Por Marcos José Núñez
Poseyendo un inmenso territorio que en su mejor momento del siglo XX bajo la denominación jurídico-política de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas tuvo su mayor extensión, alcanzando más de veinte millones de kilómetros cuadrados, aun después de su desintegración, todavía hoy Rusia sigue siendo el país más grande del mundo.
Pero antes de proseguir con su extensión y magnitud, vale explicar brevemente sus orígenes y evolución en el tiempo.
Lo que hoy conocemos como Rusia no surgió de la nada. Durante miles de años –antes de los tiempos históricos- fue un territorio enorme habitado por los homo erectus y con la aparición del homo sapiens, por diferentes tribus humanas evolucionadas, cuyas huellas apenas han llegado hasta nosotros, tiempo antes de que aparecieran civilizaciones como la china, babilónica, egipcia, hitita, acadia, asiria, persa, griega, romana, entre otras más en sus diferentes etapas.
Mientras aquellos imperios ocupaban una parte de los territorios europeos y asiáticos al sur de Rusia, surgieron allí naciones de carácter tribal que pasaron a denominar partes de ese territorio con su propio nombre: tal es de Escitia y Sarmacia, es decir, los escitas y los sármatas, pueblos emparentados (de cultura irania), de tipo nómada y guerreros quienes se establecieron en la mayor parte de los territorios rusos y de los que están alrededor del mar Negro.
Los primeros en instalarse en las estepas de Ucrania fueron la tribu de los escitas y muchos siglos después llegaron los sármatas, quienes comenzaron a avanzar en la conquista de territorios empujando a los escitas hacia el sur, más allá del Cáucaso en donde se asentaron definitivamente, mientras lo sármatas se apoderaban de toda las llanuras de Europa oriental con una avance relativamente constante hasta alcanzar el control absoluto de todo lo que estaba ubicado entre el mar Negro y el mar Báltico –de norte a sur- y desde el rio Volga al Vístula, incluyendo parte del valle del Danubio.
Los griegos establecieron colonias y rutas comerciales sobretodo en la zona del mar Negro y del Ponto. Alejandro Magno nunca intentó dominar a esos pueblos, pero si ponderó mantenerlos a raya y la posibilidad de extender su imperio hacia el Mediterráneo occidental y el sur de India, antes que enfilar hacia las estepas de Escitia, como todavía era conocida Rusia en su época.
Los romanos exploraron la zona reiteradas veces pero no hicieron expediciones de conquista territorial permanente, no obstante ya en el siglo V después de Cristo, la ciudad de Kiev aparecía en documentos de la época, colocada en la ruta de comercio entre el imperio romano y Escandinavia, lo que resulta importante para entender la evolución y posterior desarrollo civilizacional de estos pueblos.
Así estuvieron durante siglos, conviviendo incluso en relativa paz con los romanos, hasta que aparecieron los godos en escena desde el siglo III D.C. y comenzaron a reducir el área de influencia de los sármatas gradualmente, terminando por sojuzgarlos y absorberlos, apropiándose de sus fronteras con el imperio romano a quienes pasaron a enfrentar. Pueblos federados con los godos que juntos invadieron Europa más adelante en el siglo V D.C. como los alanos, rozolanos y yázigas al parecer eran parte de los restos de las tribus sármatas que habitaban esa región todavía, hasta que la presión migratoria y bélica de hunos y vándalos, les forzaron a aliarse para hacer frente a poderosos enemigos comunes. Precisamente a esos grupos de sármatas que fueron quedando desplazados y que migraron hasta las orillas del mar Caspio, fue que los romanos y judíos llegaron a denominar como los ‘rashu’ o ‘ros’, término muy parecido al nombre actual de Rusia.
Al producirse las continuas migraciones de los godos y demás pueblos aliados hacia el centro y oeste de Europa por la presión continua de los agresivos invasores procedentes del lejano oriente, denominados como ‘hunos’, quienes más adelante fueron derrotados por la histórica alianza de romanos y bárbaros en la batalla de los Campos Cataláunicos; producido dicho resultado es a partir del siglo V-VI que el antiguo pueblo de los ‘vénetos’ o ‘venetoi’ que registraban autores romanos del siglo I D.C. como Plinio el Viejo, luego rebautizados más adelante como los “eslavos” por los bizantinos, se apoderan de los territorios abandonados por los godos y los hunos en franca dispersión, asentándose principalmente en la parte central y oriental de lo que hoy es el territorio ruso.
Aunque no constituían un país organizado y estaban segmentados en tribus como era la usanza de los pueblos de su tipo, los eslavos del este y oeste eventualmente se erigieron en un poder a tomar en cuenta sobre todo para el imperio romano de oriente con capital en Constantinopla (Bizancio).
La relación bilateral fue relativamente normal -solo con algunos conflictos puntuales-, de manera que con el tiempo, los eslavos (semilla del futuro pueblo ruso) se acercaron lo suficiente culturalmente hablando a los romanos de habla griega de Bizancio como para adoptar masivamente el credo cristiano ortodoxo de la iglesia oriental y un alfabeto derivado de sus runas y del alfabeto griego, llamado ‘alfabeto cirílico’ para poder comunicarse también en su propia lengua escrita.
En esa misma época, esto es, corriendo el periodo de la Alta Edad Media multitud de pueblos procedentes de la región de Escandinavia comenzaron a penetrar también al actual territorio ruso. Mientras los eslavos, las minorías de godos, hunos, sármatas entre otros, se asentaron a orillas del rio Dniéper, los varegos o escandinavos inicialmente estaban afincados en Smolensko, la primera gran ciudad de la zona que sirvió de base de operaciones y de capital a estos pueblos emparentados con los eslavos.
Décadas después y en pleno periodo de su expansión durante el siglo IX, Kiev es entonces elegida como su nueva capital y sede del gobierno; sus gobernantes tenían influencia sobre un territorio mucho menor a los 17 millones de kilómetros cuadrados que ostentan hoy. La jerarquía de gobierno era similar a la de un duque o príncipe, no había reino, kanatos, ni zares todavía en el siglo IX-X en esa parte del mundo. También fundaron el principado que más tarde pasó a ser república de Nóvgorod, el único estado fundado por escandinavos en medio de los diversos principados de eslavos (rusos) ya existentes en la zona.
Sin embargo, a partir del siglo XIII, se produce la invasión tártara del Rus de Kiev, llegando hasta las orillas del rio Volga. Con la presencia de los tártaros, Kiev comienza a perder importancia como capital del estado más importante de entre todos los existentes y comienza el ascenso de Moscú, la cual desde entonces ha sido la ciudad principal de los pueblos eslavos, godos, varegos (vikingos) y tártaros, grupos individualizados que serían la base étnica del futuro imperio ruso.
Con el debilitamiento de los conquistadores tártaros (mongoles) a partir del siglo XV y las continuas invasiones de lituanos y polacos, emerge por oposición y reacción definitivamente, la identidad nacional de los rusos quienes encabezados por Iván III, deciden unificar a los diferentes pueblos y estados circundantes bajo la sombrilla de “Moscovia”, proceso que continuó su digno sucesor Iván IV el Terrible, quien además extendió las fronteras añadiendo territorios a orillas del mar Báltico a finales del siglo XVI.
Los bizantinos dominaron algunas partes del futuro territorio de los pueblos eslavos. Luego de caído el imperio bizantino, unas décadas después de estos hechos, la familia principal de la antigua realeza bizantina, los llamados “Paleólogos” en la persona de la princesa Sofía, emparentó con los futuros zares rusos, casándose con Iván III y en consecuencia, Rusia se asumiría posteriormente como la «Tercera Roma» en términos de importancia política, principalía religiosa y sucesión histórica para los fines de banca y pool, hasta el día de hoy.
![]()

