Por Marcos José Núñez
En el artículo publicado la semana pasada, abordábamos lo que había sido la visita de tres días del presidente Trump a la República Popular China, después de casi diez años que no se producía tal acontecimiento y en el marco de una tensa situación a raíz de la intermitente guerra comercial entre ambos países.
Desde antes que se produjera la anteriormente mencionada visita oficial norteamericana al gigante asiático, ya la cancillería china había anunciado que tentativamente este verano, también se materializaría la próxima visita oficial del presidente de la Federación de Rusia, el señor Vladimir Putin. Sorpresivamente, menos de 12 horas después de haberse terminado la presencia de la comitiva estadounidense en la República Popular China, se confirmó que al día siguiente llegaría a la milenaria capital del paragón oriental, la delegación rusa con el hombre fuerte del Kremlin a la cabeza.
Aunque para casi todo el mundo, el hecho más trascendente, más noticioso, más impactante ha sido la presencia en China del controversial e impredecible mandatario estadounidense, lo cierto es que en los hechos y es quizás lo que no se ve, la visita que reviste más importancia geopolítica es la del líder del pueblo ruso.
Aunque gran parte de los negocios industriales y de fabricación tecnológica de Estados Unidos están relocalizados en China desde hace años, paradójicamente son rivales y competidores en lo militar, en lo político, en lo ideológico, en lo comercial y en lo tecnológico, como quizás nunca antes se vió en otros momentos de la historia de la humanidad actual.
En cambio, la situación con Rusia es distinta. El presidente Putin desde que asumió la presidencia en mayo 7 del 2000, ha viajado un total de 25 veces al país de la bandera roja con las cinco estrellas, incluyendo la que fue su primera visita al exterior a poco de ser juramentado y sin contar los viajes de Xi Jinping a Moscú o los encuentros multilaterales entre ambos.
Aunque en los últimos veinte años de la guerra fría, las relaciones entre China y Rusia se caracterizaron por la desconfianza, la tirantez, el distanciamiento, la tensión y las contradicciones, algo que en gran medida fue auspiciado por Washington para mantener esos países tan poderosos, tácticamente separados, aquello también fue inteligentemente aprovechado por China para lograr concesiones puntuales y un apoyo oportuno de occidente a favor de sus intereses, de tal manera que la estrategia de China resultó exitosa a largo plazo, como se puede observar en su masivo desarrollo y crecimiento económico, aspecto que les ha colocado casi en la vanguardia del mundo.
Hoy día, no sabemos si por torpeza de la política exterior de Estados Unidos o por una variación no prevista del escenario internacional, se observa una fraternización entre rusos y chinos, que apunta a construir una mejorada asociación estratégica que de consolidarse en lo adelante, podría poner en verdadero peligro la supremacía individual que ostenta todavía los Estados Unidos.
Para que se tenga una idea a que nos referimos, Rusia posee la mayor reserva de gas natural de todo el planeta, la mayor cantidad de agua dulce por kilómetro cuadrado después de la Antártida, tiene la tercera capa boscosa más amplia del mundo después del Amazonas y el Canadá, es el tercer productor mundial de petróleo; su arsenal nuclear es mayor que el estadounidense, es el país más grande del globo con más de 17 millones de kilómetros cuadrados y amplias zonas despobladas, tiene salidas al Mar Báltico, Polar Ártico, al Mar Negro, al Mar Caspio, Mar de Azov, indirectamente al Mar de Mármara y al Océano Pacifico; es una súper-potencia garante de la seguridad y estabilidad de los países del Asia Central por donde cruzan varias rutas comerciales eurasiáticas de primer orden; posee notables adelantos en materia de la industria aeroespacial, sistemas de defensa militar y de cyber-seguridad, además de tener control de gran parte de la isla-mundo formada por la unidad territorial de Eurasia.
China por su parte en comparación con Rusia, tiene un porcentaje bajo de bosques, agua dulce y tierras cultivables, aunque ha estado haciendo esfuerzos por habilitar zonas áridas o semidesérticas por vía de terraformación para utilizarlas en desarrollar su agricultura estratégica y garantizar el consumo interno. No produce petróleo y depende de las importaciones de crudo de otros países amigos, como Irán y Rusia. Es el segundo país más poblado del mundo y tiene una sobrepoblación que es ochenta veces la población rusa y por el creciente envejecimiento de sus habitantes, han tenido que abandonar la antigua política de restricción de la natalidad (política del hijo único) implementada en 1979. El alto y robusto crecimiento económico que experimentó por más de una década, ha ido disminuyendo desde 2013 y desacelerándose aún más desde la pandemia de 2020 hasta la actualidad pero, todavía crece más que el promedio de los países del hemisferio occidental. Es el país con la mayor cantidad de minas naturales de tierras raras de todo el planeta, procesando industrialmente un porcentaje muy alto para su uso en diferentes campos. Y por cada patente de invención que se registra en occidente, en China se registran 10. Ni que decir de la cantidad de vehículos militares para aire, tierra y mar que está poniendo en funcionamiento dicho país, al punto de casi igualar a Estados Unidos en esa área, además de que China es el primer socio comercial de más de 100 países del mundo de los 193 existentes.
Y para que estemos claros respecto de lo que se está gestando y el protagonismo mundial cada vez mayor por parte de China, según el índice Hamilton de la prestigiosa Fundación para la Tecnología y la Innovación (ITIF), los avances son tales que a nivel de fabricación de tecnología, el dragón asiático está produciendo una cuarta parte del total mundial, es decir un 24,9% y está liderando con amplitud el mercado global de producción en 7 de las 10 industrias del índice Hamilton más avanzadas, superando comparativamente a Estados Unidos y Europa en menos de una década.
Lo que se está gestando entre China y Rusia es una descomunal alianza extraordinaria de grandes países limítrofes que juntos se pueden considerar un verdadero bloque y que son naturalmente complementarios, es decir, se necesitan mutuamente para prosperar, lo que no se ve tanto entre China y Estados Unidos, dado que eso obedeció a una planeación estratégica entre países distantes; y todo indica que a menos que intervengan otras variables, podrían inclinar la balanza geopolítica del poder hegemónico en las próximas décadas, hacia su propio territorio como centro del mundo. En tal virtud, luego de firmar decenas de acuerdos, el presidente Xi Jinping y su par ruso, emitieron una declaración conjunta y cargada de gran simbolismo, el 20 de mayo desde el Gran Salón del Pueblo en Pekín en la que asumen el compromiso de estrechar su relación bilateral con un claro propósito de prevalecer en la arena internacional, para la cual proclaman audazmente el inicio de la multipolaridad y un policentrismo que impulse el multilateralismo, llamando en primer lugar, al diálogo y al cese de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán por ser claramente violatorios del derecho internacional en estas materias; planteando un nuevo tipo de relaciones entre los países que les permita decidir su camino individual hacia el desarrollo, proclamando la igualdad soberana de los Estados para garantizar su seguridad, exhortando a iniciar una reforma de la vetusta y debilitada Organización de las Naciones Unidas y manifestando la igualdad civilizatoria en lo cultural, espiritual y lo social.
Por vía de la misma declaración, mostraron preocupación por el creciente militarismo de Japón y el acelerado pertrechamiento de sus fuerzas armadas lo cual consideran una amenaza a la estabilidad y la paz de la región Asia-Pacífico. Cabe destacar que el imperio de Japón es un viejo aliado confiable de los Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Y por otra parte, aunque no aparece detallado en el documento, rusos y chinos tienen en planes iniciar la construcción del gasoducto “Fuerza de Siberia 2”, lo que de concretarse, no sólo fortalecería la cooperación en materia energética entre ambas naciones: para Rusia es un negocio billonario que llenará durante décadas de manera constante sus arcas fiscales de recursos frescos y para China continental, se trata de reducir la dependencia de la importación de petróleo de occidente por rutas marítimas y los costos que eso conlleva, al tiempo que la relación transaccional en este rubro, se hará probablemente en yuanes, lo que sería un golpe duro y directo a la vigencia del dólar estadounidense.
Y no huelga repetir, como en el artículo anterior, que nos encontramos en los comienzos de un nuevo orden en el que la activación de las IA nacionales y de las oligarquías tecnológicas, va a requerir grandes cantidades de energía y en ese tenor, vemos los movimientos de fichas que hacen las superpotencias, para asegurar los recursos naturales que le permitan competir en el nuevo escenario de “suave” tri-polaridad con multipolaridad en las sombras, esto es, Estados Unidos, China y Rusia dominando el tablero pero acompañados de potencias emergentes o de segundo grado como Bharat (India), Japón, Corea del Sur, entre otros, y por otro lado, potencias arquetípicas como Reino Unido, Irán y las confederadas en la Unión Europea, quienes seguirían incidiendo en los asuntos globales pero, hasta ahora es una incógnita el cómo se comportarán en lo adelante.
Estados Unidos no está derrotado pero está luchando prácticamente solo como hegemón desde occidente, y la cuestión que viene a colación es ¿dejará que el eje de los asuntos mundiales se mueva al Asia lejana, reduciendo drásticamente su influencia global, sin dar una buena pelea que les permita conservar su grado de importancia hemisférica? ¿Ascenderán nuevos actores que le ayuden en la misión de mantenerse y le acompañen a generar un equilibrio frente a Rusia y China? Hay que ir comprando palomitas y refrescos para ver en pantalla grande que es lo que sucederá en los próximos capítulos de la saga de este largo thriller geopolítico.
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