Por Marcos José Nuñez
Por primera vez en casi una década, un mandatario estadounidense en ejercicio llegó a Pekín, con la presencia de Donald Trump para una visita oficial de tres días del 13 al 15 de mayo a la patria ancestral de pensadores de la talla de Confucio y Lao Tse.
La anterior visita del máximo ejecutivo estadounidense a la nación que ayudó a construir Mao Zedong, se llevó a cabo en noviembre de 2017 y había sido como preludio a la intensa guerra comercial que se declaró poco después desde Washington, alegando que China Popular estaba llevando a cabo prácticas desleales de comercio internacional, cometiendo infracciones masivas a propiedad intelectual, pasando por encima a leyes laborales nacionales y desequilibrando la competencia global en ciertos casos.
Aunque lo anterior no deja de ser cierto, las principales preocupaciones de los Estados Unidos respecto al rol que está jugando la República Popular China con el presidente Xi Jinping a la cabeza en el escenario mundial actual son mucho mayores: no solo están liderando el bloque alternativo de países del Sur y el Este global llamado “BRICS+” acumulando con ello un creciente poder e influencia, sino que además el país del famoso río Yang Tse, ha estado haciendo esfuerzos muy directos por des-dolarizar el comercio internacional algo que va en detrimento directo de los intereses financieros y de dominación de los norteamericanos.
Ni que decir de los notables avances en materia de equipamiento militar con armas y vehículos de aire, tierra y mar de última generación por parte de los chinos. En tal virtud, ni las guerras comerciales con aranceles por las nubes, ni las sanciones quirúrgicas a funcionarios, ni la bio-pandemia desatada en la ciudad de Wuhan, ni el aumento de los precios del petróleo, han podido frenar el ascenso triunfante de China o país del “Reino Medio” (como se llaman así mismos en sus tradiciones) de convertirse en la primera economía del mundo, no solo en crecimiento promedio anual en comparación con los otros nueve países más ricos del planeta, sino que va camino a desplazar en pocas décadas a Estados Unidos de América en tamaño del PIB nominal de manera total.
Para que tengan una idea de lo cerca que está China de volver a alcanzar la cima que ostentaba hasta mediados del siglo XIX, el principal hegemón del occidente americano, se encuentra en la vecindad de los 33 billones de dólares de PIB nominal y el oso panda chino por encima de los 21 billones de dólares, esto cuando comparamos directamente las riquezas de sus economías, en cambio, cuando hacemos el ajuste y calculamos el PIB nominal con la métrica de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), el resultado de la comparación da que China tiene una economía que está sobre los 44 billones de dólares y Estados Unidos rondando los 32 billones, según proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI).
A eso hay que agregar que China en los últimos quince o veinte años, ya ha desplazado a Europa y se ha convertido por ejemplo, en el principal socio comercial del continente africano en lo atinente a compra de materias primas, procesamiento de minerales críticos, explotación petrolífera, inversión extranjera y préstamos estatales. Algo muy similar ha sucedido con Sudamérica, siendo socio comercial de principalía para los gigantes de esa región como son Brasil, Argentina, Perú y Chile.
El panorama internacional para los Estados Unidos de América es poco menos que desolador, dado que ha estado quedándose relativamente aislado incluso en su propia área de influencia inmediata, mientras que China o “El país de todo bajo el cielo” con una diplomacia más o menos inteligente, orientada al comercio productivo y la colaboración digna, hace ver a los estadounidenses como los grandes villanos de la historia.
El conflicto bélico con la república islámica de Irán y sus consecuencias respecto al cierre del estrecho de Ormuz, es un nueva capítulo más en su “larger than life” guerra fría con China continental, solo que de forma indirecta y al tiempo que cumple con su aliado regional incondicional en el cercano oriente, el Estado de Israel, quien desde hace muchos años teme que el régimen de los Ayatollah pueda conseguir un arma nuclear y utilizarla en su contra con las consecuencias que ello tiene.
En sentido general, la visita a Pekín busca bajar tensiones y crear vías de avenencia que permitan una normalización gradual de la situación internacional y al mismo tiempo, en sentido estricto, asegurar e instar a que se respete los intereses de grupos de poder de perfil global como las grandes empresas tecnológicas, la banca de inversión privada y la industria manufacturera, además de establecer canales extraoficiales de diálogo para los futuros momentos de confrontación.
Esta visita del presidente Trump al líder Xi Jinping y la próxima visita que realizará a China por dos días, el presidente ruso Vladimir Putin este verano, busca ordenar, concertar y repartir las áreas de influencia de cada uno de esos hegemones, parecido a como sucedió antes del término de la segunda gran guerra con las conferencias en Yalta y Teherán, pactando incluso los posibles escenarios eventuales de enfrentamiento y en lo referido a los dos principales -China y E.E.U.U.-, cerrando un ciclo que inició con la primera visita de un presidente estadounidense a Pekín, cuando Richard Milhous Nixon estuvo por casi una semana en el país de la Gran Muralla en febrero del 1972.
Estados Unidos no está derrotado pero, China ha superado todas las expectativas que se tenían sobre cómo se comportaría frente al poder global de los gringos y acerca del tiempo que les tomaría a los chinos, el retomar su sitial cimero en el mundo e irónicamente de la mano de una globalización que fue diseñada especialmente por los estadounidenses y europeos para ellos poder controlar todo el planeta y sin embargo, ha terminado por beneficiar ampliamente a su rival del lejano oriente en cada aspecto que podamos revisar.
Respecto al caso de la República de China (Taiwán) aunque el volumen de inversiones de éstos en China continental todavía es mayor que en vía contraria, hay diferentes objetivos para cada potencia: Estados Unidos quiere evitar que la tecnología secreta de sus chips ensamblados en Taiwán caiga en manos de la milicia e inteligencia de China comunista y éstos últimos por su parte, han utilizado su poderosa diplomacia comercial y financiera para cercar y aislar a Taiwán reduciéndolo casi a cero en cuanto a relaciones internacionales, por lo que es solo cuestión de tiempo para recuperarla, sea por la verdad o por la fuerza.
En esa misma tesitura, Estados Unidos sabe que no podría evitar eventualmente la subyugación total de sus aliados de la isla de Formosa a manos de las fuerzas armadas chinas, dada la estrecha cercanía de la región insular de las costas del territorio continental pero, podría ayudar a dar la batalla a sus socios taiwaneses para beneficiar los intereses del sector industrial-militar, solo que bajo unos términos que no pongan en juego su dependencia simbiótica de la mano de obra de los amarillos a lo «Chimerica» como le llamó acertadamente el historiador y analista geopolítico británico Niall Ferguson a principios de siglo, limitándose en lo adelane a una estrategia preliminar de contención a una posible expansión insular ulterior por el mar de China meridional, la que podría ser la próxima movida de Pekín yendo detrás de recursos estratégicos, consolidar rutas comerciales y construyendo su perímetro de seguridad, luego de asentar su control firme sobre la que todavía considera como una provincia rebelde.
Y por último, hay que decir que Estados Unidos de América y la República Popular China no están negociando el devenir de la isla de Cuba, ni su inminente proceso de transición política, porque se da por descontado que La Habana nunca ha sido un aliado estrecho de Pekín, como si lo ha sido de Moscú y como se ha podido comprobar recientemente, las negociaciones entre el régimen castrista y la administración republicana de Trump son constantes, directas y supervisadas por un Secretario de Estado (Ministro de Exteriores) norteamericano de ascendencia cubana como lo es el señor Marco Rubio, aspecto clave de este proceso de cambios mundiales. Se está terminando una era y un viejo orden pero, las grandes superpotencias delinean entre ellas, los planes para el porvenir de una nueva era y lo que ocurra en lo adelante sea guerra híbrida, tensiones diplomáticas o relativa paz global, podría ser de interpretación abierta para el mundo que observa de cerca, el devenir de los acontecimientos.
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