Por Lester Mckenzie
Como cambian los tiempos, cuan diferente es el mundo en un buen porcentaje de los casos y el carnaval vegano no escapa a ello.
El pasado domingo estuve por La Vega, la de nuestros recuerdos, disfrutando de un domingo de carnaval y entre abrazos, saludos, sonrisas y anécdotas mientras compartía en el carnavalito de Marcos la Boa en la tradicional esquina de las calles Juan Bosch con Sánchez, frente al edificio en cuyo segundo nivel estaba el Casino Central Incorporado recordaba que al llegar febrero, décadas ’60 y ’70, un grupo de amigos, como lo hacían otros, nos disfrazábamos en un mismo lugar a eso de las 3:30 de la tarde de cada domingo para disfrutar dando vejigazos a diestra y siniestra por las calles del pueblo y alrededor del parque Duarte pues estaba prohibido subir al mismo.
Nuestro “grupo” lo conformaban: Carlitos y José Gómez, Luis Guillermo Sánchez, Cristian Rodríguez, Chelo Coronado, Alexis Concepción, Luis Séptimo Gómez (EPD) y quien escribe Carlos Lester McKenzie. Cuando los integrantes del grupo se disfrazaba lo hacía en la casa de uno de los miembros del mismo (la palabra “cueva” no existía) y en nuestro caso lo hacíamos en la casa de don Juan Rodríguez, abuelo de Cristian, en la calle Padre Adolfo en la cuadra comprendida entre las calles Padre Billini y Juana Dolores Gómez que nos quedaba a cuadra y media del parque. Otro lugar usado para disfrazarse era el Cuartel de Bomberos, así como también la casa del maestro Felipe Abreu quien fabricaba las caretas.
Las vejigas de vaca (no se usaban tubos de goma como ahora) se preparaban entrando una dentro de otra embarrándolas con ceniza para apaciguar el olor y podían ser 5, 6, 7 vejigas, lo que el “macarao” decidiese, al igual que ahora, creo. Los disfraces eran confeccionados de manera individual y no había siquiera dos iguales.
Entre los sastres que se dedicaban a ello estaban Los Mellizos, el maestro Juan de Jesús Cornelio en la Independencia (al lado de tienda La California), Freddy Domínguez en la Padre Adolfo (vive en NY), Baban, músico de la Banda Municipal, frente a la casa del Dr. Amado Jiménez en la Manuel U. Gómez y el maestro Ubiñas en la Padre Adolfo esq. Padre Billini.
La tela usada (charmeuse) se adquiría en tienda La Vegana de Rodolfo Ceballos, La California de Chichi Ramírez, la de los Berrido, la de Nano Grullón, la de Lolo Núñez, La Favorita de los Moya, la siempre recordada Casa Amarilla de Aridio Batista y la Casa Azul de Euclides Batista.
Los tenis (criollos) en la tienda Mi Patria de Rubén Gonell en la Padre Adolfo, Calzados La Preferida de Freddy Simón Viloria en la Independencia, hoy Juan Bosch, al igual que en Calzados Villa de Manolito Aude y la tienda de la familia Durán en la Manuel U. Gómez esq. Independencia, entre otras.
Los cascabeles recuerdo se compraban donde Ramiro Lora en el Palacio de Don Zoilo, doña Tigüin, en la Ing. García esq. Juan Rodríguez y la Fantasía de doña Chea Brito en la calle Independencia (hoy Juan Bosch) casi esq. Srtas. Villa.
La última vez que me disfrace, 1973, solicite a Felipe me hiciese cuatro caretas, dos rojas y dos verdes, pues la galacha de mi disfraz era roja de un lado y verde del otro, el pantalón era rojo y la camisa amarilla.
Las razón de las 4 caretas era para usar dos dependiendo del color que usara en la galacha y guardar las otras dos para el recuerdo, las cuales muestro a través de las fotos anexas las que he conservado como nuevas pues no se han usado nunca y se mantienen con la pintura original.
Me costaron la friolera de RD$1.00 oro cada una. También se disfrutaba de las comparsas recreando el mundo indígena así como del recordado grupo que bailaba La Cinta, además de uno que otro personaje pintoresco del pueblo. Al sonar la sirena de las cinco de la tarde y bajo la frase “Hora de cena” el Parque Duarte se convertía en una verdadera locura, vejigazos hasta mas no poder y se agregaba otro elemento:
Los famosos cayayos, una vejiguita de trapo que se rellenaba con cualquier cosa y había quienes los sumergían en cera derretida para hacerlos mas duros. El grupo que se dedicaba a ello estaba encabezado por Jose Paulino (El Zurdo Cohete), Gregorio Burgos (La Muerte) y Alejandro Abreu (Mitá).
Tiempo después aparecieron los cartones y más luego los bagazos de naranja con los que se escenificaba una especie de guerra y uno de los objetivos era lanzarlos a quienes estaban en los balcones del Casino. Esa actividad de domingo por la tarde durante todo el mes de Febrero era para el disfrute de quienes vivíamos en La Vega, pero hoy, como se puede observar, nuestro carnaval es completamente diferente y quienes menos lo disfrutan son los veganos. ¡Que pena!
¡Tengan todos un excelente dia y hasta el próximo sábado con la segunda parte!
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