Miguel David Collado Morales, destacado empresario, comunicador y político dominicano que se desempeña como Ministro de Turismo de la República Dominicana, cargo en el que fue ratificado para continuar impulsando la economía nacional. Pertenece al Partido Revolucionario Moderno (PRM) y es considerado una de las figuras políticas jóvenes con mayor proyección presidencial de cara a los comicios de 2028.
El ministro de Turismo ha construido una de las posiciones políticas más sólidas de cara a las elecciones de 2028. Pero una candidatura presidencial plantea una pregunta mucho más exigente que la de las encuestas: ¿tiene David Collado el liderazgo político, la densidad discursiva y la capacidad de construir una visión de Estado que exige la Presidencia de la República?
Redacción Exposición Mediática.- Hay preguntas políticas que pueden responderse con una encuesta. Hay otras que requieren observar una trayectoria.
David Collado se encuentra, probablemente, ante la segunda.
A estas alturas del ciclo político dominicano, ya no resulta suficiente preguntarse si el ministro de Turismo tiene posibilidades de convertirse en candidato presidencial del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Los números indican que las tiene. Tampoco parece necesario discutir si posee reconocimiento público. Lo posee. Su trayectoria institucional tampoco está en discusión: fue diputado, alcalde del Distrito Nacional y, desde 2020, ministro de Turismo.
La verdadera interrogante es otra, y resulta considerablemente más importante:
¿Está David Collado preparado para pasar de una gestión sectorial exitosa a la conducción integral del Estado dominicano?
La diferencia no es semántica. Es la diferencia entre administrar una política pública y definir el rumbo de una nación.
El dato que cambió la conversación
Las encuestas han convertido a Collado en un actor inevitable de la conversación presidencial de 2028.
Una medición nacional de Gallup República Dominicana publicada en mayo de 2026 lo situó con 61.8 % de preferencia entre los simpatizantes del PRM consultados sobre una eventual candidatura presidencial de esa organización. Carolina Mejía apareció en segundo lugar con 21.1 %.
Otra medición, de ACD Media, publicada en julio, también colocó a Collado en una posición destacada dentro del escenario electoral de 2028.
Los números, por tanto, no permiten tratar su posible candidatura como una especulación marginal.
Pero las encuestas responden fundamentalmente una pregunta: quién gusta más o quién tiene mayores posibilidades en determinado momento.
No responden necesariamente quién posee la mejor concepción del Estado, quién tiene el programa más consistente, quién puede conducir una reforma institucional compleja o quién posee la capacidad política para enfrentar simultáneamente problemas fiscales, educativos, sanitarios, laborales, migratorios, energéticos, ambientales y de seguridad.
Ahí comienza el verdadero examen de Collado.
Una trayectoria que no puede ser ignorada
Sería injusto analizar a David Collado como si se tratara de un recién llegado a la política.
Su carrera comenzó en el Congreso Nacional. Posteriormente ganó la Alcaldía del Distrito Nacional en 2016 y ejerció durante cuatro años una posición que le permitió administrar una de las instituciones públicas más visibles del país.
En 2020 asumió el Ministerio de Turismo, en medio de una de las crisis más severas que ha experimentado la industria turística mundial.
Desde entonces, el turismo dominicano ha registrado cifras históricas. En el primer semestre de 2026, República Dominicana recibió 6,616,671 visitantes, un crecimiento de 7.7 % respecto al mismo período de 2025. Collado proyectó entonces superar los 12 millones de visitantes durante el año.
El Gobierno también ha presentado al turismo como uno de los principales motores de inversión, generación de empleo y actividad económica del país, mientras la gestión de Collado ha estado vinculada a proyectos de infraestructura turística y promoción internacional. Ese resultado constituye un activo político real.
No debería minimizarse porque Collado sea una figura presidencialmente potencial, pero tampoco debería convertirse automáticamente en una conclusión sobre su capacidad para gobernar la República Dominicana.
Porque el país no es un ministerio.
El salto entre gestionar y gobernar
Aquí aparece el primer gran desafío de Collado.
El Ministerio de Turismo posee objetivos relativamente delimitados: aumentar la llegada de visitantes, atraer inversiones, diversificar destinos, promover la marca país, fortalecer infraestructura turística y generar condiciones favorables para el desarrollo del sector.
La Presidencia tiene una naturaleza completamente diferente.
Un presidente debe arbitrar intereses que con frecuencia son contradictorios. Debe decidir cuánto gastar y cuánto recaudar. Qué sectores subsidiar y cuáles abrir a la competencia. Cómo reformar el sistema tributario sin paralizar la economía. Cómo mejorar la educación pública. Cómo reducir la informalidad laboral. Cómo enfrentar el déficit eléctrico. Cómo fortalecer la seguridad ciudadana. Cómo administrar la presión migratoria. Cómo reformar instituciones sin destruir los equilibrios democráticos.
Y, sobre todo, debe explicar al país por qué toma determinadas decisiones.
Por eso la experiencia administrativa de Collado es un argumento a favor de su candidatura, pero no constituye por sí sola una demostración de preparación presidencial.
Es experiencia. La pregunta es qué ha aprendido de ella y hasta dónde puede proyectarla.
El problema de la densidad discursiva
Uno de los aspectos más interesantes de una eventual candidatura de David Collado está precisamente en su comunicación política.
Su discurso público ha demostrado eficacia para comunicar resultados concretos. Visitantes, inversiones, infraestructura, mercados emisores, empleos, crecimiento y expansión turística aparecen recurrentemente en sus intervenciones.
En febrero de 2026, por ejemplo, durante reuniones con representantes de JP Morgan, Bank of America, Standard & Poor’s y American Express, Collado presentó las proyecciones del turismo dominicano y defendió una visión basada en datos, planificación estratégica y confianza internacional.
Ese lenguaje funciona particularmente bien dentro del ámbito de la gestión. Pero una candidatura presidencial exige algo adicional. Exige un relato nacional.
No solamente decir cuánto creció el turismo, sino explicar qué tipo de país se pretende construir. No solamente hablar de inversión, sino explicar cómo se distribuirá territorial y socialmente el crecimiento.
No solamente destacar la llegada de millones de turistas, sino responder qué relación tendrá ese crecimiento con la educación, los salarios, la vivienda, el medioambiente, la infraestructura, la seguridad y la calidad de vida de los dominicanos.
La pregunta, entonces, no es si Collado sabe comunicar. Ha demostrado que sabe hacerlo.
La cuestión es si puede elevar esa comunicación desde el lenguaje de la gestión al lenguaje de la conducción nacional.
¿Existe una visión de Estado?
Este puede ser el punto decisivo de cualquier evaluación seria sobre sus aspiraciones.
Hasta ahora, la imagen pública de Collado está fuertemente asociada a tres conceptos: gestión, resultados y turismo.
Es una identidad política poderosa.
Pero una candidatura presidencial necesita incorporar otros componentes: instituciones, educación, justicia, seguridad, salud, política exterior, energía, infraestructura, productividad, innovación, vivienda, desarrollo territorial, medioambiente y reforma del Estado.
No significa que un candidato tenga que presentar desde ahora un programa de gobierno completo.
Pero sí debería comenzar a responder preguntas que exceden el ámbito ministerial:
• ¿Qué modelo económico quiere para República Dominicana después del ciclo de crecimiento basado en servicios, construcción, remesas y turismo?
• ¿Qué piensa hacer con la informalidad?
• ¿Cómo enfrentaría el deterioro de determinados servicios públicos?
• ¿Cuál sería su política de seguridad?
• ¿Qué papel otorgaría al Estado frente al sector privado?
• ¿Cómo fortalecería la carrera administrativa?
• ¿Qué reformas institucionales considera prioritarias?
• ¿Cómo piensa reducir las desigualdades territoriales?
• ¿Qué República Dominicana quiere encontrar el ciudadano en 2036?
Son preguntas que todavía adquieren especial importancia porque Collado no ha presentado formalmente una candidatura presidencial y precisamente por eso el examen todavía está abierto.
Popularidad no es liderazgo
Esta distinción merece atención. Una persona puede ser popular sin ser líder político.
La popularidad puede surgir de una imagen positiva, una gestión valorada, una exposición mediática eficaz o una percepción de cercanía.
El liderazgo político, en cambio, implica capacidad para construir mayorías, organizar intereses diversos, tomar decisiones difíciles, sostener posiciones bajo presión y convencer a ciudadanos que inicialmente no están de acuerdo.
Las encuestas demuestran que Collado posee capital político. Todavía corresponde determinar cuánto de ese capital puede convertirse en liderazgo nacional.
Su ventaja consiste en que dispone de tiempo para hacerlo. Su desventaja es exactamente la misma: mientras más crece la expectativa presidencial, mayor será el escrutinio sobre lo que realmente representa.
La cuestión de la personalidad
También existe una conversación pública alrededor del estilo personal de Collado.
Algunos sectores perciben seguridad y determinación donde otros pueden interpretar arrogancia o distancia. Otros ven ambición política donde sus partidarios observan disciplina, prudencia y concentración en la gestión.
Una evaluación periodística responsable no debería convertir ninguna de esas percepciones en hechos.
No existe fundamento suficiente para afirmar como hecho que Collado sea arrogante o arribista.
Sí puede afirmarse algo diferente: su estilo personal será inevitablemente sometido a una evaluación mucho más intensa si decide competir por la Presidencia.
La Presidencia requiere una combinación particularmente difícil: autoridad sin autoritarismo, seguridad sin soberbia, ambición sin personalismo y firmeza sin incapacidad para escuchar.
El candidato que aspire a gobernar un país diverso debe demostrar no solamente que puede convencer a quienes ya lo apoyan, sino que puede relacionarse políticamente con quienes discrepan de él.
Ese será uno de los grandes exámenes de Collado.
El desafío de salir del personaje de ministro
Hay otro elemento que probablemente determinará su futuro político.
Collado ha construido una marca personal muy reconocible. Es el funcionario que habla de resultados.
El ministro que presenta cifras. El dirigente que aparece asociado al crecimiento turístico. El administrador que comunica metas.
Esa marca ha sido políticamente eficaz, pero una campaña presidencial obliga a romper parcialmente con ella.
El candidato ya no puede ser solamente David Collado, ministro de Turismo. Tiene que convertirse en David Collado, eventual presidente de todos los dominicanos.
Eso supone incorporar al discurso sectores que no forman parte directamente del turismo: agricultores, trabajadores informales, maestros, médicos, estudiantes, pequeños empresarios, jóvenes sin empleo, comunidades vulnerables, trabajadores industriales, profesionales, pensionados y habitantes de zonas donde el turismo tiene poca presencia.
La candidatura tendrá que demostrar que detrás del gestor existe un proyecto político nacional.
La prueba de la autonomía
También habrá que observar cuidadosamente la relación de Collado con el actual Gobierno.
Su trayectoria dentro del oficialismo lo vincula inevitablemente al proyecto político encabezado por Luis Abinader.
El equipo político de Collado ha hablado de preservar la unidad del PRM, mantener los avances alcanzados desde 2020 y dar continuidad al proyecto de gobierno.
Esa continuidad puede ser una fortaleza electoral. Pero también plantea una pregunta inevitable:
¿Qué cambiaría un eventual gobierno de David Collado respecto al gobierno de Luis Abinader?
Si su propuesta consiste fundamentalmente en continuar lo existente, tendrá que explicar por qué él constituye una etapa nueva.
Si propone cambios importantes, deberá explicar cuáles y por qué. Un candidato presidencial necesita construir simultáneamente continuidad y diferenciación.
Demasiada continuidad puede convertirlo en heredero.
Demasiada diferenciación puede convertirlo en contradictor del propio proyecto político que lo llevó a la candidatura. Ese equilibrio será fundamental.
El verdadero examen comienza ahora
David Collado tiene algo que muchos aspirantes presidenciales tardan años en conseguir: visibilidad nacional, experiencia administrativa, reconocimiento público y una posición competitiva dentro de su partido.
Las encuestas de 2026 confirman que su nombre está instalado en la conversación presidencial, pero justamente por eso el estándar debe subir.
Ya no basta con preguntar si puede ganar. Hay que preguntar si puede gobernar y gobernar República Dominicana exige mucho más que popularidad.
Exige visión, carácter, capacidad de negociación, conocimiento del Estado, una concepción clara de la economía y de las instituciones, comprender que el crecimiento económico no es un fin en sí mismo, sino un instrumento para mejorar la vida de la población.
Exige, además, capacidad para explicar decisiones complejas en un lenguaje que pueda comprender la mayoría.
Hasta ahora, Collado ha demostrado con mayor claridad su capacidad como gestor y comunicador sectorial que su capacidad como arquitecto de una visión nacional. Eso no constituye una condena. Tampoco constituye una absolución.
Es, sencillamente, el punto en el que se encuentra la evaluación y precisamente ahí reside la importancia de 2028.
Porque una candidatura presidencial no debería juzgarse únicamente por cuántas personas quieren votar por un candidato.
También debería juzgarse por qué quiere hacer ese candidato con el poder si consigue esos votos.
La pregunta que queda abierta
David Collado no necesita demostrar que tiene popularidad.
Los números ya ofrecen evidencia de ello.
Tampoco necesita demostrar que conoce la administración pública. Su trayectoria permite sostener razonablemente esa afirmación.
Lo que todavía debe demostrar —si finalmente decide aspirar a la Presidencia— es algo de una naturaleza superior: que detrás del ministro existe un estadista en formación.
Un dirigente capaz de transformar la experiencia acumulada en una visión nacional.
Capaz de pasar de los indicadores de turismo a los indicadores de desarrollo humano.
Capaz de hablar de inversión, pero también de instituciones.
De crecimiento, pero también de distribución de oportunidades.
De competitividad, pero también de educación.
De seguridad jurídica, pero también de justicia.
De turismo, pero también de ciudadanía.
Ese será el verdadero desafío de David Collado.
Porque las elecciones pueden convertir a un político popular en presidente.
Pero solamente la capacidad de gobernar puede convertir a un presidente en estadista.
La pregunta, por tanto, no es si David Collado puede llegar al Palacio Nacional.
La pregunta verdaderamente trascendente es si, llegado el momento, estará preparado para saber qué hacer con el poder.
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