El Estadio Quisqueya, infraestructura deportiva y nuevas posibilidades

 

Por Marcos José Núñez

República Dominicana como pequeño país de una zona insular periférica del continente americano como es el Caribe, ha estado teniendo un crecimiento constante, directo y sostenido en los deportes internacionalmente hablando, sobre todo a partir del último tercio del siglo XX y hasta el día de hoy.

Como todos saben, el principal deporte en nuestro país es el béisbol, desde que en las dos últimas décadas del siglo XIX, unos ciudadanos cubanos trajeron al país ese pasatiempo, el cual se ha convertido en motivo de orgullo con la destacada participación en diferentes circuitos de beisbolistas dominicanos de gran renombre.

Desde el debut en las Grandes Ligas de Béisbol norteamericano de viejas glorias del béisbol como Osvaldo Virgil, los hermanos Alou, Juan Marichal, Stanley Javier, Rico Carty, pasando por Mario Melvin Soto, Tony Peña, George Bell, Alfredo Griffin, Tony Fernández, hasta llegar a la era de Sammy Sosa, Pedro Martinez, Manny Ramírez, Alex Rodríguez y Alberto Pujols, dominicana está demostrando ser una cantera casi inagotable de talento en el deporte del guante y la pelota.

En tal sentido, durante los últimos veinticinco o treinta años, se ha estado debatiendo seriamente en la sociedad dominicana, la posibilidad de hacer un profundo remozamiento del capitalino Estadio Quisqueya-Juan Marichal, el primero de su tipo en el país y el más antiguo, de cara a convertirlo en una infraestructura deportiva acorde a los nuevos tiempos.

El Estadio Quisqueya-Juan Marichal inaugurado un domingo 23 de octubre de 1955, como parte de las obras de conmemoración fastuosa de los veinticinco años de la era del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, en su momento, fue de los estadios más modernos y mejor diseñados en la región caribeña pero hoy, resulta inconveniente para la celebración confortable de juegos de alta competición internacional.

Inicialmente construido para sustituir en el uso al viejo y reducido Estadio de “La Normal” ubicado en la zona norte de la ciudad, el “Coloso del Ensanche La Fé”, como también se le conoce al Estadio Quisqueya-Juan Marichal, poseía originalmente un aforo para unos 12 mil espectadores que con algunas ampliaciones que se le ha hecho con el discurrir de los años, su capacidad está actualmente en unos 14 mil asientos.

En la región del Caribe, tanto el Estadio Hiram Bithorn de San Juan, Puerto Rico con capacidad para unas 18 mil personas, como el Estadio Monumental de Caracas Simón Bolívar con espacio para 40 mil visitantes, superan al Quisqueya-Juan Marichal e incluso en un país tan empobrecido como Cuba, en su histórica capital, La Habana, se encuentra el Estadio Latinoamericano o “Coloso del Cerro” como también le llaman, que siendo más antiguo, es más grande que el nuestro, al haber pasado por importantes y extensivos remozamientos cada equis cantidad de años, poseyendo capacidad de albergar más de 55 mil fanáticos en los actuales momentos.

¿Cómo es posible que teniendo República Dominicana cinco beisbolistas en el Salón de la Fama del béisbol en Cooperstown (lo que no tiene Cuba, ni Venezuela), todavía estamos “atrás del último” como se dice en el lenguaje callejero, respecto de tener un estadio en condiciones óptimas para el nivel que demanda un país que es a todas luces, la segunda o tercera potencia beisbolistica del mundo?

Cronistas deportivos, líderes sociales, beisbolistas profesionales, dirigentes deportivos y personalidades influyentes, han estado abogando con cierta insistencia de que debemos dar pasos en concretos para poder montar en el país, no solo juegos de exhibición de equipos del béisbol de las grandes ligas, sino juegos calendario u oficiales de temporada y también, poder lograr la ambientación adecuada para el montaje de torneos globales, como el Clásico Mundial del Béisbol.

En tal sentido, hay dos puntos de vista encontrados: unos que proponen la demolición total del Estadio Quisqueya-Juan Marichal, con miras a construir uno completamente nuevo en el mismo terreno y otros que quizás son los menos, quienes proponen una remodelación casi total del Quisqueya, preservando una parte importante de la vieja estructura de manera simbólica. Cabe destacar que si se produce la demolición de la vieja estructura y no obstante las técnicas modernas de construcción acelerada, se podría entorpecer un poco la organización de los torneos locales de béisbol, mientras dure todo el proceso de ingeniería de obras.

Nuestra propuesta en cambio, va en una dirección integradora y renovadora, tomando en cuenta la realidad nacional y un criterio necesario de descentralización: construir un nuevo estadio de béisbol con todas las exigencias estándar, tanto para Grandes Ligas de Béisbol, como para otros torneos internacionales, en terrenos vírgenes que podrían ubicarse en la provincia Santo Domingo, tanto en el municipio de Santo Domingo Norte o en Santo Domingo Este.

La provincia de Santo Domingo es con diferencia, la más poblada del país y merece tener un estadio acorde con la demografía que posee. El nuevo estadio provinciano o “Estadio Metropolitano de Santo Domingo”, que podría tener una capacidad de asientos ligeramente mayor a la que tiene actualmente el Quisqueya-Juan Marichal, sería construido por el Estado Dominicano y una vez terminado, los equipos que representan la capital en el torneo otoño-invernal, como son Tigres del Licey y Leones del Escogido, se trasladarían allí a efectuar los torneos de invierno, en tanto se haga una reconstrucción extensiva, progresiva y cuidadosa del Estadio Quisqueya-Juan Marichal que podría tomarse algunos años más.

Y así, una vez terminada la reconstrucción del Estadio Quisqueya-Juan Marichal, lógicamente se volvería a jugar en él, pero lográndose en el proceso que proponemos, en vez de tener un solo estadio adecuado para organizar cualquier tipo de torneo de esta clase, obtener dos estadios en el Gran Santo Domingo y sus cinco millones de habitantes, con la posibilidad u opción de asignar un equipo insignia capitalino a cada estadio en vez de compartir ambos uno solo, como ha sido la norma durante muchas décadas.

En ese tenor, tanto al hipotético nuevo estadio en la provincia Santo Domingo, como al estadio capitalino, se podrían agregar las condiciones para que éstos sean techados y así proteger los eventos deportivos de las amenazas del cambio climático, además convertirlos en multipropósito o multifuncionales, esto es, que se pueda no solo jugar béisbol de grandes ligas o cualquier otra competición regional e internacional, sino que se puedan transformar o reconfigurar para que allí se jueguen deportes mundialistas emergentes en el gusto popular de nuestro país como el fútbol soccer, deportes olímpicos, deportes de campo abierto y la celebración satisfactoria de eventos multitudinarios culturales, artísticos y religiosos.

Más adelante, se podrían acondicionar para los mismos fines de banca y pool, el Estadio Cibao en la ciudad de Santiago y el Estadio Tetelo Vargas en San Pedro de Macorís, para de esa manera agregar dos estadios más en las mismas condiciones que los previos y con ello elevar aún más el béisbol que es fuente de riqueza, gloria y prestigio para nuestro país.

El Estadio Quisqueya-Juan Marichal, así como el antiguo Estadio La Normal, podrían integrarse a un nuevo circuito de instalaciones deportivas que funjan como monumentos para un posible turismo deportivo. Hay un par de ejemplos de durabilidad en ese sentido, como es el Estadio Wrigley Field en Chicago y el Fenway Park en la ciudad de Boston que sobrepasan cada uno los cien años desde su inauguración. En octubre del año 2055, nuestro Estadio Quisqueya-Juan Marichal podría alcanzar la centuria de su existencia y en nuestro país, podemos emular positivamente la preservación de ese tipo de infraestructura.

Debemos ir creando conciencia como país para tener las condiciones más amplias para una fuerte, apropiada y diversa infraestructura deportiva, no solo para jugar el béisbol -nuestro deporte rey-, sino con miras a poder celebrar en el país dentro de algunas décadas en el futuro, unos Juegos Olímpicos por todo lo alto, primero, por ser nuestra isla desde donde se inició el descubrimiento y la colonización del resto de Latinoamérica y segundo, porque hemos demostrado tener talento humano de primer nivel en otros deportes como el basquetbol, atletismo, boxeo, artes marciales, entre otros. Ya es hora de pensar a lo grande y en la línea correcta de insertarnos en las tendencias deportivas de clase mundial.

Loading