
La ausencia de un padrón puro: Estas encuestas no cruzan sus muestras con los padrones de militantes depurados y depositados ante la JCE. Al no medir con el listado real de inscritos que poseen compromiso estructural con la organización, terminan recogiendo la opinión de un público flotante que jamás asistirá a un centro de votación partidario.
Por esta razón, figuras con un altísimo nivel de conocimiento y simpatía en la población general (como ocurrió con Margarita Cedeño en 2022) lucen invencibles en las encuestas tradicionales, pero se desploman estrepitosamente ante candidatos con menor exposición mediática general pero con un férreo control de la maquinaria, los comités intermedios y la estructura territorial del partido (como Abel Martínez).
La «guerra de encuestas» en la República Dominicana ha dejado en evidencia que los números electorales ya no pueden leerse de forma lineal. Mientras las firmas encuestadoras sigan validando universos abiertos para dinámicas internas cerradas, y mientras persistan los sesgos de financiamiento que convierten la estadística en propaganda, las urnas seguirán cobrando facturas a la reputación de la demoscopia nacional. Las encuestas no ganan elecciones; a lo sumo, solo compran portadas de periódicos en la víspera de la votación.
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