Por Miguel Ángel Cid Cid
cidbelie29@gmail.com
Nada más trágico que ignorar al otro. Personas y agrupaciones deberían ser tratados con respeto. Conviene hacer del respeto al otro una costumbre. En la actividad política es urgente, antes que al divisar su valor sea demasiado tarde.
Esta columna lo dijo hace poco más de un año: “Cuando un líder político comienza a actuar con soberbia el fin de su imperio está cerca”. Y dejar de darle atención a los que te rodean es —sin dudas— una de soberana insolencia.
Los dominicanos no son los únicos. Los políticos —en su mayoría— son presa fácil de la arrogancia. Por cada dosis de poder recibida, se inyectan tres de altanería.
Por donde quiera que se exprese una migaja de poder la vanidad campea. Aquí los ejemplos sobran, en allende los mares también.
Lo sucedido con Gianni Infantino, presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) es aleccionador. Infantino, quiso pescar de infantil al convertir el Mundial 2026 en un espectáculo de facturación favorable a Donald Trumps. Ahora está al borde del colapso.
La arrogancia de los argentinos —por otro lado— llevó a la selección albiceleste a ser portadores del odio en medio del Mundial. Pasado el evento se desataron los demonios en su contra. Cargan con la derrota, el acoso del FBI y la deshonra.
La ignorancia de Abelardo De La Espriella, presidente electo de Colombia lo transformó en el sepulturero lúgubre de su popularidad. Sin ser juramentado sufrió su primera derrota vergonzosa.
Los uribistas organizados en el Centro Democrático apoyaron a De La Espriella en la segunda vuelta. Álvaro Uribe, líder del grupo, quiso sumarse a la gestión del gobierno. Pero el presidente electo lo ignoró.
Abelardo olvidó que en el ballotage su triunfo fue pírrico. Alcanzó menos de un uno por ciento de ventaja. Sin embargo, la petulancia lo empujó a creer que no necesitaba ayuda de nadie. Él podía solo.
Cuando llegó el día de elegir los bufetes directivos de la Cámara de Representantes y del Senado, el Pacto Histórico, partido de Gustavo Petro, apoyó al Centro Democrático.
Hacía cerca de 40 años que no se repetía el fenómeno electivo. El partido de gobierno en Colombia —por lo regular— gana siempre la elección de los bufetes del Congreso en su primer año de gestión.
Ahora sucedió lo contrario. El uribismo preside el Congreso colombiano. De La Espriella con su torpeza resucitó a un muerto.
En suelo dominicano —sí de ostentar poder se trata— sucede lo propio. Todavía no han nacido los líderes capaces de ver hacia atrás cuando se sientan en la silla de alfileres. Los inferiores son para ser aplastados.
Hay dos lecciones para nunca olvidarlas. Como sacaron del Poder, primero, al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y segundo, al Partido de la Liberación Dominicana (PLD). En 2004 y en 2020 respectivamente.
El olvido, sin embargo, parece ser la regla en los políticos dominicanos. El PRD, hoy Partido Revolucionario Moderno (PRM) parece trillar el mismo sendero.
Los funcionarios perremeistas del gabinete presidencial son semidioses. Ni tan siquiera a los diputados y senadores de su partido les responden las llamadas.
La soberbia del oficialista PRM llega tan lejos que, hasta se han propuesto eliminar la libertad de expresión y de prensa. Una bandera de la que ellos se aprovecharon en exceso antes de 2020. El abuso y libertinaje de ambos recursos los llevó al gobierno en las elecciones de ese año.
¿Por qué hoy pretenden eliminarla? Porque son petulantes y mal agradecidos.
En suma, los políticos deberían tomar lecciones de humildad. Porque ignorar al otro surte efectos trágicos. Deberían recordar —más cuando se está en el Poder— que el otro es tan humano como el que más.
O, podrían verlo en la dinámica costo-beneficio: mañana el otro puede ser útil. Menos humana, más mercantil, pero es mejor que ignorar al otro.
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