Por Pbro. Felipe de Jesús Colón Padilla
Hemos iniciado el “Mes de la Patria”, el pasado 26 de enero. El objetivo es resaltar los valores patrios, de tal manera que nunca se olvide las hazañas de los Padres de la Patria y héroes de aquellos que contribuyeron de pasar de esclavos a libres, del paso liberador del yugo haitiano a la Independencia Nacional. La dominicanidad pudo alzarse con el triunfo porque se armaron de valentía, coraje y decisión para darnos un suelo propio, libre de toda potencia extranjera.
Ostentar un espíritu patriótico es propio de almas nobles. Nos corresponde como hijos de la Patria de Duarte, trabajar para que el país alcance un verdadero desarrollo donde los hijos de esta tierra vivan con dignidad. “Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos.” Así lo expresó el hijo de Juan José Duarte y Manuela Díez. “Porque vivir sin Patria es lo mismo que vivir sin honor.” Si queremos hacer realidad el gran deseo del Padre de la Patria, la Iglesia nos recuerda los cinco principios de la Doctrina Social de la Iglesia que brotan del corazón del Evangelio, los cuales son criterios de discernimiento y sirven de guía para la acción social en todos los ámbitos del tejido social.
El primer principio gravita en el bien común, el cual busca que se respete la dignidad de la persona, pues todos somos iguales ante Dios.
Todos tenemos derecho a la alimentación, la salud, a una vivienda, educación, acceso a la cultura, transporte, libre circulación de las informaciones y la tutela de la libertad religiosa. El bien común es el deber de todos los miembros de la sociedad. Es también tarea del Estado, pues el bien común es la razón de ser de la autoridad política.
El destino universal de los bienes, es el segundo principio. Dios ha destinado la tierra y cuanto en ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad (Gaudium et spes, 69). La opción por los pobres es una responsabilidad social. La economía de un país debe estar inspirada en valores morales, no en intereses personales.
El tercer principio consiste en la subsidiaridad. Es imposible promover la dignidad de la persona si no se cuidan la familia, los grupos, las asociaciones, las realidades territoriales locales, en definitiva, aquellas expresiones agresivas de tipo económico, social, cultural, deportivo, recreativo, profesional, político, a las que las personas dan vida espontáneamente y hacen posible un efectivo crecimiento social (Catecismo de la Iglesia Católica # 1882). La encíclica Quadragésimo anno, de Pío XI, nos recuerda que toda acción de la sociedad, al prestar ayuda a los miembros de un cuerpo social, no debe destruirlos ni absolverlos.
El cuarto principio radica en la participación. El pueblo debe expresarse a través de los grupos, asociaciones, instituciones, redes sociales. Limitarlos o restringirlos caeríamos en un régimen totalitario o dictatorial. Aquí el derecho fundamental a participar en la vida pública es negado de raíz.
El quinto y último principio reside en poner en práctica la solidaridad. Ante fortísimas desigualdades sociales, ser solidario con los menos pudientes es un gesto de caridad. Un sistema corrupto, explotador y opresivo, provoca pobreza a todos los niveles.
Nuestro compromiso es con la patria de Duarte y los héroes de la Independencia y de la Restauración, no con los avivatos, oportunistas y lobos feroces que han drenado el bienestar social. La justicia es un valor fundamental, y le siguen la verdad, la libertad y el amor. Sigamos luchando por este suele quisqueyano que nos vio crecer. No pasemos por alto ningún acto de corrupción.
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