Una bofetada a la ética y al ejercicio profesional: Exposición Mediática condena agresión de comunicador a padre en duelo

Jhossan Capell, comunicador y creador de contenido digital oriundo de El Seibo, desató indignación nacional tras protagonizar un violento altercado en el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, donde agredió al padre de una de las víctimas de la tragedia de Jet Set.

Redacción Exposición Mediática, La Romana, R.D.- Lo ocurrido en el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva no admite matices ni relativizaciones: fue un acto de agresión injustificable que vulnera no solo la integridad de una persona, sino también los principios más elementales del ejercicio comunicacional.

El comunicador Jhossan Capell cruzó una línea que ningún profesional de la palabra debería siquiera rozar. En medio de un proceso judicial vinculado al caso de la discoteca Jet Set —una tragedia que marcó profundamente a la sociedad dominicana— decidió responder con violencia física ante un ciudadano que, lejos de ser un antagonista, es una víctima colateral del dolor: un padre que perdió a su hijo.

Una agresión que agrava el dolor social

No se trató de un intercambio acalorado cualquiera. El contexto lo agrava todo:

•El agredido es un adulto mayor.
•Es un doliente directo de una tragedia nacional.
•El hecho ocurrió dentro de un recinto judicial, donde imperan normas claras de conducta.

Golpear a un hombre en esas condiciones no es un “exceso momentáneo”: es una demostración de descontrol incompatible con cualquier estándar profesional, y más aún dentro del ámbito comunicacional, donde la gestión del conflicto y la moderación son pilares básicos.

El rol del comunicador: mediar, no violentar

Desde Exposición Mediática, el posicionamiento debe ser inequívoco: quien ejerce la comunicación no está llamado a exacerbar tensiones, sino a procesarlas, contextualizarlas y, cuando es posible, contribuir a su desescalamiento.

Un comunicador no es un actor impulsivo ni un agente de confrontación física. Es, en esencia:

•un mediador simbólico,
•un canal de información responsable,
•y un referente de conducta pública.

Cuando alguien con visibilidad mediática actúa de forma violenta, no solo compromete su imagen individual: erosiona la credibilidad del oficio entero.

Es necesario establecer una línea clara: Jhossan Capell no representa el comportamiento ni los valores que definen a un verdadero profesional de la comunicación.

El gremio —en su mayoría— se rige por códigos éticos que priorizan: el respeto a la dignidad humana, la prudencia en escenarios sensibles, y el manejo responsable de la palabra, incluso bajo presión. Lo ocurrido es exactamente lo opuesto.

Rechazo categórico al abuso contra adultos mayores

Hay un elemento adicional que agrava el hecho: la condición del agredido. La violencia contra personas mayores no solo es moralmente reprochable, sino socialmente intolerable.

Más aún cuando esa persona: atraviesa un duelo profundo, se encuentra en búsqueda de justicia, y se expresa desde el dolor legítimo de haber perdido un hijo.

Responder a ese dolor con una bofetada es una forma de revictimización que la sociedad no puede normalizar.

Un precedente peligroso

Permitir que este tipo de conductas se diluya en el ciclo mediático sin consecuencias claras sería un error. Casos como este deben marcar precedentes, no por ánimo punitivo desmedido, sino por la necesidad de: reafirmar límites, proteger a las víctimas, y preservar la integridad de los espacios judiciales.

Síntesis

Lo sucedido en Ciudad Nueva no es un incidente menor ni un simple “momento de tensión”. Es un acto que merece rechazo firme, sin ambigüedades.

Desde Exposición Mediática se sostiene una postura clara: la violencia no tiene cabida en el ejercicio de la comunicación, y mucho menos cuando se dirige contra un adulto mayor que carga con el peso irreparable de haber perdido a su hijo.

El país no necesita comunicadores que golpeen. La ideal es contar con profesionales de la comunicación que estén a la altura del dolor que narren.

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