Por Marcos José Núñez

Nuestro país ha estado participando con mucho éxito en certámenes deportivos internacionales desde que empezó este siglo.

Aunque el punto de inicio que nos llevó a ser un país más o menos reconocido en deportes, hay que ubicarlo en los primeros Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1974, celebrados en nuestra ciudad capital.

Si algo hay que reconocerle a la generación actual de la clase política dominicana es que a partir de finales de los años noventa, se notó un mayor interés de nuestros gobernantes por elevar el nivel del deporte.

La continuidad del Estado en esta materia, ha garantizado que se apliquen políticas correctivas eficaces a los fines de tener un mejor desempeño deportivo. La cantidad de premios recibidos, se ha incrementado notablemente en comparación con otras épocas.

En esa tesitura, y como consecuencia de lo anterior, nuestros atletas han elevado el orgullo nacional, poniéndonos en el mapa de las competencias regionales e internacionales.

Disciplinas como la halterofilia (levantamiento de pesas), el atletismo, el boxeo, las artes marciales, la lucha libre, el voleibol, el béisbol y el basquetbol nos han traído preseas muy valiosas y gran reconocimiento.

Hemos triunfado montando los Juegos Centroamericanos y los Panamericanos, así como algunos torneos de selecciones o especializados de clase mundial.

Ya es hora de dar el siguiente paso evolutivo en lo cualitativo y cuantitativo en materia deportiva.

En Estados Unidos, Canadá, México y Brasil se han montado eventos masivos del deporte mundial como son las olimpiadas, iniciadas originalmente en el continente europeo.

Una competición mundialista en decenas de categorías y docenas de deportes en tiempo de verano cada cuatro años, convoca al planeta en torno al disfrute de los juegos y el sano enfrentamiento por obtener los primeros lugares en cada disciplina.

Aquí en la isla de Santo Domingo, donde todo empezó en las Américas, desde donde se llevó a cabo el proceso neo-civilizador europeo, debemos impulsar y asumir el compromiso de montar unos juegos olímpicos, no solo por para hacernos más visibles en el globo terráqueo, sino para mostrar que si podemos ser anfitriones, que si podemos ascender en el medallero y que mejor que coincidiendo con el año de celebración del bicentenario de nuestra verdadera independencia nacional.

¡Comencemos a hacer el esfuerzo mancomunado en favor del deporte global para su primera vez como sede en el Caribe y como homenaje a toda nuestra historia y cultura compartida. Estamos a tiempo!

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