Por Manuel Castilo
El Poder de la Acción Colectiva
Desde los albores de la civilización, la ayuda mutua ha sido un mecanismo de supervivencia. Sin embargo, la transformación de la solidaridad espontánea en un modelo económico y social estructurado capaz de desafiar las lógicas del capitalismo salvaje y el individualismo tiene una historia fascinante de resistencia, pragmatismo y visión de futuro.
Para la Revista SEA, desglosamos el viaje del cooperativismo desde las cenizas de la Revolución Industrial inglesa hasta su florecimiento en la República Dominicana, analizando a sus grandes propulsores y los argumentos que utilizaron para transformar la realidad social de nuestra nación.
El Origen Global: De la Crisis Industrial a los Pioneros de Rochdale
Aunque existieron experiencias asociativas previas (como los gremios medievales o los «Socios de la Iniquidad» en Escocia), el cooperativismo moderno nació formalmente a mediados del siglo XIX en el corazón de la Revolución Industrial.
El Contexto: La Deshumanización del Trabajo
Hacia 1840, las fábricas textiles de Inglaterra devoraban la salud de los obreros. Salarios de miseria, jornadas de 16 horas, desempleo tecnológico por las máquinas y mercados locales que vendían alimentos adulterados y a precios abusivos sumieron a la clase trabajadora en la indigencia.
El Hito: Los Pioneros de Rochdale (1844)
El 21 de diciembre de 1844, en un pequeño pueblo llamado Rochdale (cerca de Mánchester), un grupo de 28 tejedores e intelectuales desempleados se unieron para fundar la Rochdale Equitable Pioneers Society (Sociedad de los Pioneros Equitativos de Rochdale).
Tras meses de ahorrar unos pocos peniques, abrieron un pequeño almacén en la calle *Toad Lane*. Su inventario inicial era ridículo: harina, avena, azúcar, mantequilla y unas pocas velas. Sin embargo, lo revolucionario no fue lo que vendían, sino cómo lo vendían. Crearon los Estatutos de Rochdale, que dieron origen a los principios cooperativos universales:
Control democrático (un miembro, un voto; no un voto por acción).
•Puertas abiertas (admisión libre sin importar religión o política).
•Reparto equitativo de los excedentes en proporción a las compras.
•Educación continua para sus miembros.
A partir de este éxito, el modelo se expandió por Europa occidental: en Alemania nació el cooperativismo de crédito agrícola con Friedrich Wilhelm Raiffeisen, y en Francia florecieron las cooperativas de producción y trabajo.
La llegada del cooperativismo a la República Dominicana
El nacimiento del cooperativismo dominicano no fue un proceso idílico; surgió como una respuesta directa a la opresión política, la pobreza rural y la falta de inclusión financiera durante una de las épocas más oscuras del país: la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
Los Primeros Intentos (Años 30 y 40)
Antes de la llegada del modelo formal, existían prácticas ancestrales de economía asociativa en los campos dominicanos, como el convite (ayuda mutua para la siembra y la cosecha) y el San (sistema de ahorro informal).
El primer intento legislativo de institucionalización ocurrió en 1946 con la promulgación de la Ley No. 1268 sobre Sociedades Cooperativas, promovida por el Poder Ejecutivo de la época como un lavado de cara internacional del régimen. Sin embargo, bajo una dictadura que monopolizaba la economía y desconfiaba de cualquier reunión social descontrolada, el movimiento no pudo prosperar de manera autónoma.
Los grandes propulsores en República Dominicana
El verdadero motor del cooperativismo dominicano tuvo un carácter religioso, social y educativo. Llegó de la mano de misioneros extranjeros que vieron en la asociatividad la única vía para liberar al campesinado del yugo de la miseria y de los usureros locales («garroteros»).
Los Sacerdotes de la Orden Scarboro
Los canadienses de la Orden Misionera Scarboro fueron los arquitectos del cooperativismo nacional. Al ser enviados a la empobrecida región del Cibao y el Este del país, comprendieron que la evangelización debía ir acompañada de la promoción humana y económica.
Padre John Harvey Steele (conocido como el Padre Pablo Steele): Es considerado, con justa razón, el Padre del Cooperativismo Dominicano. Con una energía inagotable y un profundo conocimiento técnico del modelo canadiense de Antigonish* (un método que unía la educación de adultos con las cooperativas), Steele recorrió los pueblos organizando a las comunidades.
Padre Alphonse Chafe: Junto a Steele, fundó la primera cooperativa de ahorros y crédito formal del país en Manzanillo (Montecristi) en 1946, compuesta por obreros de la Grenada Company (subsidiaria de la United Fruit Company). Unos meses más tarde, fundaron la emblemática Cooperativa San José en las sierras de San José de las Matas (Sajoma).
Los Líderes Locales y la consolidación
Con el paso del tiempo, líderes laicos y sacerdotes dominicanos asumieron el relevo. Tras la caída de la dictadura en 1961, el movimiento explotó en crecimiento. En 1963, bajo el gobierno de Juan Bosch, se promulgó la Ley 31-63, la cual creó el Instituto de Desarrollo y Crédito Cooperativo (IDECOOP), otorgándole al sector el respaldo estatal y jurídico definitivo para su regulación y fomento.
¿Qué Alegaron los Propulsores para Vender su Propuesta? (La Retórica de la Cooperación)
Para convencer a un campesinado analfabeto, temeroso de la represión política y acostumbrado a la resignación, el Padre Steele y los misioneros tuvieron que estructurar una propuesta sumamente persuasiva. Sus argumentos se basaron en tres pilares fundamentales:
A. «La Autoliberación Financiera» (El fin del Garrotero)
El argumento: En los años 40 y 50, el campesino dominicano no tenía acceso a los bancos comerciales. Si necesitaba dinero para semillas o por una emergencia médica, debía acudir al usurero local, quien cobraba tasas de interés de hasta el 20\% mensual, confiscando tierras y cosechas ante el impago.
La propuesta: Los propulsores explicaban que el dinero del pueblo debía servir al pueblo. «Si unimos nuestros centavos, creamos nuestro propio banco», argumentaban. Demostraron que la cooperativa no buscaba el lucro, sino el servicio, prestando a tasas justas y devolviendo las ganancias (excedentes) a los mismos socios.
B. «La Dignidad Humana y el Valor del Individuo»
El argumento: Frente al individualismo que debilitaba a las comunidades y las hacía vulnerables, los propulsores apelaron al valor de la persona por encima del capital.
La propuesta: En las asambleas cooperativas ricas o pobres, todos tenían el mismo peso. El eslogan implícito era: *»En la cooperativa no vale el dinero que tienes, vale la persona que eres»*. Esto devolvió la autoestima y el sentido de ciudadanía a miles de dominicanos marginados.
C. «Educación antes que Dinero»
El argumento: Los propulsores alegaban que regalar dinero o recursos no sacaba a la gente de la pobreza; solo creaba dependencia.
La propuesta:: El modelo Scarboro exigía que, antes de depositar el primer centavo, el grupo debía pasar por meses de círculos de estudio semanales. Se enseñaba a leer, a llevar contabilidad básica y a debatir de forma democrática. El alegato era claro: *»La educación es el cimiento; la cooperativa es el edificio»*.
El Legado que Inspira a la SEA
Hoy en día, el cooperativismo en la República Dominicana moviliza a millones de socios y representa una fuerza macroeconómica innegable, con instituciones que gestionan activos multimillonarios e impactan directamente en la reducción de la pobreza.
Desde la Secretaría de Economía Asociativa (SEA), el análisis de esta historia no es mero ejercicio de nostalgia. Nos recuerda que las herramientas de la economía social la asociatividad, la sostenibilidad y la gobernanza democrática siguen siendo las respuestas más efectivas y humanas ante los desafíos de la desigualdad y la exclusión en el siglo
La semilla que sembraron los
tejedores de Rochdale y que regó el Padre Steele en los campos dominicanos sigue viva en cada comunidad que decide unirse para progresar junta.
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