El enclave turístico que creció más rápido que las instituciones que los regulan.

Por Antonio Corcino

Impulsado por el turismo, la construcción y la migración laboral, el pan atrae a las aves. Verón–Punta Cana pasó de ser una comunidad rural a convertirse en el principal destino turístico de la República Dominicana y el más visitado del Caribe. A una expansión demográfica sin precedentes en el país: en 2012 la población era 43,982 habitantes y en 2022 a 138,919, un incremento del 215.8% en diez años, según el X Censo Nacional de Población y Vivienda 2022. Y que la ocupación de suelo se ampliará de 26.3 km² en 1980 a más de 39 km² en 2022 en casi cinco décadas. Su demarcación avanzó más rápido que la planificación y el ordenamiento urbano.

El turismo es el motor del cambio. En 2025, el enclave turístico de Verón–Punta Cana dispone de una oferta hotelera operativa estimada en 48,900, en más de 100 complejos turísticos en su zona costera, de acuerdo a los informes del Sistema de Inteligencia Turística del Ministerio de Turismo. Por el Aeropuerto Internacional de Punta Cana transitaron más de 11 millones de personas, un aumento interanual del 9.9 % en relación al 2024. Y como establece el Informe Estadístico del Transporte Aerocomercial de la JAC 2025. Por esta terminal recibe alrededor del 53% de las llegadas internacionales a RD. La columna nacional del turismo.

Los indicadores que se relatan cada año de su desarrollo son inversamente proporcionales a la gestión del territorio. Desde su elevación de paraje a distrito municipal en 2006, Verón–Punta Cana inició una expansión territorial acelerada. Ese dinamismo superó la capacidad de respuesta del Gobierno central, del gobierno local e incluso del sector privado para dotar al territorio de servicios básicos. Corren en paralelo su progresión y la demanda de las infraestructuras urbanas.

Cómo responsabilizar a los residentes por la arrabalización y de la demanda de servicios básicos o de los problemas de movilidad (transporte, tránsito terrestre y seguridad vial) es confundir los efectos con las causas. Su desafío es revertir lo que hoy padecemos como consecuencia de este modelo de desarrollo que desbordó la capacidad institucional del territorio.

El crecimiento no convierte a los residentes en culpables

Reiterar que la responsabilidad es de sus munícipes o sus residentes como causantes de los males urbanos; es el equivalente a culpar al pasajero por el estado de la carretera. Los primeros pobladores y los actuales habitantes participaron en el diseño del modelo turístico ni aprobaron los proyectos inmobiliarios. La transformación territorial, más bien, respondió a decisiones públicas y privadas que superaron la capacidad administrativa del crecimiento.

Una ciudad que llegó antes que sus servicios

Mientras la población aumentaba en más de un 215.8%, como establece la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), en apenas una década. La evolución del territorio lo hacía de la misma forma, fruto de la apertura de nuevas instalaciones hoteleras, residenciales y comercios. Como ocurrió cuando se amplía una casa sin reforzar sus cimientos, en la medida en que iban pasando los años, la estructura comenzó a mostrar fisuras inevitables, nivel de deterioro que ningún plan municipal de ordenamiento territorial puede corregir a corto plazo.

La arrabalización tiene causas estructurales

En el momento en que familias propietarias de terrenos empezaron a abrir residenciales sin ningún criterio urbanístico, atrayendo a compradores de terrenos y viviendas en esos sectores. Entonces era inevitable que llegara la informalidad, que no nació con ellos; lo que sí fue avanzando al mismo ritmo que la oferta y la demanda de suelo, pero sin orden ni regulación. Un resultado que no se muestra en ninguna de las estadísticas socioeconómicas sobre el sector turístico; hoy es una comunidad receptora que creció por acumulación y no por diseño.

La riqueza no siempre llega a quienes la producen

Miles de trabajadores sostienen diariamente la industria turística mediante la construcción, la hotelería, el comercio y los servicios. Sin embargo, aportar mano de obra no significa decidir sobre salarios, transporte, vivienda o inversiones públicas. El destino genera porcentajes altos en divisas y en ingresos al PIB del país; sin embargo, muchos de sus habitantes continúan enfrentando carencias propias del territorio con escasa inversión social.

El turismo también debe regenerar comunidades

El éxito turístico no puede medirse únicamente por habitaciones ocupadas o pasajeros recibidos. El equilibrio es lo que sostiene un destino sostenible. Todo logro destacable en sostenibilidad que no se plasme en una mejora visible en la calidad de vida de la comunidad local o su mano de obra es desigual. Así como un árbol necesita raíces sanas para producir frutos, es de esa misma forma; el turismo y necesariamente sus habitantes tienen que tener acceso a agua de calidad, educación, movilidad, recreación y oportunidades de desarrollo verificable.

La responsabilidad es compartida

Por un bien mayor, el Gobierno central, las autoridades locales, los desarrolladores inmobiliarios, empresas turísticas y otra representación social tienen la responsabilidad de transformar este crecimiento económico en desarrollo urbano. Ya sea simulacro o simulación, a partir de julio, Verón-Punta Cana dispone de su Plan Municipal de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos. Como lo más próximo a un consenso social, un punto de partida para cambiar el escenario actual; el reto es hacerlo con el concurso de todos. Es un instrumento técnico guía para torear los efectos de esta realidad mientras nos movemos hacia la sostenibilidad del destino.

Del crecimiento al desarrollo

Hoy la verdadera hazaña es transformar la prosperidad turística e inmobiliaria en bienestar colectivo. Verón–Punta Cana está en una encrucijada: Solo seguir creciendo o hacerlo con calidad. Constituirse en un referente de crecimiento integral en el Caribe. Y contrario a lo que se señala en el distrito, los males sociales no son secuelas de sus munícipes o residentes, sino producto de la expansión económica que se mueve con mayor celeridad que los parámetros de ordenamiento territorial.

Como vemos, el tren del crecimiento llegó antes que la estación del desarrollo territorial. Ahora corresponde sincronizar infraestructura, servicios y calidad de vida para que el logro turístico también se traduzca en bienestar colectivo.

Loading