Por Miguel Ángel Cid Cid
cidbelie29@gmail.com
Es incierto que sea Trump el que inauguró la era de la desfachatez política. La insolencia adquirió categoría imperial. Pero hace añales que el quehacer político dejó de guardar las formas. El senador de Montecristi lo pone en valor.
Que nadie se aventure a acusar de exageración lo dicho en la entrada. No. Es, más bien, la descripción conservadora de los acontecimientos políticos recientes en los predios legislativos.
Podría decirse que la vergüenza en el ejercicio de la política quedó enterrada donde descansan los últimos caudillos tradicionales. Dígase, Joaquin Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez. Estos guiaban los partidos PRSC, PLD y PRD respectivamente.
Recuerde que el sucesor de Joaquin Balaguer en el Poder se jactaba al explicar su irrespeto al tiempo de los demás. Él decía que no llegaba tarde a ninguna actividad, “Lo que sucede es que, las actividades comienzan cuando yo llego”.
El pasaje anterior refiere una de las acciones del líder político que dirigía —en ese momento— las esferas más altas del poder político. Él era el presidente de la República.
Luego, otro mandatario recurrió a ridiculizar los reclamos de la población que lo eligió para presidente. Los ciudadanos aseguraban que el costo de la vida aumentaba todos los días. Que se hacía difícil conseguir empleos o ganarse lo de comer. En buen dominicano decían que la calle estaba dura.
En el contexto descrito el jefe de Estado —respondiendo preguntas de un periodista, dijo: “Si la calle esta dura, entonces que caminen por la acera”.
Frente a las ocurrencias anteriores las carcajadas son expresión común. En boca de los ciudadanos suenan como algo normal, como lenguaje coloquial. Pero en boca de un jefe de Estado son una falta de respeto.
Bernardo Alemán no es presidente constitucional. Pero él es senador de la República por la provincia Montecristi. Y los legisladores están obligados —igual que el ejecutivo— a tratar al soberano con respeto.
¿Por qué la mención del senador Bernardo Alemán cuando se habla de falta de respeto a los ciudadanos?
Porque el ¿honorable? se despachó con una belleza al estilo más ramplón de Donald Trump.
Bernardo Alemán dijo estar dispuesto a secuestrar a cualquier persona que ponga en riesgo el triunfo del PRM en las elecciones de 2028. “Si hay que secuestrar gente, lo hago”.
Lo dicho es una amenaza a la oposición, que se cuiden porque podrían ser secuestrados.
Igual que antes, las risotadas se escucharon en los estudios de televisión. Las críticas no se hicieron esperar.
Que el senador haya dicho semejante barbaridad no es la gran cosa. Tampoco que el legislador esté acostumbrado a actuar fuera de toda norma prudencial.
Lo peor es que, ni el partido oficial, ni el presidente Luis Abinader muestran una preocupación mínima por el comportamiento bárbaro del legislador. Será que otorgan.
Los hechos recientes de violencia cometidos por motoconchos son, sin embargo, una poesía frente a la amenaza de Bernardo Alemán.
Ahora se disculpa. “Que fue una broma”, dice. Pero, que nadie lo coja a chanza, el comportamiento punible de Bernardo Alemán es el nuevo modelo de éxito en el mundo político.
En suma, el historial del senador deseoso de secuestrar opositores es inagotable. Él no representa un espécimen en extinción. Todo lo contrario, es un padrote en desarrollo pleno de sus facultades reproductivas del desparpajo. Es un descarado.
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