Por Miguel Ángel Cid Cid
cidbelie29@gmail.com

La percepción en política es un arma de doble filo, te ayuda tanto como te destruye. ¿De qué depende? Todo depende de la interpretación que el candidato haga de los datos que aparentan favorables a su proyecto.

La interpretación señalada —por lo general— dará forma y sentido a las estrategias de avance electoral. Por lo anterior, los candidatos deberían desenterrar el por qué recibe apoyo o rechazo en una coyuntura determinada.

Es decir, cuáles son las razones que generan el crecimiento de la candidatura para trazar el tipo de estrategia que requieran las circunstancias. Las opciones pueden ser dos: primera, proyectar acciones para sostener el nivel de apoyo alcanzado.

Mantener —en segundo lugar— un crecimiento dosificado, sin aspavientos. Tratar, en consecuencia, de mantener un incremento que no amenace los contrarios. Que no se sientan avasallados. La cautela evita que los adversarios te vean como un peligro.
Pero hay gente que, por mucho que le adviertan, no se aguantan.

Fernando Mejorado, consultor y estratega electoral mexicano en una conversación virtual me dijo:
— Apreciado Miguel, Leonel Fernández como candidato de su partido está que crece todos los días.
— ¿Qué tú crees? —, preguntó.
— Lo primero es que, tengo dudas de que el crecimiento sea tan constante, pero hay que reconocer que está creciendo—, respondí.

En ese sentido, la pregunta sería: ¿Qué tan sostenible es el crecimiento registrado por el Dr. Fernández Reyna?

Entonces pasé a explicar mi respuesta, le expresé:
— Fernando, cuando tú eres el único candidato en la arena electoral, es lógico que concite mucho apoyo. Porque los electores necesitan tener a quien apoyar. Pero cuando se van definiendo otras propuestas las simpatías partidarias comienzan a mermar. Ese fenómeno también es natural.

Eso que le decía a Mejorado es lo que sucede con el Dr. Leonel Fernández, candidato a presidente de la República por la Fuerza del Pueblo. Él es el único candidato que ahora mismo está seguro.

Los otros dos partidos principales —PRM y PLD— carecen de una propuesta capaz de competir. Están en proceso de definición.

El partido gobernante —Partido Revolucionario Moderno— sus simpatías se dividen entre seis aspirantes a encabezar la propuesta presidencial del partido. Por tanto, desde que el PRM se decida por uno de los seis, el porciento de adeptos al candidato se multiplicará.

El Partido de la Liberación Dominicana, por su lado, divide sus seguidores entre cinco aspirantes. Y todavía pueden surgir otros.
Por lo anterior, es un error medir a Leonel Fernández con cualquiera de los aspirantes del PRM o del PLD.

Lecciones del pasado reciente: Miguel Vargas Maldonado aspiró a ser candidato del PRD en las elecciones del 2012. Superaba el 75% de preferencia. Hipólito Mejía Domínguez, expresidente, lanzó sus aspiraciones y Vargas comenzó a bajar. El día de las primarias Hipólito lo enterró. Perdió la candidatura.

José Enrique Sued, exalcalde de Santiago, contaba, para el 2009 con un 85% para repetir el mandato en 2010. Pero Gilberto Serulle se pasó del PLD al PRD. El cambio lo transformó —en poco tiempo— en un fenómeno imbatible.

En suma, el tres veces presidente de la República debería estar divisando estrategias para explicar los escenarios que se avecinan. Pensar, por ejemplo, en cómo se van a recomponer las fuerzas políticas después de definidos todos los candidatos.

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