Donald Trump y los centros de datos: lecciones estratégicas para República Dominicana

 

Por José Aquino

La competencia mundial por el liderazgo en inteligencia artificial ya no depende únicamente de desarrollar mejores algoritmos. También exige capacidad de cómputo, energía, conectividad y centros de datos capaces de procesar enormes volúmenes de información. Por ello, estas instalaciones se han convertido en infraestructura estratégica para las principales economías.

La apuesta estadounidense no comenzó con una sola administración. En enero de 2025, el gobierno de Joe Biden impulsó medidas para fortalecer la infraestructura de inteligencia artificial y reconoció que el crecimiento de los centros de datos planteaba importantes desafíos energéticos. La administración de Donald Trump ha profundizado esta visión, aunque con un enfoque regulatorio y energético diferente, vinculando directamente la expansión de centros de datos con el liderazgo tecnológico, la competitividad económica y la seguridad nacional.

En julio de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva destinada a acelerar los permisos federales para grandes proyectos de centros de datos y su infraestructura asociada. La disposición contempla instalaciones con demandas superiores a 100 megavatios dedicadas a entrenamiento, inferencia y otras aplicaciones de inteligencia artificial, e incluye infraestructura energética, semiconductores, redes y almacenamiento.

Esta expansión plantea, sin embargo, una interrogante fundamental: ¿de dónde provendrá la energía necesaria para sostener la revolución de la inteligencia artificial?

La propia administración estadounidense reconoce un aumento extraordinario de la demanda eléctrica provocado, entre otros factores, por los centros de datos de IA. Esto obliga a pensar simultáneamente en generación, transmisión, estabilidad de las redes y costos para los consumidores.

A la electricidad se suma otro desafío: la sostenibilidad. Los grandes centros de datos requieren sistemas de refrigeración eficientes y, dependiendo de la tecnología utilizada, pueden ejercer presión sobre recursos como el agua. La discusión internacional ya no debe limitarse, por tanto, a cuántos centros de datos construir, sino a cómo construirlos de manera sostenible y resiliente.

¿Qué puede aprender República Dominicana?

Nuestro país avanza en su transformación digital. El Decreto 403-2026 estableció el Marco Nacional de Interoperabilidad y Gobernanza de Datos de la Administración Pública, orientado al intercambio seguro, estandarizado y trazable de información entre instituciones gubernamentales.

Este avance abre una discusión estratégica: ¿qué infraestructura necesitaremos para almacenar, procesar y proteger una cantidad cada vez mayor de datos y aplicaciones de inteligencia artificial?

República Dominicana debe anticiparse mediante una estrategia nacional que integre centros de datos, energía confiable, conectividad internacional, ciberseguridad, protección de datos, talento especializado y sostenibilidad ambiental. También debería establecer criterios para que las grandes inversiones digitales contribuyan al desarrollo de nueva capacidad energética sin trasladar desproporcionadamente sus costos al consumidor.

La principal lección de la estrategia estadounidense, reforzada actualmente por Trump, no consiste simplemente en construir más centros de datos. Consiste en comprender que la infraestructura digital forma parte de la seguridad, competitividad y soberanía de una nación.

La inteligencia artificial necesita datos; los datos necesitan infraestructura; y esa infraestructura necesita energía, seguridad y confianza. República Dominicana debe comenzar a planificar hoy esa ecuación estratégica.

 

El autor es Profesor universitario | Especialista en Seguridad y Defensa, Centros de Datos AOS, Protección de Datos y Sistemas de Información.

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