Cabildo abierto y asamblea comunitaria:  dos espacios de participación que no son lo mismo, pero se complementan

 

Por Alex Domínguez
alexdminguez@gmail.com

La participación ciudadana no puede quedarse en un discurso bonito ni en una invitación de ocasión. En la vida municipal, participar significa que la gente tenga espacios reales para expresar sus necesidades, debatir los problemas de su comunidad y ayudar a decidir cuáles obras y proyectos deben ser prioridad. Por eso, la Ley 176-07 reconoce mecanismos como el Cabildo Abierto y las Asambleas Comunitarias, dos figuras que buscan acercar el ayuntamiento a la gente.

Es importante saber que el Cabildo Abierto, conforme al artículo 235 de la Ley 176-07, es una reunión del concejo municipal con los habitantes del municipio o de una de sus divisiones territoriales. En ese espacio, los munícipes pueden participar directamente para debatir asuntos de interés comunitario. También las organizaciones sociales del municipio pueden solicitar su celebración, lo que demuestra que no se trata de una simple reunión interna del ayuntamiento, sino de un mecanismo abierto a la voz ciudadana.

Cabe destacar que el Cabildo Abierto tiene una naturaleza más institucional. Se realiza con la presencia del concejo municipal y, además, la ley establece que el síndico o la síndica tiene el deber de asistir a todos los cabildos abiertos que se convoquen, pudiendo hacerse representar por el vice síndico o vice síndica, o por un funcionario. Esto le da al Cabildo Abierto un peso político y administrativo importante, porque conecta directamente a las autoridades municipales con las inquietudes de la población.

La Asamblea Comunitaria, por su parte, aparece en el artículo 240 de la Ley 176-07 y tiene un sentido más territorial y cercano. La ley manda que se realicen asambleas comunitarias en todos los parajes y sectores del municipio. Si una comunidad tiene pocos pobladores, se puede unir a la más cercana para celebrar la asamblea. Esto permite que la participación no se concentre solo en el centro urbano, sino que llegue también a los barrios, campos, secciones y comunidades más pequeñas.

La diferencia principal es que el Cabildo Abierto es un espacio de debate con el concejo municipal, mientras que la Asamblea Comunitaria es un espacio de consulta desde la base social del territorio. En el Cabildo Abierto la comunidad dialoga frente al órgano municipal, en la Asamblea Comunitaria la comunidad identifica, organiza y prioriza sus necesidades desde su propio entorno. Uno mira el municipio desde la institución; la otra lo mira desde el corazón de la comunidad.

Es importante saber que ambos mecanismos se relacionan directamente con la planificación municipal. No son reuniones para hablar por hablar. Son instrumentos para escuchar, ordenar prioridades y construir decisiones con legitimidad. Cuando una comunidad participa, el ayuntamiento tiene más claridad sobre dónde falta una acera, cuál cañada representa peligro, qué camino necesita intervención, qué sector requiere alumbrado o qué obra debe colocarse primero en la agenda municipal.

El artículo 242 aporta otro elemento fundamental, porque establece que el Cabildo Abierto o Asamblea Municipal es el evento que aprueba el Plan de Inversión Municipal. Allí se recogen las necesidades más prioritarias identificadas, así como los proyectos y obras acordadas que deberá ejecutar el ayuntamiento el año próximo. Además, en ese mismo espacio se elige el Comité de Seguimiento y Control Municipal, una pieza clave para que la participación no termine el día de la reunión.

Cabe destacar que el Comité de Seguimiento y Control Municipal fortalece la confianza entre autoridades y ciudadanía. La gente no solo participa para pedir; también participa para vigilar, acompañar y verificar que lo acordado se cumpla. Ese es el verdadero valor de la participación: convertir al munícipe en parte activa del desarrollo local y no en simple espectador de las decisiones públicas.

Cuando el Cabildo Abierto y las Asambleas Comunitarias se aplican correctamente, el municipio gana en transparencia, planificación y gobernabilidad. Las autoridades escuchan mejor, las comunidades se sienten tomadas en cuenta y las obras responden con más precisión a las necesidades reales. Pero cuando estos espacios se realizan solo para cumplir o se ignoran por completo, se debilita la confianza y se abre espacio a la improvisación.

Como cada lunes, desaprender para aprender. El Cabildo Abierto y la Asamblea Comunitaria no son lo mismo, pero se necesitan mutuamente. Uno permite el debate directo con la autoridad municipal; la otra recoge la voz de la comunidad desde su territorio. Juntos, estos mecanismos nos recuerdan que un ayuntamiento fuerte no es el que decide solo, sino el que escucha, planifica con la gente y convierte la participación en resultados para el municipio.

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