Por Mark Rumors
La lluvia golpeaba el antiguo centro de detención como si Washington entera intentara borrar aquel lugar de la existencia.
Helicópteros federales iluminaban intermitentemente el edificio desde el cielo. Vehículos blindados rodeaban el perímetro. Francotiradores permanecían inmóviles sobre estructuras vecinas.
Drones tácticos atravesaban lluvia y estática intentando recuperar señal estable y aún así, el edificio seguía sintiéndose completamente fuera del control federal. Como si perteneciera a otra cosa. Otra época. Otro trauma.
Dentro del puesto táctico móvil, los radios explotaban constantemente: interferencias, órdenes contradictorias, rutas bloqueadas, equipos perdiendo visual y drones inutilizados
El sistema comenzaba a fragmentarse bajo presión. Exactamente como The Pop Killer quería. Anthony Martínez observaba las pantallas sin moverse. La última transmisión seguía congelada: las puertas abiertas del centro de detención. Esperándolo. Patrick Löwenthal apareció junto a él.
—Todavía podemos controlar esto.
Anthony tardó en responder.
—No.
Miró nuevamente el edificio.
—Ya entramos en su escenario.
El Secretario de Seguridad Nacional ingresó violentamente al puesto móvil.
—¡La Casa Blanca quiere resolución inmediata!
El comandante táctico del HRT reaccionó primero.
—¡Entonces entramos ya!
Patrick se interpuso inmediatamente.
—¡No sin protocolo de captura!
El hombre lo miró con incredulidad.
—¡¿Todavía quieres capturarlo vivo después de todo esto?!
Patrick sostuvo la mirada.
—Sí.
—¡Ese psicópata tiene armamento militar!
—Y muerto se convierte en símbolo.
Anthony permanecía observando el edificio. Entonces habló:
—Él sabe que van a querer matarlo.
Todos giraron hacia él.
—Toda esta operación también trata sobre eso.
—Quiere obligarlos a demostrar que el sistema solo responde con fuerza cuando ya es demasiado tarde.
La tensión se volvió insoportable. Porque otra vez…tenía razón. Las órdenes terminaron fracturándose. Algunas unidades recibieron prioridad de captura. Otras autorización letal.
Ese caos operativo comenzó a propagarse rápidamente entre agencias. FBI. HRT. Seguridad Nacional. Equipos tácticos federales. Todos intentando controlar el desenlace. Todos queriendo el crédito final.
A las 11:42 p.m., la energía externa alrededor del centro murió completamente. Oscuridad total. Solo luces tácticas. Lluvia. Sirenas lejanas. Anthony cargó su arma lentamente. Patrick lo observó.
—No hagas esto solo.
Martínez respondió sin mirarlo.
—Nunca fue solo.
Martínez avanzó hacia el perímetro. La entrada principal del centro de detención parecía la boca abierta de una criatura muerta. Concreto húmedo. Óxido. Sombras y silencio. Demasiado silencio. Equipos tácticos comenzaron ingreso controlado.
Anthony y Patrick al frente. Detrás: operadores HRT, escudos balísticos,equipos nocturnos y armamento pesado. Las linternas atravesaban polvo suspendido y pasillos corroídos.
Cada paso hacía eco y entonces apareció el primer mensaje. Pintado sobre una pared húmeda: “Nadie abrió la puerta.”
Silencio absoluto. Patrick sintió tensión inmediata entre los operadores. Porque el lugar ya no parecía solamente una escena táctica. Parecía memoria viva.
Avanzaron más profundo. Celdas destruidas. Puertas arrancadas. Marcas antiguas de incendio y nuevas cámaras instaladas clandestinamente observándolos desde esquinas oscuras. The Pop Killer llevaba mucho tiempo preparando aquello. Muchísimo tiempo.
Una explosión estremeció repentinamente el ala este. Violenta. Concreto cayendo. Luces tácticas moviéndose caóticamente. Radios explotando.
—¡Contacto!
Entonces, comenzó la balacera. Disparos automáticos atravesaron corredores completos. Operadores cubriéndose tras columnas destruidas. Cristales explotando.
Anthony reaccionó inmediatamente.
—¡Cobertura izquierda!
Las ráfagas provenientes del nivel superior eran precisas. Militares. Controladas. The Pop Killer no disparaba para intimidar. Disparaba para desplazar. Para dividir. Para empujar equipos hacia rutas específicas. Exactamente como Anthony había anticipado.
Un operador cayó herido. Otro perdió visual al intentar avanzar. Granadas de humo comenzaron a llenar parcialmente el corredor principal. Patrick gritó órdenes intentando reorganizar líneas tácticas.
No obstante, el edificio estaba diseñado para destruir coordinación y The Pop Killer lo conocía perfectamente. Entonces ocurrió algo peor. Una detonación secundaria sacudió el perímetro externo. Radios colapsando inmediatamente.
—¡Impacto RPG!
El silencio dentro de Anthony fue instantáneo.
El uso del RPG por parte de The Pop Killer acababa de elevar oficialmente la confrontación a guerra táctica abierta.
Helicópteros reposicionándose violentamente afuera. Equipos externos entrando en pánico operacional. Algunas unidades comenzaron a pedir autorización inmediata para eliminación total.
Patrick respondió furioso desde radio:
—¡NEGATIVO! ¡LO QUIERO VIVO!
El comandante táctico gritó desde otra frecuencia:
—¡Nos está masacrando!
Anthony avanzaba entre humo y concreto roto.
Solo. Porque ya entendía algo esencial: The Pop Killer estaba aislándolo deliberadamente y entonces lo vio. Al final del corredor central.
Armado. AR-15 colgando tácticamente y una Glock 19 Gen5 en mano. Inmóvil. Esperando.
La lluvia entrando parcialmente desde techos destruidos hacía que el lugar pareciera un mausoleo abierto. Anthony levantó lentamente su arma. The Pop Killer sonrió apenas.
—Sigues pensando demasiado…
Y abrió fuego. La balacera entre ambos fue brutal. Precisa. Violenta. Anthony utilizando cobertura mínima entre columnas destruidas.
The Pop Killer desplazándose con entrenamiento militar impecable. Ráfagas cortas. Reposicionamiento constante. Cambio fluido entre armas. Ninguno lograba ventaja definitiva, ya que ambos entendían perfectamente cómo peleaba el otro.
Anthony logró impactar parcialmente el hombro del antagonista, pero apenas redujo su movilidad. The Pop Killer respondió destruyendo iluminación superior.
Oscuridad parcial inmediata. Solo destellos de disparos. Ruido. Respiración. Eco metálico y entonces la voz del antagonista emergió nuevamente desde la oscuridad:
—El sistema reescribe el pasado para sobrevivir.
Anthony avanzó lentamente.
—¡No justifica lo que hiciste!
La voz volvió.
—Convierte cada culpa en algo abstracto.
Otro disparo. Concreto explotando cerca de Anthony.
—Nadie quería mirar realmente lo que pasó aquí.
Anthony respondió mientras cambiaba posición.
—¡Y tú decidiste convertirte en verdugo!
Silencio breve. Luego una risa seca.
—No…decidí obligarlos a mirar.
The Pop Killer emergió nuevamente disparando desde una escalera destruida. Anthony respondió inmediatamente. Intercambio feroz.
Cristales reventando. Fragmentos metálicos cayendo alrededor y entonces el antagonista habló otra vez:
—Todos construyen versiones suaves de sí mismos.
Realizó un disparo y expresó: —Todos esconden el espejo.
Anthony avanzó agresivamente ahora. Ya no solo respondiendo. Presionándolo.
—¡Tú también lo hiciste!
Eso generó el primer silencio real. Anthony continuó:
—¡Culpar al sistema era más fácil que aceptar en qué te convertiste!
The Pop Killer endureció el rostro inmediatamente y volvió a disparar con furia auténtica por primera vez La pelea comenzó a desplazarse hacia el núcleo antiguo del centro de detención.
Las antiguas puertas de seguridad. El lugar exacto donde murió su madre y Anthony lo entendió instantáneamente. Todo. Toda la ciudad. Todo el caos. Toda la operación. Todo había sido para regresar ahí.
Patrick y los equipos tácticos intentaban alcanzar la posición, pero el edificio seguía fracturando comunicación constantemente.
Explosiones menores. Puertas sellándose. Interferencias. The Pop Killer había convertido el centro completo en un organismo hostil.
Anthony finalmente entró al antiguo corredor de aislamiento. Oscuro. Húmedo. Podía escuchar respiración al fondo. Entonces vio la vieja puerta oxidada. El lugar donde comenzó todo y The Pop Killer estaba esperándolo frente a ella, sangrando parcialmente. Armado todavía, pero distinto. Más humano. Más roto.
—¿Sabes qué descubrí aquí? —preguntó lentamente.
Anthony mantuvo el arma firme.
—Que nadie viene realmente.
Silencio.
La lluvia golpeaba estructuras superiores abiertas. El antagonista continuó:
—Todos esperan que otro abra la puerta.
Pausa.
—Todos desplazan culpa.
Anthony respondió lentamente:
—¡Y tú decidiste repartir sufrimiento porque no soportabas el tuyo!
El rostro del antagonista cambió apenas. Como si aquella frase hubiese encontrado finalmente algo real debajo de toda la furia.
—No entiendes nada —murmuró.
Anthony avanzó un paso.
—¡Te entiendo demasiado!
Silencio absoluto.
—Eso es lo peligroso.
The Pop Killer levantó nuevamente su Glock 19 Gen 5, pero ahora había algo distinto en él. Vacilación. Minúscula. Casi invisible. Anthony la vio inmediatamente ya que llevaba todo el caso aprendiendo precisamente eso: cómo dudaba. Cómo pensaba. Cómo reaccionaba y por primera vez, The Pop Killer ya no parecía controlar completamente el escenario.
Entonces ocurrió el último intercambio. Disparos brutales a corta distancia. Anthony desviándose apenas entre impactos metálicos.
El antagonista intentando reposicionarse, pero Anthony ya había reducido distancia completamente. Golpeó el arma. La Glock cayó girando sobre el concreto mojado y ambos chocaron violentamente cuerpo a cuerpo.
El impacto fue brutal. Anthony sintió el hombro estrellarse contra el pecho del antagonista mientras ambos atravesaban una vieja mesa metálica oxidada.
El ruido retumbó por todo el corredor. The Pop Killer reaccionó primero. Golpe corto al abdomen. Preciso. Militar. Anthony retrocedió apenas sin perder equilibrio.
El antagonista avanzó inmediatamente intentando cerrar distancia otra vez, descargando un puñetazo seco contra el rostro de Martínez, quien logró desviar parcialmente el impacto, pero aún así sintió sangre brotarle del labio.
La lluvia seguía entrando desde estructuras destruidas del techo. Agua mezclándose con polvo, sangre y concreto. El antiguo centro de detención parecía desmoronarse alrededor de ellos.
The Pop Killer lanzó otro golpe. Anthony bloqueó. Respondió con un codazo brutal al costado del cuello. El antagonista absorbió el impacto y respondió inmediatamente con una rodilla violenta al abdomen que obligó a Martínez a retroceder dos pasos.
Respiración rota. Agotamiento extremo, pero ninguno disminuía intensidad porque ambos entendían algo: solo uno saldría realmente completo de aquel lugar.
Las radios explotaban al fondo del corredor.
—¡Equipo Bravo listo para ingresar!
—¡Tenemos disparos internos!
—¡Autorización letal pendiente!
Patrick gritaba desde otra frecuencia:
—¡NADIE DISPARA HASTA QUE YO ENTRE!
Pero el sistema ya comenzaba a fracturarse otra vez. Algunas unidades querían capturarlo. Otras simplemente querían terminar aquello a cualquier costo y The Pop Killer sonrió apenas al escuchar el caos distante.
—¿Lo ves?
Anthony volvió a golpearlo violentamente contra una pared húmeda.
—¡¿Ver qué?!
El antagonista respiraba agitado ahora. Por primera vez verdaderamente agitado.
—¡El sistema siempre termina rompiéndose solo!
Anthony descargó otro golpe directo al rostro. Seco. Potente.
—¡No!
Otro impacto.
—¡Las personas lo rompen!
The Pop Killer reaccionó con furia auténtica esta vez. Embistió a Anthony contra una antigua puerta metálica. El concreto vibró violentamente.
Luego comenzó a golpearlo salvajemente: costillas, mandíbula, abdomen y cuello. Anthony apenas lograba cubrirse parcialmente.
El antagonista seguía peleando como un operador élite incluso herido. Preciso. Instintivo. Destructivo, Pero había algo distinto ahora. Algo quebrándose debajo de toda aquella violencia.
—Todos esconden lo que son realmente —gruñó The Pop Killer mientras forcejeaba por control físico—. Todos crean versiones más suaves de sí mismos.
Anthony logró apartarlo con violencia. Respirando sangre. Agotado.
—Y tú construiste una guerra completa para no admitir que elegiste convertirte en esto…
Silencio instantáneo. Aquella frase golpeó diferente. Más profundo. Más real. The Pop Killer avanzó nuevamente… pero esta vez hubo algo apenas visible en su movimiento.
Vacilación. Minúscula. Humana. Anthony la vio inmediatamente. Porque llevaba todo el caso aprendiendo precisamente eso: cómo dudaba, cómo reaccionaba, cómo escondía el dolor detrás del control absoluto.
Las luces tácticas parpadearon violentamente. Sirenas lejanas. Helicópteros sobrevolando arriba y en medio del corredor destruido, The Pop Killer permaneció inmóvil apenas un segundo, como si finalmente estuviera demasiado cansado para sostener intacta la narrativa que había construido.
Justo en ese instante… fue suficiente. The Pop Killer lanzó otro golpe. Anthony lo esquivó. Entró dentro de su guardia y descargó un izquierdazo brutal directamente sobre el rostro del antagonista.
El impacto fue seco. Devastador. The Pop Killer cayó violentamente contra el concreto y Anthony, respirando sangre y lluvia, lo miró desde arriba. Entonces pronunció finalmente:
—¡¿Quién duda ahora?!
Silencio absoluto.
El antagonista intentó incorporarse. Pero el cuerpo ya no respondió. Justo en el momento que equipos tácticos irrumpieron segundos después. Armas levantadas. Láseres apuntando directamente al cuerpo del antagonista.
Algunos operadores gritaban autorización letal inmediata. Patrick apareció detrás de ellos.
—¡NADIE DISPARA!
Silencio explosivo. Patrick avanzó lentamente. Miró al hombre derrotado sobre el suelo y habló con absoluta firmeza:
—Vivo. Porque un muerto no habla…
La lluvia seguía entrando por estructuras destruidas. Washington seguía operando afuera bajo caos federal, pero dentro del antiguo centro de detención…todo finalmente había quedado inmóvil.
Anthony observó lentamente la vieja puerta oxidada. Comprendiendo algo terrible: si alguien hubiese abierto aquella puerta años atrás…todo esto jamás habría ocurrido.
Pero también comprendiendo algo todavía más importante: el dolor no convierte automáticamente a nadie en monstruo. Las decisiones sí.
The Pop Killer levantó apenas la vista hacia Anthony. Ya sin furia. Solo agotamiento. Miraba como si finalmente no quedara ilusión, distorsión, ni narrativa posible donde esconderse.
Solo verdad. Cruda. Irreversible. Humana. Y bajo la lluvia interminable del lugar donde nació todo…The Pop Killer cerró lentamente los ojos mientras el sistema entero, finalmente obligado a mirar de frente su propio reflejo, permanecía en absoluto silencio.
Patrick Löwenthal cometió el error de creer que aquello realmente había terminado.
—¡Médico! —ordenó inmediatamente—. ¡Muévanse ya!
Dos paramédicos tácticos comenzaron a aproximarse mientras varios operadores aseguraban parcialmente el corredor.
Anthony permanecía sentado contra una pared húmeda, respirando con dificultad. El rostro golpeado. Sangre mezclándose con lluvia sobre su mandíbula. Las costillas ardiéndole, pero completamente consciente.
Patrick se acercó rápidamente hacia él.
—¿Puedes levantarte?
Anthony intentó incorporarse apenas.
Dolor inmediato.
—Dame un segundo…
El líder de la unidad antibombas avanzó lentamente observando alrededor. Algo no encajaba. Demasiado silencio. Demasiada calma después de semejante confrontación.
Entonces escuchó algo. Muy leve. Casi imperceptible. Un pulso digital. Rítmico. Intermitente. Su expresión cambió instantáneamente.
Porque su agudo sentido de misofonía le permitía detectar patrones sonoros que otros ignoraban completamente. Giró rápidamente hacia Patrick.
—¡Tenemos que evacuar ya!
Patrick lo miró confundido.
—¡¿Por qué?! ¡¿Qué pasa?!
—¡Escucho un temporizador digital!
Anthony levantó apenas la vista. El operador antibombas avanzó desesperado observando columnas y paredes húmedas.
—¡Puede ser C4! ¡Necesitamos salir AHORA!
Pero el caos operacional seguía dominando el ambiente. Radios saturadas. Agentes entrando y saliendo. Paramédicos intentando asistir heridos y Patrick, todavía concentrado en Anthony, reaccionó tarde. Demasiado tarde.
Porque The Pop Killer abrió los ojos y se levantó violentamente. El golpe contra el operador antibombas fue brutal. Un puñetazo seco directamente al rostro. El hombre cayó completamente desorientado contra una columna metálica.
Patrick apenas reaccionó cuando recibió una violenta patada al abdomen. El aire abandonó instantáneamente sus pulmones. Cayó de rodillas.
Anthony intentó incorporarse. Dolor insoportable atravesándole las costillas entonces vio algo helado.
The Pop Killer sacando una jeringa desde uno de los bolsillos cargo de sus pantalones. La clavó brutalmente en su propio cuello. Presionó el émbolo. Morfina.
Respiró profundo apenas segundos después. Como si obligara artificialmente a su cuerpo a seguir funcionando. Luego sonrió. Una sonrisa rota. Peligrosa y miró directamente a Martínez.
—Tu compañero es cerebral…
levantó lentamente otra mano
—pero poco táctico…
Anthony vio entonces el detonador. Negro. Compacto. Listo para activación.
—Pésimo escucha, por demás…
El corredor completo pareció congelarse. The Pop Killer levantó ligeramente el detonador.
—Esto aún no acaba.
Pausa.
Y entonces pronunció lentamente:
—Existe diferencia entre fin y final.
Anthony sintió un escalofrío recorriéndole el cuerpo.
—Estoy a punto de ejecutar ambos.
Martínez reaccionó inmediatamente. Se abalanzó hacia él antes de que pudiera presionar completamente el detonador.
Logró sujetarle violentamente el antebrazo. Ambos chocaron contra el suelo mojado. Forcejeando salvajemente. Anthony empujando toda la presión directamente sobre la muñeca del antagonista.
The Pop Killer gruñó de dolor y el detonador salió despedido golpeando el concreto húmedo. En eso, Patrick logró ponerse de pie tambaleándose y entonces finalmente vio las columnas. Pequeñas luces digitales parpadeando intermitentemente entre estructuras metálicas.
Rojas. Sincronizadas. Cuenta regresiva. El horror le atravesó instantáneamente el rostro.
—¡Dios mío…!
Tomó rápidamente la radio.
—¡EVACUACIÓN TOTAL! ¡EL LUGAR ESTÁ MINADO! ¡REPITO, EVACUACIÓN TOTAL INMEDIATA!
El caos explotó afuera. Operadores corriendo hacia salidas. Radios saturadas. Gritos. Sirenas. Helicópteros reposicionándose violentamente sobre el edificio.
Patrick levantó nuevamente su arma reglamentaria. Apuntando directamente hacia The Pop Killer mientras avanzaba lentamente hacia el detonador caído.
Anthony seguía forcejeando brutalmente con él. Agotado. Golpeado. Pero resistiendo.
—¡LÁRGATE DE AQUÍ! —gritó Anthony hacia Patrick.
Patrick ignoró la orden. Intentaba conseguir un disparo limpio, pero The Pop Killer seguía moviéndose violentamente intentando liberarse.
Sangre descendiendo desde el hombro izquierdo perforado por Anthony durante la balacera anterior. Mucha sangre y aun así, seguía siendo aterradoramente fuerte.
Con un movimiento brutal logró finalmente zafarse. Golpeó violentamente a Anthony en el rostro. Luego le propinó una feroz patada al pecho lanzándolo varios metros sobre el concreto mojado.
Martínez apenas logró respirar y entonces escuchó al antagonista gritar:
—¡SE ACABA AHORA!
The Pop Killer corrió directamente hacia Patrick, ya que Löwenthal jamás podría enfrentarlo físicamente.
Chocaron brutalmente contra el suelo. Golpes secos. Forcejeo desesperado. La pistola reglamentaria salió despedida girando por el corredor, deteniéndose apenas a metros de Anthony, quien reaccionó inmediatamente.
Ignorando el dolor, Martínez arastrándose, tomó el arma y levantó la vista justo cuando The Pop Killer lograba incorporarse nuevamente con el detonador ya en mano.
Sangrando. Empapado. Respirando morfina y adrenalina. Pero todavía sonriendo.
—Vine dispuesto a morir hoy…
miró fijamente a Anthony
—¡Aún dispares o no!
Sin titubeos, The Pop Killer presionó el detonador, provocando inmediatamente que la primera explosión estremeciera brutalmente todo el edificio. Luego otra y otra.
El antiguo centro de detención comenzó a explotar por secciones completas. Concreto cayendo. Columnas rompiéndose, fuego atravesando corredores, mientras la estructura completa colapsaba sobre sí misma.
Anthony fijó inmediatamente la mirada sobre las piernas del antagonista y disparó dos veces. Precisas. Secas. Ambas muslos. The Pop Killer cayó violentamente al suelo rugiendo de dolor.
El detonador escapó nuevamente de sus manos. Patrick intentó incorporarse entre humo y polvo. Anthony llegó hasta él y prácticamente lo levantó a la fuerza.
—¡MUÉVETE!
Entre ambos comenzaron a arrastrar al pesado cuerpo del antagonista mientras nuevas explosiones destruían sectores completos detrás de ellos.
Entonces Anthony vio una antigua compuerta metálica. Blindada. Tipo bóveda y entendió inmediatamente algo crucial: The Pop Killer no había colocado explosivos ahí debido a que planeaba usarla como ruta de escape si todo salía acorde sus planes.
—¡AHÍ! ¡RÁPIDO LÖWENTHAL!
Los tres atravesaron la compuerta apenas segundos antes de otra detonación masiva. Patrick cerró violentamente la puerta metálica y entonces el mundo explotó afuera.
El sonido fue monstruoso. Fuego. Concreto. Metal retorciéndose. La estructura completa colapsando parcialmente alrededor de la cámara blindada, quedando todo en oscuridad, polvo, silencio y luego… nada.
Afuera, las diferentes agencias observaban horrorizadas cómo enormes secciones del antiguo centro de detención se derrumbaban envueltas en fuego. Algunos creyeron inmediatamente que nadie había sobrevivido.
Patrick Löwenthal. Anthony Martínez y The Pop Killer. Todos desaparecidos dentro de la explosión. Las radios permanecieron mudas varios segundos.
Demasiados segundos. Hasta que finalmente…una voz emergió entre estática. Débil. Agotada. Pero viva.
—Aquí… Martínez…
La tensión afuera se rompió instantáneamente. Anthony respiró con dificultad dentro de la cámara metálica. Patrick seguía vivo y frente a ellos…gravemente herido entre humo y oscuridad… The Pop Killer todavía respiraba.
Horas después del rescate, mientras el antiguo centro de detención seguía ardiendo parcialmente bajo control federal, una unidad gubernamental no identificada llegó al perímetro.
Vehículos negros. Sin insignias. Sin identificación visible. Sin interacción con prensa ni con mandos tácticos convencionales.
Simplemente ingresaron. Hablaron brevemente con altos funcionarios federales. Y se llevaron a The Pop Killer. Nadie hizo preguntas. O al menos…nadie con suficiente rango para obtener respuestas reales.
Días después, el gobierno federal organizó una rueda de prensa nacional. Las cámaras de todo el país transmitieron el evento. El Secretario de Seguridad Nacional confirmó oficialmente:
Sabotajes coordinados, terrorismo interno, manipulación tecnológica, infiltración operativa y el ataque final contra el antiguo centro de detención. La versión oficial concluyó que: “El responsable principal murió abatido previo a las explosiones ocurridas durante la operación federal.”
El nombre “The Pop Killer” jamás fue mencionado públicamente, así como tampoco se divulgó la identidad real del atacante, pero el país entero sabía exactamente de quién hablaban.
Los Agentes Especiales Dominic Anthony Martínez Caine y Patrick Löwenthal fueron reconocidos públicamente por: valentía, liderazgo operativo y participación decisiva en la resolución de la crisis federal más compleja en décadas.
Fotografías. Condecoraciones. Preguntas de prensa. Declaraciones cuidadosamente controladas y aún así, ambos sabían perfectamente que gran parte de la verdad jamás sería contada.
Semanas después, Anthony finalmente se recuperaba parcialmente de sus heridas. Costillas fisuradas. Golpes internos. Puntos de sutura. Dolor persistente en el hombro. Pero vivo. Definitivamente vivo.
Aquella tarde descansaba en el pequeño departamento donde se alojaba temporalmente y apenas había recibido atenciones médicas de una enfermera. De repente, alguien tocó la puerta: Patrick Löwenthal.
Anthony sonrió apenas al abrir.
—¡Detective Löwenthal!
—¿llegué en mal momento? Espero no interrumpir
—¡Para nada! Mi enfermera ya se retiraba. Dice que estaré en óptimas condiciones en un par de semanas
Patrick observó inmediatamente el estado físico de su compañero.
—¡Sigues pareciendo atropellado por un tanque!
Anthony soltó una risa cansada.
—¡Me siento mejor, Detective Löwenthal!
—Bueno, entonces me sentaré aquí. Procederé a levantar ligeramente esta carpeta y quizás esto probablemente mejorará aún más tu ánimo.
—¡Gracias Detective Löwenthal!
—¿Podrías ya poner en práctica llamarme Patrick? Somos oficialmente compañeros
—¡Sí, señor!
Ambos se sentaron mientras Patrick abría los documentos.
—Por órdenes superiores…
Anthony arqueó una ceja inmediatamente.
—Eso nunca suena normal…no me diga que nuestro asesino escapó…
Patrick sonrió apenas.
—Ése ya no es nuestro problema. Es un asunto clasificado. La buena nueva, Detective Anthony Martínez, es que ¡recibiremos una compensación económica considerable!
Anthony silbó suavemente.
—¡Vaya!
Patrick continuó:
—Y además…
levantó la mirada
—¡un mes completo de vacaciones pagadas en el lugar que elijamos!
Anthony lo observó sorprendido unos segundos. Luego soltó una carcajada genuina por primera vez en muchísimo tiempo.
—¡Después de todo lo que vivimos…sí que necesito salir de Washington!
Patrick cerró lentamente la carpeta.
—Precisamente por eso vine.
Anthony lo miró confundido. Y entonces Patrick habló con absoluta seriedad:
—Anthony… ¡por fin podré ir a Samaná en tu natal República Dominicana!
Anthony soltó otra risa inmediata.
—¡¿Perdón?!
Patrick continuó completamente serio:
—¡Claro! ¡Así me contarás el origen de tu apellido y primer nombre! Confieso que no indagué esa parte
—Porque lo objeté incluir en mi registro…es realmente una larga historia, Löwenthal…
—¡Bueno ya me contarás! ¡Además deberás llevarme a Cayo Levantado y La Terrenas, obviamente después del pueblo de Samaná!
Anthony lo miró incrédulo. Luego negó lentamente entre risas.
—¡Vaya sí que hizo usted una estratégica investigación Detective Löwenthal!
Patrick acomodó ligeramente la chaqueta.
—Bueno… con un mes y gastos pagados, se pueden hacer muchas cosas Anthony.
Entonces añadió:
—¡Ah! ¡Quiero conocer Punta Cana y Bávaro también!
Anthony abrió los ojos sorprendido.
—¡Jajaja! ¡Hasta yo Patrick! ¡Estoy sorprendido!
Patrick sonrió apenas.
—Bueno, ya me conoces. También podré probar esos famosos eggburgers que decías hacen en La Romana.
Anthony comenzó a reír todavía más fuerte.
—¡No puedo creer esto jajaja!
Patrick continuó como si estuviera exponiendo un operativo táctico:
—Y de paso ir a Altos de Chavón en La Romana, mi querido tirador. De allí, imperativo ir a Bayahibe, que según mi fuente está bastante cerca y es un extraordinario lugar.
Anthony ya prácticamente no podía contener la risa.
—¡Sí señor jajaja!
Patrick finalmente sonrió de verdad. Relajado. Humano. Algo rarísimo en él. Anthony lo señaló divertido.
—¿Cuándo hizo toda esa investigación, Detective Löwenthal?
Patrick respondió con absoluta calma:
—Mientras estabas inconsciente en el hospital, mi hermana menor me ayudó con eso, ya que está de vacaciones en tu país.
-¡¿Hermana?!
-¡Sí, Anthony! Tengo familia. Se llama Crystal Marie Löwenthal y es alguien bastante orientada a la acción. Quizás le llame por vídeo para presentártela, pero no te entusiasmes. Tiene un prometido llamado Mark Harris Bond y creo realmente que son almas gemelas.
-¡Entendido señor! ¡Prometo estar a la altura!
—No te preocupes. Por eso quiero ir a Bayahibe. Allá están quedándose. Ya la conocerás y al séquito que anda con mi cuñado.
Anthony se quedó mirándolo apenas un segundo y ambos terminaron riéndose. En ese instante no como agentes federales o sobrevivientes de una guerra psicológica. Solo como dos hombres agotados que finalmente, después de demasiado tiempo enfrentando oscuridad, habían logrado salir vivos.
Anthony levantó ligeramente una cerveza fría desde la mesa y miró a Patrick todavía riéndose
—Muy bien Patrick: ¡¿Cuándo nos vamos?!
—¡Desde que mejores! ¡Espero que tu recuperación no se ralentice!
Patrick tomó otra. La chocó suavemente contra la de Anthony y por primera vez desde que comenzó toda la pesadilla, ninguno de los dos pensó en el sistema, ni en conspiraciones, ni en muerte, ni en monstruos. Solo en mar, sol y libertad.
La noche continuó avanzando lentamente sobre Washington mientras las voces de ambos se perdían entre risas, cerveza fría y planes absurdamente humanos para un futuro que ninguno creyó vivir lo suficiente para conocer.
En algún lugar, lejos de cámaras, gobiernos y mentiras, la historia de The Pop Killer finalmente llegaba a su fin…
©The Pop Killer, 2026-2025 Marcos Sánchez. Todos los derechos reservados.
![]()

