Por Franklin Amparo
¿Qué significa realmente superarse? ¿Consiste solamente en acumular dinero, propiedades, fama o poder?
La superación es un proceso de crecimiento integral. Implica mejorar intelectual, emocional, ética y espiritualmente. Los bienes materiales pueden formar parte del progreso, pero no demuestran, por sí solos, que una persona se haya superado.
Obtener riquezas mediante acciones inmorales o “negocios pocilgas” no es superación: es acumulación sin dignidad. Tampoco puede considerarse superada una persona que posee mucho, pero carece de educación, cultura general, respeto y sensibilidad humana.
Quien utiliza sus bienes para humillar a los demás (con “MMG” o “STM”) revela pobreza moral. La vulgaridad, el vocabulario ofensivo y el desprecio no se convierten en virtudes porque generen popularidad o dinero.
Uno de los mayores problemas de nuestra sociedad es la confusión entre valores y antivalores. La honestidad se presenta como ingenuidad; la educación, como debilidad, mientras la ostentación, la agresividad y el dinero de procedencia dudosa son celebrados como señales de éxito. Así aparecen quienes se consideran “los verdaderos tígueres” porque creen que engañar, imponerse o enriquecerse sin principios constituye inteligencia.
También debemos ser cuidadosos al presentar como ejemplo a quien ha escalado aprovechándose de la falta de educación y la vulnerabilidad de una población. Alcanzar popularidad no convierte automáticamente a nadie en referente moral.
La verdadera superación se demuestra mediante el conocimiento, la disciplina, la honestidad, la humildad, el respeto y la capacidad de contribuir positivamente a la sociedad. La pobreza no es una virtud ni la riqueza es un pecado; lo importante es cómo se obtiene lo que se posee y qué se hace con ello.
Si consideramos superada a una persona solamente porque tiene dinero o influencia, aunque carezca de principios, debemos revisar nuestros criterios.
Superarse no es subir pisoteando a los demás, sino crecer sin perder la dignidad. Porque quien aumenta sus riquezas, pero disminuye como ser humano, no se ha superado: solamente ha acumulado.
Nota: Santiago Matías sería el símbolo de la muerte de la educación, el arte y la cultura.
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