Guido Gómez Mazara, reconocido abogado, escritor, profesor universitario y político dominicano. Actualmente se desempeña como presidente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL), cargo que ocupa desde agosto de 2024 tras ser designado por el presidente Luis Abinader mediante el decreto 455-24. Es un alto dirigente del gobernante Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Por: Carlos Díaz

El tablero político interno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) empieza a definir sus fuerzas con miras al relevo presidencial. En este escenario, Guido Gómez Mazara se consolida en las encuestas con una intención de voto que oscila entre el 9% y el 12%. Este porcentaje no es un hecho fortuito; representa un nicho específico de la organización que busca un gerente eficiente, capaz y con criterio de Estado. Es el mismo segmento en el que cohabita e intenta crecer David Collado. Sin embargo, tanto el proyecto de Guido como el de Collado enfrentan hoy el mismo talón de Aquiles: estructuras tímidas y una evidente ausencia de nombres de peso pesado a nivel interno.

Esta realidad contrasta drásticamente con las maquinarias de Carolina Mejía y Wellington Arnaud. Estos últimos exhiben músculos políticos imponentes, respaldados por cientos de alcaldes, regidores, diputados y senadores que garantizan control territorial y movilización masiva.

¿Cómo logra entonces Guido Gómez Mazara mantener a flote su barco y retener ese valioso 12% en medio de un mar dominado por transatlánticos? La respuesta no está en la masa, sino en la calidad estratégica de unos pocos. Tres nombres clave sostienen hoy la competitividad de este proyecto: Domingo Rojas, Darío Liriano y Maximiliano Horacio. Ellos son los verdaderos jinetes que reman contra la corriente interna.

Domingo Rojas se erige como una de las estrellas indiscutibles de este engranaje. En un ecosistema político propenso a la estridencia, Rojas aporta humildad, ecuanimidad y capacidad conciliadora. Su figura le otorga un peso social vital, sobriedad y el equilibrio que necesita un equipo que todavía busca una identidad clara. Su trayectoria impecable, lealtad y solidaridad contrastan con el comportamiento de otros miembros del proyecto que parecen no entender el libreto: el candidato es Guido, no ellos. Mientras algunos buscan eclipsar el sol y la luna con egos desmedidos, Rojas trabaja desde la estrategia fina.

En el plano operativo destaca Darío Liriano, actual asistente de Guido. Liriano ha ejecutado una profilaxis indispensable, eliminando las malas prácticas políticas que antes empañaban ese puesto. Ha construido un entorno accesible, conciliador y correcto. Además de liderar una estructura política sólida en Santo Domingo Norte, Liriano practica una solidaridad real: es de los pocos que, en el argot popular, «se baja de la mula» para apoyar económicamente a las bases que siguen fuera del poder.

El tercer pilar es Maximiliano Horacio, quien realiza un esfuerzo titánico por atraer nuevas figuras y dirigentes al proyecto. Con una visión clara del camino hacia el avance, Horacio logra articular consensos y sumar voluntades que otros, con mejores posiciones públicas, mayores presupuestos y altos rangos, simplemente no pueden conseguir. A pesar de no contar con el espacio que por mérito merece, su empuje mantiene viva la dinámica de crecimiento.

Estos tres dirigentes sostienen la nave. La cruda realidad del proyecto de Guido es que una inmensa mayoría de su entorno carece de lógica política, vive en confrontación interna con otros grupos y sufre de una miopía táctica que les impide ver más allá de la curva.

Guido Gómez Mazara tiene el potencial y las condiciones de competir al más alto nivel. No obstante, si aspira a pasar del 12% al triunfo definitivo, debe identificar con urgencia estas debilidades de su entorno. Necesita empoderar a sus verdaderos activos y construir una estructura sólida capaz de competir de tú a tú contra las poderosas maquinarias de Carolina Mejía y Wellington Arnaud. El tiempo corre, y en política, la lealtad y la estrategia de los buenos jinetes salvan barcos, pero se necesitan ejércitos para ganar la guerra.

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