Por Antonio Corcino

Se dice fácil, pero lo que era Juanillo en el 1970 y lo que es hoy Punta Cana, pocas naciones pueden exhibir: una gestión del destino, cuya práctica constituye un ejemplo mundial por su valor social turístico. La instalación del aeropuerto internacional en Verón-Punta Cana implicó la puesta en marcha de talentos para educar y activar la movilidad social en el Caribe y redefinir su territorio.

En estas casi 5 décadas se ha armonizado la transformación de este territorio casi despoblado, sin electricidad ni carreteras, en lo que es hoy. En este momento es el aeropuerto que recibe más pasajeros del Caribe, con más de 11 millones de visitantes en el 2025.

Comunidades como Juanillo, Verón, Bávaro, El Macao, El Salado, La Ceiba y Cañada Honda paralelamente han evolucionado de vivir de la agricultura y la pesca de subsistencia a convertirse en centros de servicios, comercios y empleos formales. De esa forma, el turismo dejó de ser únicamente una actividad hotelera para convertirse en un motor de movilidad social.

En ese sentido, el turismo ya no solo genera empleos directos en los hoteles. También simultáneamente impulsa una economía que dinamiza el desarrollo inmobiliario, transportes, comercios, artistas, vendedores, guías y emprendimientos locales que se extiende más allá de este distrito municipal.

Tal vez no sea necesario agregar un elogio más ante tantos éxitos cosechados. Pero haber coordinado esfuerzos para ampliar las oportunidades educativas, fomentar la inclusión y mejorar la calidad de vida de millones de personas es memorable. También es de orgullo haber moldeado nuestro turismo en un capital social con el poder transformador del patrimonio social de esta comunidad en un bien internacional.

La reorientación de este territorio demuestra que el turismo puede ser un auténtico capital social cuando se asocia educación, inclusión, inversión y desarrollo humano. Su verdadero impacto no se mide solo por cifras de visitantes, sino por ser un puente hacia la prosperidad y por cambiar las comunidades de su entorno más allá de su red de vías terrestres.

Cada etapa de la historia del Aeropuerto Internacional de Punta Cana igual revela la evolución de este territorio. A partir de su inauguración en 1983 como el primer aeropuerto privado de uso comercial internacional del mundo. Con ese acto se abrió la puerta principal para que entre el turismo y así se estableció un modelo de integración productiva y gestión reconocido mundialmente.

La visión de sembrar el turismo como eje del desarrollo produjo resultados que hoy son visibles en el empleo, la inversión, la educación y el bienestar de miles de familias. Aquella apuesta, sustentada en valores y en una planificación de largo plazo, terminó por redefinir el destino de La Altagracia. Como uno de los arquitectos del turismo dominicano, su visión contribuyó a convertir esta actividad en una de las columnas vertebrales del desarrollo territorial y en un instrumento capaz de generar prosperidad familiar.

En última instancia, los flujos turísticos son el resultado de millones de decisiones individuales sobre la confianza. La proyección de República Dominicana como un destino seguro ha sido un trabajo marcado por la constancia. El prestigio reputacional del Aeropuerto Internacional de Punta Cana es una respuesta al compromiso por ese capital invisible. En cada certificación en seguridad operacional, calidad, sostenibilidad y experiencia del pasajero o los premios consecutivos Airport Service Quality y ASQ Customer Experience, nos revela los criterios que priman en su manejo.

Tanto la calificación de cuatro estrellas de Skytrax, como la inclusión en la lista de los cien mejores aeropuertos del mundo, así como el reconocimiento como el Mejor Aeropuerto de Centroamérica y el Caribe, son valoraciones que demuestran que la implementación de una cultura de mejora continua basada en la planificación, la innovación y la excelencia puede consolidar una marca nación.

Por ejemplo, con la incorporación del programa Hidden Disabilities Sunflower en el Aeropuerto Internacional de Punta Cana, un paso esencial por la experiencia del viajero, lo convierte en el primer aeropuerto en la República Dominicana en adoptar este estándar internacional. En general, son señales que confirman que la competitividad turística también se mide por la inclusión, la empatía y el valor social.

De modo que lo que comenzó como una modesta pista de aterrizaje entre palmas canas, en este momento es uno de los aeropuertos más prestigiosos de América Latina y el Caribe. Configuro un ecosistema en Verón-Punta Cana y transformo su potencial en beneficio social. Sus logros a lo largo de este recorrido, tal vez estén relacionados con el azar como una estrategia de imagen; estos frutos son la respuesta de más de cuatro décadas de trabajo sostenido para que sea un catalizador del desarrollo regional.

Sin embargo, su mayor reconocimiento no son solo distinciones internacionales, sino haber demostrado que el turismo, cuando se gestiona con enfoque estratégico, puede convertirse en una de las herramientas más poderosas para el desarrollo económico, la inclusión y la transformación social.

Hoy, el Aeropuerto Internacional de Punta Cana es mucho más que una terminal aérea; representa un ejemplo de innovación y un símbolo de cómo la combinación entre visión empresarial, inversión y responsabilidad social ensancha los límites del desarrollo de las comunidades.

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