Por Pbro. Felipe de Jesús Colón Padilla

El próximo domingo 26 de julio, el pueblo de Moca, celebra un día de heroísmo: la caída y ajusticiamiento del dictador Ulises Heureaux (Lilís). Ese día los mocanos mostraron ante todo el país sensibilidad patriótica y amor eterno por la patria de Juan Pablo Duarte.

Lilís Heureaux nació el 21 de octubre de 1845, en la ciudad de San Felipe de Puerto Plata, hijo natural de Josefa Lebert, una mujer mulata de piel oscura, oriunda de las Islas Vírgenes. Su padre fue José Alejandro D’assas Heureaux Domínguez.

Ejerció la presidencia en dos momentos de la historia republicana: Primera 1882-1884 y la segunda 1887-1899.

¿Qué afecto la caída de Lilís? La mala economía, y una política mal dirigida. En ese entonces el pueblo dominicano se percibía un descontento que se experimentaba de Norte a Sur, de Este a Oeste.

Lilís gastaba muchísimo dinero para mantenerse en el poder: Ejército grande y una policía secreta, realizó obras públicas para quedar bien como la construcción de carreteras, edificios y el ferrocarril. Sobornos a políticos y militares. Para pagar solicitó préstamos a bancos extranjeros, sobre todo ingleses. El país se endeudó brutalmente. El descontento crecía.

En 1893 la deuda ya era de más de 30 millones de pesos oro. Lilís firmó el «Contrato de Londres» en 1890: entregó las aduanas a un banco inglés para que cobrara la deuda. Al final ni así se pudo pagar y el país quedó intervenido económicamente por extranjeros. Decide emitir papel moneda sin respaldo, conocida como “las papeletas de Lilís”.

Esa funesta decisión causó inflación: los precios subieron y el peso dominicano perdió todo su valor. La gente no confiaba en el dinero. Lilís les daba a sus amigos el control de productos clave: tabaco, azúcar, ron. Él mismo tenía negocios y se quedaba con gran parte de las ganancias del Estado. La agricultura estancada.

Aunque el azúcar y el tabaco eran importantes, la inestabilidad y los impuestos altos no dejaban crecer al campo. Muchos productores quebraban.

Las arcas públicas estaban vacías. Para 1899 el país estaba quebrado. Esa crisis económica fue una de las causas principales de su ajusticiamiento. Dejó al país en ruinas.

Surge el grupo de conspiradores liderados por Ramón Cáceres, Horacio Vázquez, Jacobo de Lara, éste último tenía solo 16 años y fue el primero en disparar.

Corría el año de 1899, 26 de julio, y unos disparos mortales segaron la vida de uno de los dictadores más sagaces y sanguinarios del siglo XIX. Lilís, quien gobernó con mano de hierro, no pudo anticipar que en la «Villa Heroica» le esperaba su último día de su existencia.

Después de recibir los disparos se apoyó en un árbol de guázuma hasta morir. “A quien hierro mata a hierro muere”. Algunos intelectuales afirman que, si el dictador no obtempera, vale matar al dictador.

Moca, es llamada: “cuna de héroes y de sepultureros tiranos”. Sus hombres no se rinden, saben responder en los momentos decisivos de la vida política dominicana. Es un pueblo pequeño, pero de corazón magnánimo.

Un pueblo católico, que lleva en su alma a Nuestra Señora del Rosario y al Sagrado Corazón de Jesús. El mocano es: “Seco, sacudío y medío por buen cajón”, los cuales hacen referencia a un hombre serio, honesto y responsable, en fin, un “hombre de pelo en pecho” que “le pesa el ruedo de sus pantalones”.

Por tal motivo el Comité Organizador tendrá un interesante programa para recordar el 127 Aniversario del ajusticiamiento de Ulises Heureaux y el 11no Aniversario del Museo 26 de julio. Recordemos aquel episodio que puso fin a la era de Lilís. “Los pueblos que olvidan su historia están condenados repetirlas”.

A las ocho de la mañana (8:00 a.m.), de este domingo, “Día de los Padres”, se izará la bandera dominicana, luego tedeum en la parroquia Nuestra Señora del Rosario, desfile hacia la Plazoleta 26 de julio y luego el acto oficial. Habrá allí un reconocimiento especial al Dr. Carlos Salcedo.

¡Viva Moca!

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